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28 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO DOMINGO 23 7 2006 ABC La tripulación de un carro de combate israelí saluda a otros compañeros que regresan del sur del Líbano, ayer en la zona fronteriza cerca de Avivim AP La estrategia militar Los objetivos de Israel J. C. HAIFA. Todo se resume en cinco palabras: Cambiar las reglas del juego Cinco palabras detrás de las cuales asoman muchos riesgos, amenazas, intereses, implicaciones regionales e internacionales, connotaciones políticas internas, vaivenes económicos y petrolíferos, objetivos militares, destrucción de un país entero, y civiles inocentes heridos y muertos. Para cambiar las reglas del juego hay que ganar la guerra cuanto antes. Israel no se puede permitir el lujo de que Hizbolá cante victoria, ni siquiera de manera simbólica pese a la destrucción de gran parte de sus infraestructuras militares y de gran parte de las infraestructuras civiles del país del cedro, como sucedió con la retirada del sur del Líbano en mayo de 2000. Para que Hizbolá no cante victoria los altos mandos israelíes buscan eliminar al jeque Hasán Nasralah, rehén de su propio mito, y a sus principales lugartenientes; acabar en la medida de lo posible con el arsenal de la organización chií; expulsar a la guerrilla al norte del río Litani, y acelerar el despliegue del Ejército libanés en el sur del país (resolución 1559 de la ONU) o incluso el de una fuerza de interposición internacional. De ahí la implicación de la infantería en las últimas horas de la guerra. Conseguir todo eso desde el aire, imposible. Pero la guerra terrestre debe ser limitada y rápida para evitar demasiadas bajas, algo complicado por- Los objetivos de Hizbolá J. C. HAIFA. Más bien habría que hablar de los objetivos de Siria e Irán, que son los únicos que sacan algo provechoso, aunque sólo sea tiempo divino tesoro, de esta guerra por tierra, mar y aire. Provechoso a corto plazo porque el efecto bumerán no dejará de azotarles a ambos en el futuro. La estrategia de Hizbolá, conectada con el mando a distancia a Damasco y sobre todo a Teherán, es tan sencilla como lo que sigue. Primero, se apuesta por una operación en el norte de Israel contra las tropas allí acantonadas, que patrullan a lo largo de una frontera siempre en estado de vigilancia: ocho soldados muertos, dos secuestrados. Segundo se lanzan constantes oleadas de cohetes Katisuha que llegan incluso a Haifa, la tercera ciudad más importante del Estado judío. Se provoca el miedo, la psicosis generalizada de pánico y se paraliza el norte de Israel (turismo, industrias, agricultura, comercios, refinerías, puerto) Tercero, se obliga al Ejército hebreo a entrar a pie en el avispero del sur del Líbano, se iguala la contienda, se merma la capacidad militar israelí y se planifica una guerra de desgaste que puede provocar más víctimas mortales de las permisibles y daños políticos inesperados. Con la atención internacional centrada en el sur del Líbano, también en Beirut y en Trípoli, y en el norte de Israel, casi nadie mira de reojo a Si- que Hizbolá se ha preparado a conciencia durante estos seis últimos años para actuar en este escenario que conoce como anillo al dedo. La guerra en el sur del Líbano no es sólo cuerpo a cuerpo contra Hizbolá. Es también una guerra en la distancia contra Siria e Irán, y contra todos los potenciales enemigos del Estado de Israel. ria, señalada con el dedo acusador durante los últimos meses desde las Naciones Unidas por su implicación en el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafic Hariri. Cortina de humo Con los medios de comunicación con ojos sólo para las espectaculares, dantescas y dramáticas imágenes que rodean esta Segunda Guerra del Líbano, mucho más a un lado que al otro de la frontera, nadie se fija en las maniobras nucleares de Irán, que prosigue menos amenazado, menos presionado con su programa atómico sin que la comunidad internacional ponga fin a una amenaza nada utópica. Hizbolá sabe, como reconoce incluso desde Israel el analista militar Yaron London, que por mucho que Israel se empeñe no logrará acabar con todo su arsenal; que una vez se logre el alto el fuego, no le será difícil rearmarse y prepararse, durante otros seis años o los que hagan falta, para no dejar de ser nunca una actor desestabilizador pero influyente en la región; que por mucho que se despliegue el Ejército libanés- -mermado y con la mitad de sus efectivos de origen chií- -el sur del Líbano será siempre suyo, y que mientras el régimen de los ayatolás maneje las riendas del poder en Teherán no le faltará de nada. Todo eso lo sabe Hizbolá. También Israel. De ahí lo importante, para cada uno de ellos, de que sus objetivos se cumplan. Hagan juego. Los secuestros pierden relevancia El mensaje, diáfano: esto le pasará a partir de ahora a todo aquel que ataque Israel. Los enemigos de Tel Aviv ya saben el precio que tendrían que pagar. De hecho, ha llamado la atención la nula implicación directa de Damasco en la confrontación. Cualquier detalle podría haber desencadenado un ataque contra su territorio. Tampoco Teherán ha ido más allá de sus habituales bravuconadas. Por mucho que lo digan los políticos y los militares israelíes, esta Segunda Guerra del Líbano no tiene como objetivo lograr la liberación de los dos soldados hebreos secuestrados, uno de los cuales, no sabe quién, podría estar muerto según se teme en Tel Aviv. Dicha puesta en libertad sólo se conseguirá mediante la negociación a través de intermediarios internacionales y un canje de prisioneros (sólo libaneses, no palestinos) que se haría con el Gobierno libanés, no con Hizbolá. Sólo así Israel logrará cambiar las reglas del juego Un juego donde los muertos ya no tienen ocasión de disfrutar de una segunda oportunidad.