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22 7 06 SALUD Jerusalén Hadassah, el mejor hospital de guerra El centro hospitalario número uno de Oriente Próximo está en Jerusalén. Su sala de urgencias ha sido blindada, preparada para la guerra... y para la paz: aquí todas las personas son iguales, no importa su religión POR JESÚS GARCÍA CALERO i hay un lugar en Israel donde la esperanza está protegida es el Hospital Universitario de Hadassah, en Jerusalén. Se trata de un centro con 800 camas y 75 departamentos de prestigio mundial, en el que trabajan 5.000 personas y que dispone de los mayores avances médicos y de investigación. Allí, según es fama, todas las personas reciben un tratamiento idéntico, y da igual su procedencia, religión o capacidad económica. Es tal vez el mejor hospital de Oriente Próximo, una región hoy azotada por vientos de guerra, especialmente estos días en los que Hizbolá responde con cohetes katiusha a los bombardeos sobre el Líbano. Aunque el hospital está preparado para ataques de mucha más envergadura. Desde hace poco más de un año tiene la sala de urgencias blindada con una protección contra un posible ata- S que nuclear, bacteriológico o químico (NBQ) Al entrar en la sala de urgencias, lo primero que llama la atención es el grueso muro que la convierte en un departamento absolutamente estanco. Se trata de una especie de sandwich formado por tres capas de blindaje de acero y dos más gruesas de hormigón. En caso de ataque NBQ, los protocolos de seguridad se pondrían en marcha de modo que pudiera atenderse a los heridos con la tranquilidad de que las condiciones exteriores no interferirán en el trabajo de los médicos. No es un refugio, sino una unidad con capacidad de soportar largo tiempo aislada del exterior. La autonomía Desde hace un año, la sala de urgencias de este hospital, tal vez el mejor de Oriente Próximo, ha sido protegida contra ataques nucleares, químicos y bacteriológicos de la sala, una vez aislada, es de tres semanas. Todas las medidas de seguridad son pocas para una país en el centro de tensiones políticas y religiosas, donde los atentados terroristas y la intolerancia de sus vecinos es moneda común. Así que sus responsables, conscientes de la situación, decidieron hace tiempo prepararse para un escenario que no desean. Lo que no ha repercutido en el mayor de los valores de este centro médico: el trato igualitario de todos los pacientes, sin que importe su origen o religión. Aquí han sido atendidos, e intervenidos, desde el primer ministro Ariel Sharón cuando sufrió el derrame que lo mantiene en coma, hasta las más modestas víctimas de un atentado. Como anécdota, contemos que, durante la campaña de atentados suicidas de la segunda intifada se dio el caso de que el autor del ataque y una de sus víctimas recibieron idéntica atención por parte de los avanzados equipos de Hadassah. La existencia de un lugar como éste, en una región tan castigada por la violencia, merece nuestra reflexión sosegada. La sala de emergencias incluye una Unidad de Trauma calificada como Nivel 1, la máxima nota para un centro que, según recibe a un paciente en grave estado, pone en marcha las intervenciones ne-