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ABC LUNES 24 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL PITO DEL SERENO P UN DESAGRAVIO N su artículo Trastornos bipolares publicado ayer en este periódico, Manuel Francisco Reina citaba a Jacques Maritain en un contexto más bien incongruente, achacándole el error de tamizar toda la realidad con el colador estrecho de su fe religiosa Digo incongruente porque, dejando aparte algún desliz cronológico de Reina (Maritain, aunque nacido a finales del siglo XIX, fue pensador del siglo XX y para el siglo XX) el filósofo católico fue, como su compatriota François Mauriac, uno de los pocos intelectuales europeos que supo enjuiciar la Guerra Civil española con ecuanimidad, sin que en modo alguno su declarada fe religiosa actuase como tamiz o colador estrecho de los desmanes que en uno y otro bando se perpetraron. En su artículo, Reina censura a quienes defienden lo indefendible resistiéndose a reprobar la dictadura franquista; pero dicha reprobación no puede completarse, por probidad intelecJUAN MANUEL tual, con una loa de la Segunda RepúDE PRADA blica, que desde luego no fue aquel paraíso democrático que algunos nos pretenden pintar. Para serlo le faltó, de entrada, aquel requisito que Maritain, en su muy recomendable Cristianismo y democracia (1943) considera constitutivo e irrenunciable en cualquier régimen que se postule como democrático: la consecución del bien común. Sobre la hondura de las convicciones democráticas de Maritain nadie que haya leído el citado ensayo podrá dudar. Infatigable enemigo de la dominación nazi en sus emisiones radiofónicas trasatlánticas (la ocupación de Francia lo había pillado en América) participó muy activamente en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos y fue nombrado por su amigo De Gaulle embajador ante la Santa Sede. Antes, durante los años de la Guerra Civil española, ya había dado muestras cumplidas del humanismo cristiano que ilumina su pensamiento, execrando sin ambages las tropelías que se cometían en ambos bandos. E En julio de 1937, por ejemplo, publicaba en la Nouvelle Revue Française un artículo en el que puede leerse: Es un sacrilegio horrible masacrar sacerdotes- -aunque sean fascistas, son ministros de Cristo- -por odio a la religión; y es otro sacrilegio, también horrible, masacrar a los pobres- -aunque sean marxistas, son el pueblo de Cristo- -en nombre de la religión. Es un sacrilegio profanar los lugares santos y el Santo Sacramento, perseguir todo lo que se consagra a Dios, deshonrar y torturar a los religiosos, exhumar cadáveres para exponerlos a la irrisión, como se ha visto en los días tenebrosos que han seguido al estallido de la guerra; y es un sacrilegio fusilar, como en Badajoz, a cientos de hombres para festejar el día de la Asunción, o aniquilar mediante un bombardeo aéreo, como en Guernica, una ciudad entera con sus iglesias y tabernáculos, ametrallando a las pobres gentes que huyen Para Maritain, la Cruz de Jesucristo brilla sobre la agonía de los fusilados De todos los fusilados, sin distinción de bandos. En marzo de 1938, Maritain y Mauriac firman, junto a otros intelectuales franceses de filiación católica, un manifiesto en el que denuncian los bombardeos aéreos masivos sobre centros de población civil Y añaden: Si bastan razones simplemente humanitarias para repudiar tal masacre de no combatientes, esta masacre resulta más repudiable si cabe, puesto que los jefes responsables de las operaciones dicen defender la civilización cristiana El régimen franquista prohibió los libros de Maritain e inició contra él una campaña de calumnias y descalificaciones, tildándolo de antiespañol y judío Pero Maritain, quien tras enviudar tomaría los hábitos y se retiraría en un convento de Toulouse, fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX, un defensor indeclinable de la dignidad del hombre y de la democracia genuina, que consideraba una manifestación en la historia humana de la gracia divina. La verdadera fe religiosa, querido Reina, nunca es un colador estrecho, sino instrumento clarividente para enjuiciar la realidad sin apriorismos ideológicos sectarios. RIMERO Malta, ahora Marruecos. Inmigrantes ilegales devueltos, barcos españoles cargados de parias vagando en alta mar como apestados, rechazados en los puertos de supuestos países amigos. ¿Amigos? Para qué querremos entonces a los enemigos. La última moda es chulear a España. Lógico. Cuando una nación no se respeta a sí misma es difícil que la respeten las demás. Malta, que tiene menos habitantes que Valladolid, ha manejado la crisis del pesquero Francisco y Catalina como si fuese Estados Unidos; ni la desaprensiva Migra norteamericana se pone tan borde ante una pequeña emergencia humanitaria. Igual estaban todavía escocidos por IGNACIO el 12 a 1 del Benito VillaCAMACHO marín. Pero el espectáculo fue patético: la vicepresidenta del Gobierno de una potencia mediana se estrelló ante la rigidez aduanera maltesa en medio de una bochornosa indiferencia europea. Y esos héroes civiles del barquito de Santa Pola recibieron una desagradable, dolorosa lección que afortunadamente no aprenderán en su clarividente generosidad de hombres de la mar: la próxima vez que se encuentren con una balsa a la deriva será mejor que miren para otro lado. Pero cuando a alguien le pierden el respeto, se forma una cola para hacérselo notar. Todavía caliente el episodio maltés, Marruecos le ha pegado un portazo al Esperanza del Mar con noventa náufragos de un cayuco a bordo. Bonito nombre, bonito barco, bonito esfuerzo salvavidas que no ha conmovido la pétrea cerrazón de las autoridades alauitas, cuyo monarca recibirá hoy al Rey de España. Mucha tradicional amistad, mucha buena vecindad, mucha cooperación, pero a la hora de la verdad nos dicen que esos negritos sin patria ni rumbo nos los quedemos en Canarias. Y he ahí a los abnegados servicios de rescate españoles dando tumbos por esos mares sin que el Gobierno encuentre otra respuesta que agachar la cabeza. Natural. Cuando uno se pone pañuelitos palestinos, se da los morros con Evo Morales, aplaza viajes oficiales porque está cansado, bloquea inversiones energéticas alemanas, le hace desplantes a Estados Unidos y deja solo al Papa en un aeropuerto, es poco probable que encuentre amigos influyentes por ahí afuera. Nadie coge un teléfono en Bruselas para decirle a un ministro de Malta (aproximadamente el rango de un concejal de Murcia) que abra la frontera para acoger a un puñado de subsaharianos rescatados por un barco español. ¿No están regularizando a ilegales por cientos de miles, contra el criterio expreso de la UE? Pues que le hagan sitio a otro grupito más. Y el ministro de Malta saca pecho; chulear a España sale barato. O rentable: ya veremos qué pasa cuando toque negociar de nuevo fondos y subvenciones de una Europa a 25. Nos las están dando por todos lados. Nos toman por el pito del sereno, que se decía antiguamente. Ahora, hasta el sereno de la aduana más triste se hace el sordo cuando España da palmadas de auxilio en la noche del silencio europeo. O africano.