Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
24 LUNES 24 7 2006 ABC Internacional Policías israelíes supervisan una zona afectada por la explosión de un misil Katiusha caído ayer en la ciudad de Acre, en el norte del país REUTERS Luz verde de Israel al despliegue de una fuerza de interposición de la OTAN en el sur del Líbano Olmert ve como interlocutor al jefe del Gobierno de Beirut para hablar de los soldados secuestrados b Las palabras no ahogan el eco de los bombardeos: se suceden los ataques contra Beirut y el sur del Líbano, no cesa la lluvia de Katiusha sobre Haifa y el norte JUAN CIERCO CORRESPONSAL HAIFA. Israel quiere borrar del mapa, al menos del que traza el contorno del sur del Líbano, a Hizbolá. Quiere acabar con sus arsenales, con sus escondites, con sus búnkeres, sus túneles, sus milicianos y con todos y cada uno de sus más destacados líderes, incluidos, y sobre todo, el jeque Hasán Nasralah. Pero ya sabe, también sus políticos, también sus militares, que no será posible acabar del todo, para siempre, sin posibilidad de resurrección, con el llamado Partido de Dios. Entre otras cosas, porque para ello, para evitar que con el tiempo Hizbolá vuelva a rearmarse- -gracias a buen seguro de Irán y de Siria- -para impe- dir que pasado unos meses los cohetes Katiusha caigan de nuevo sobre el norte de Israel, o exista al menos esa amenaza, Tel Aviv tendría que ocupar de modo permanente el sur del Líbano, algo que no pasa ni de forma remota por las mentes militares, políticas y diplomáticas hebreas. Bastante tuvieron ya entre 1982 y 2000 como para repetir la experiencia. Un Ejército demasiado débil Así las cosas, si Hizbolá, por mucha fuerza que se emplee (denunciada por el enviado especial de Naciones Unidas (ONU) a Beirut, Jan Egeland, como una violación inaceptable del derecho humanitario no va a ser borrado del mapa del país del cedro, y si Israel no va a ocupar el sur de ese territorio, una fuerza de interposición internacional podría tener la llave para cerrar la puerta a un nuevo conflicto armado en un futuro más o menos cercano. Una de las razones es que el Ejército libanés es demasiado débil para cumplir su parte de la resolución 1559 de la ONU. Israel, tras negar dicha posibilidad por boca de su jefe de Gobierno, Ehud Olmert, hace sólo unos días, también parece haberlo comprendido. Así se desprende al menos de las declaraciones realizadas ayer por el ministro de Defensa, Amir Peretz, quien dio su luz verde a un despliegue multinacional en el sur del Líbano, con una condición nada baladí: que esa fuerza no fuera de la ONU (existe una en la actualidad, la Finul, que no ha logrado ninguno de los objetivos para la que fue creada en 1978) y que sea en cambio un contingente de la OTAN, se habla de entre 15.000 y 20.000 soldados, el que tome las riendas en dicha región. Su tarea, según Tel Aviv, impedir el control de Hizbolá más abajo del río Litani; lograr el desarme de la guerrilla chií, y evitar la llegada de armamento para el Partido de Dios, con origen en Irán y pasaporte diplomático en Siria. Una pega, sobre todo para aquellos países que podrían formar parte de esa fuerza militar: el imprescindible visto bueno de Hizbolá, que todavía no se ha pronunciado al respecto ni parece vaya a hacerlo de inmediato. Misiles cerca del ministro francés De lo contrario, los soldados extranjeros allí enviados (Alemania y Estados Unidos, por ejemplo, ya se han bajado del carro antes de enganchar los caballos) tendrían que combatir contra los milicianos chiíes, algo que ningún gobierno occidental iba a aceptar para no poner en peligro a sus nacionales. De todo eso, y del posible despliegue de otra fuerza liderada por la Unión Europea entre el Líbano y Siria, hablaron ayer los distintos ministros europeos que se han lanzado a la piscina vacía del frente diplomático en la región. El de Asuntos Exteriores francés, Philippe Douste- Blazy, lo hizo con el susto en el cuerpo de