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ABC DOMINGO 23 7 2006 Nacional EL BIPARTITO GALLEGO CUMPLE UN AÑO 21 DESUNIÓN El Ejecutivo autonómico está dividido desde el primer día. Touriño lo preside, pero tan solo coordina a los consejeros del PSOE MALAS RELACIONES Touriño se sinceró en una convención socialista al tachar de endogámica y sectaria la política de nombramientos del BNG Touriño y Quintana, en su primer pleno del Parlamento gallego guez, portavoz del BNG en el Congreso, reprochara el bajo perfil político del presidente gallego. Las críticas hacia Touriño y su gestión no son extrañas desde filas nacionalistas. Los dirigentes en el Gobierno guardan silencio, pero no así otros responsables del aparato del partido, que lanzan sus dardos habitualmente contra el presidente gallego, lo que ha llevado a éste a no responder y reconocer a Quintana como el único interlocutor válido del nacionalismo. Anxo Quintana, desconocido para un tercio del electorado gallego seis meses antes de las autonómicas, es el que más rédito mediático obtiene del bipartito. Su departamento- -la Vicepresidencia del Bienestar e Igualdad- -está estructurado horizontalmente, por lo que extiende sus políticas hacia otras áreas del Ejecutivo, lo que le llevan a obtener una notoriedad evidente, Pero su principal éxito ha sido conseguir que el nacionalismo marque la agenda política de la Comunidad, como las propias bases del PSOE le reprocharon a Touriño en la ya mencionada convención. uno y otro líder. Enfrente, un PP que denuncia el despilfarro de fondos públicos. En ocasiones, estas luchas internas han saltado del terreno de la diplomacia a las palabras. Quintana llegó a reprocharle que perdiera el tiempo con polémicas estériles y ataques de celos mediáticos en lugar de mantener una postura de firmeza ante el Estado a la hora de reclamar inversiones para Galicia. Touriño aguanta cualquier crítica, menos cuando amenazan con alterar el sosiego monclovita de José Luis Rodríguez Zapatero y no es hasta entonces cuando llama al orden a los díscolos de su gabinete. El gobierno del cambio ha dedicado su primer año, eminentemente, a paralizar y cancelar las políticas heredadas de los 16 años de Manuel Fraga al frente de la Xunta. Comenzaron por detener 241 actuaciones- necesarias y legales según reconoció en su día el consejero del ramo- la inmensa mayoría de ellas en ayuntamientos gobernados por el PP, porque a su juicio respondían a intereses electorales Siguieron por la paralización de dos edificios de la Ciudad de la Cultura, el equivalente gallego a la Ciudad de las Artes de la Comunidad Valenciana, esta vez porque necesitaban replantear los contenidos de los mismos. Acto seguido llegó la Bolsa de Vivienda de Alquiler y las ayudas para jóvenes, las plantas acuícolas, las minicentrales hidroeléctricas o las infraestructuras autonómicas, en su mayoría tan retrasadas como las dependientes de Fomento. Sin duda, la desaparición más flagrante ha sido el Plan Galicia, respaldado en su día por los nacionalistas y que ahora agachan la cabeza ante el nuevo PEIT del Ministerio de Magdalena Álvarez, que retrasará al menos un lustro la llegada del AVE a la Comunidad. Mientras el bipartito sacó pecho para destacar las politicas sociales y la transparencia como los grandes logros de su año de cambio la oposición denunció el lunes incumplimientos de promesas electorales como la no reducción de las listas de espera en la sanidad pública- -departamento donde se dan consignas para maquillar las cifras que deben trasladarse a los medios de comunicación- la falta de libros gratuitos en toda la enseñanza obligatoria, el estancamiento de las pensiones- -pese a asegurar Touriño que se incrementarían todos los años, excepto cuando haya elecciones -o la falta de políticas contra el fuego. La transparencia y austeridad prometidas al comienzo también se resquebrajan. Tan es así que la Xunta bipartita ha incrementado en un 20 por ciento el gasto en asesores contratados a dedo, con un coste para los fondos públicos de 7,5 millones de euros. Conflictos institucionales Las peleas han trascendido los límites de Galicia. Primero fue con las comunidades limítrofes de Castilla y León y Asturias, cuando el borrador de Estatuto del BNG recogía la posibilidad de anexionar municipios que hablaran gallego. Quintana respondió a la indignación de sus vecinos políticos exigiendo que se disculparan ante Galicia. Touriño tuvo que intervenir para calmar los ánimos. La más virulenta fue, sin embargo, con Extremadura, después de que el BNG propusiera en el Parlamento que se impulsara la fala extremeña como si fuera gallego, a lo que Juan Carlos Rodríguez Ibarra replicó burlándose de los delirios imperialistas y fantochadas de los aprendices de brujo que gobiernan con Touriño. Pero para el Bloque Nacionalista Galego no todo es de color de rosas. Quintana, portavoz nacional respaldado por la mayoría radical de la UPG, está encontrando un sector soliviantado alrededor de Camilo Nogueira, ex eurodiputado que disputó con él la sucesión de Beiras, otro histórico crítico con la deriva del BNG. Han pasado doce meses, y con seguridad pasarán otros treinta y seis más hasta las próximas elecciones sin que se tambalee la coalición. No tienen otra posibilidad, porque aquél que rompa y pacte con el PP se sabe condenado en la siguiente cita electoral. Sólo les queda aguantarse y seguir aparentando que el gobierno del cambio está más unido que nunca Ataques de celos El caso más evidente es el referido al nuevo Estatuto de Autonomía, en pleno trámite parlamentario actualmente, donde presidente y vicepresidente suscribieron un acuerdo de mínimos que recogía todas las aspiraciones del BNG. Los socialistas reconocen este hecho, pero se consuelan apoyados en los sondeos que siguen evidenciando la caída libre de los nacionalistas. Salen mucho en la televisión, ¿pero de qué les vale? ironizaba con crudeza un destacado dirigente del PSOE. Claro está que las encuestas oficiales en Galicia siempre satisfacen a todos. Tanto Presidencia como Vicepresidencia cuenta con departamentos demoscópicos, que se alternan en arrojar cifras y datos favorables a las tesis de PAREJAS CON FUTURO MAYTE ALCARAZ N osotros preferimos de aliado al PP antes que al PSOE Quien esto dice a contracorriente de los tinell de moda, es un señalado dirigente del BNG, cosido a golpe de lealtades a Anxo Quintana. La confesión viene dada por el duro año de cohabitación con Pérez Touriño (un matrimonio candidato a acogerse al divorcio exprés de Zapatero si no fuera por el presupuesto oficial) Ahora se cumple un año, un duro año, en el que las descoordinaciones de bulto entre PSOE y BNG (presidencia y vicepresidencia de la Xunta) han sido el pan nuestro de cada día. Las fricciones entre los dos equipos de gobierno a los que sólo hermana el BOE, unido a la estrecha relación que mantienen Núñez Feijóo y Quintana (42 y 46 años, respectivamente) presenta unos perfiles de futuro de la política gallega altamente interesantes. Además, para el BNG- -por encima de sus bufonadas casi genéticas- -el horizonte de elegir entre dos parejas con las que pactar un próximo gobierno es más apetecible que limitar sus expectativas como llave de poder al PSOE. Sin olvidar los valiosísimos 37 escaños de Núñez Feijóo, indispensables para sacar adelante el Estatuto. Atención a Galicia, señor Rajoy.