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56 Cultura DOMINGO 23 7 2006 ABC ÓPERA Lohengrin Libreto y música: R. Wagner. O. S. del G. T. del Liceo. Dirección: S. Weigle. Dirección de escena: P. Konwitschny. Escenografía y figurines: H. Brade. Iluminación: M. Voss. Coro del Liceo. Dir. J. L. Basso. Lugar: Liceo de Barcelona. Fecha: 21- 07- 06 Y VOLVIÓ EL ESCÁNDALO PABLO MELÉNDEZ- HADDAD L a reposición de este montaje liceísta (que ya se ha convertido en mítico a pesar de ser ésta la primera vez que se repone después de seis años) había generado mucha expectación, especialmente para comprobar cómo ha envejecido una propuesta que en su momento marcó una revolución local. Los abucheos del final, sin duda los más sonoros de la temporada, se vieron acallados por una parte importante del público que defendió al director de escena. Porque a este Lohengrin que firma Peter Konwitschny, le han sentado bien los años: sigue empapado de energía vitalista y continúa contagiando con su transgresión a sus intérpretes y a ese público que decide entrar en el juego. El director alemán deja claros su desencanto y su poca fe en el hombre, apoyado por una realidad aplastante. Como en tantos montajes contemporáneos, la fe que en el siglo XIX movía los hilos dramáticos del libreto y que vertebraba la partitura, aquí intenta ausentarse, pero lo cierto es que este canto a la duda sigue impregnado en los personajes, cuya esencia se mantiene intacta. La esperanza, en todo caso, es lo último que se pierde... El trabajo actoral y de movimientos sigue siendo soberbio, pero esta vez llegaba sin esa diosa que era la Marton y con un Lohengrin en general aburrido (y con un punto pederasta en su primera escena, con su gabardina y todo) La escenografía de Helmut Brade funcionó como caja de resonancia: sin comparación a otras que se conciben para teatros de discreta caja escénica. El coro volvió a repetir lo increíble, suelto, entregado, inspirado, lo mismo que la orquesta, esta vez al mando de un Sebastian Weigle que controlaba todo, yendo incluso más allá. Aun estando programado fuera de abono, muchos habituales del Liceo estuvieron presentes en el estreno, algunos de ellos protestando con pasión, tanta como la expuesta por un grupo de solistas muy amalgamado. La Ortrud de Luana DeVol impactó por su vocalidad; el Telramund de Hans- Joachim Ketelsen, por su trompeteo generoso; el Heraldo de Robert Bork, por su excelencia, y el Rey Heinrich de Reinhard Hagen, por su voz maravillosa. La Elsa de Emily Magee entusiasmó por su dominio técnico y dramático, mientras que John Treleaven dibujaba un Lohengrin discreto, alcanzando cierta magia sólo en el dúo. Ensayo de Hoellenangst de Johann Nestroys, que se estrena hoy en uno de los escenarios del Festival de Salzburgo EPA Salzburgo sube hoy el telón con el reto de presentar las 22 óperas de Mozart Peter Ruzicka pasará la dirección a Jürgen Flimm y a Markus Hinterhauser b Comienza esta edición con la reposición del montaje de Christina Stückl de Jedermann y un concierto de Barenboim al frente de la Filarmónica de Viena JUAN ANTONIO LLORENTE SALZBURGO. Hoy se levanta el telón metafórico de una nueva edición del festival, presidido por la sombra de Wolfgang Amadeus Mozart, el hijo más ilustre de la ciudad, en la que nació hace 250 años. De ahí que este año se haya propuesto presentar todas las posibilidades de aproximaciones interpretativas al día de hoy, tanto en el terreno escénico como en el musical, de Mozart, investigando distintas formas de interpretar su música, ofreciendo obras populares desde nuevos puntos de vista e intentando familiarizar al público con las menos conocidas Son palabras de Peter Ruzicka que, después de un lustro al frente del festival, este año se despide con un balance que habrá que analizar con la perspectiva del tiempo, cuando se pueda precisar con rigor si ha funcionado la correa de transmisión por la que él llegó aquí al puesto que ahora transfiere a Jürgen Flimm, persona de teatro de confianza en la casa, y al pianista Markus Hinterhauser, reputado en el terreno de la creación contemporánea, que se encargará del apartado musical al margen de lo operístico. Una bicefalia hasta ahora desconocida en estos pagos, cuya eficacia tendrán que probar para mantener la cita estival salzburguesa en el puesto en que se había si- tuado en el ranking festivalero después de 87 años en la brecha. Cumpliendo con su palabra, Ruzicka ha conseguido servir el largo menú que viene elaborando desde su llegada, y que tiene como plato fuerte la presentación de la integral operística de Mozart: sus 22 óperas, incluyendo sus primeros trabajos en este terreno, y algunos fragmentos de obras para la escena que dejó incompletas. De todas, el mayor interés del público, que ya ha agotado el papel de las taquillas, se centra, de una parte, en la reapertura con unas nuevas Bodas de Fígaro de la sala pequeña del Palacio de Festivales, rebautizada como Casa de Mozart, acontecimiento que ha colocado las entradas a precios astronómicos en la reventa, y de otra, en comprobar si el nuevo trabajo que ha hecho Pierre Audi para la producción de La Flauta Mágica funciona mejor que el que realizó Graham Vick para la vuelta al foso, el pasado año, de Riccardo Muti, que obligó a un nuevo montaje para su regreso. Para acabar con idas y venidas, conviene reseñar en estos días el fervor de los incondicionales del reputado director Nikolaus Harnoncourt, que, después de una larga ausencia por desavenencias con el antiguo equipo rector, regresó a Salzburgo de la mano de Ruzicka, con el que se va. No sin antes premiar a la audiencia con un triple regalo defendiendo la música de Mozart con sus personales lecturas, que han creado escuela: un concierto con los filarmónicos vieneses, las mencionadas Bodas y una reposición de la deslumbrante versión de Martin Kusej para La Clemenza di Tito en torno a la guerra y el terrorismo, de total vigencia en estos días.