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ABC SÁBADO 22 7 2006 35 Madrid Atraco mortal en la calle Barceló Glorieta de Bilbao Sa ga st a l rra ca en Fu Santa El Tribunal Constitucional da luz verde a la Comunidad para realizar la R- 1 y el cierre norte de la M- 50 Plaza Dos de Mayo Apodaca B ló arce Plaza Alonso Martínez Plaza Santa Bárbara 1- Unos individuos intentan atracar a una joven en la calle de Barceló. Son las 6,30 horas ¿DE QUIÉNES SON LAS CALLES? FÉLIX MACHUCA Engra cia M eji aL La Palma eq Vicente Fe rrer a nci icie nef Be ue ric a N 3- Durante la refriega, los dos hombres resultan heridos por arma blanca 2- La joven se resiste y dos hombres salen de un local cercano, Pachá para ayudarla 4- Tras la agresión, los dos afectados se trasladan en taxi al Hospital Clínico San Carlos, donde uno de ellos muere Gonzalo Iglesias ingresa en urgencias del Clínico sobre las 7. 34 7,30 horas con una herida de arma blanca en el abdomen. Fallece Enrique Rigall, de 46 años, también herido de arma blanca y con perforación de colon. Grave Infografía ABC Muere apuñalado un joven de 26 años en Barceló por evitar que le robaran el móvil a una chica Otro amigo, también acuchillado, está hospitalizado con pronóstico grave b La chica era asaltada en los Jardi- nes Arquitecto Rivera por varios delincuentes del Este que reaccionaron a navajazos cuando varios testigos intervinieron MARIO DÍAZ MADRID. La chica gritó por su vida, o por sus pertenencias, o por su pánico al ser atracada en pleno centro de Madrid a punta de navaja, y sus gritos no retumbaron en el vacío. Varias personas que pasaban por allí no lo dudaron: tenían que echarle una mano, aun- que nunca imaginaron que tendrían que pagar un precio tan descomunal por prestar su ayuda para repeler la agresión o el robo. Según al menos dos testigos, los delincuentes pretendían robar a su víctima un teléfono móvil. Un joven español de 26 años, Gonzalo Iglesias, murió de las heridas de cuchillo que le causaron los delincuentes que atracaban a la chica en los Jardines Arquitecto Rivera, junto a la calle Barceló (distrito Centro) Uno de sus amigos que también intervinieron, Enrique Rigall, 46 años, español, también fue apuñalado y se encuentra grave. Los asesinos aún no han sido deteni- dos, afirman fuentes policiales, aunque varios amigos de las víctimas comentaban a última hora de ayer que la Policía había informado a la familia de que ya había arrestados. Los allegados, en todo caso, claman justicia y reclaman más seguridad mientras lloran a Gonzalo y rezan por Enrique. Todo sucedió pasadas las 6.30 horas de la mañana, cuando Gonzalo, Enrique y dos amigos más (una chica incluida) salieron de la discoteca Pachá, en la misma calle de Barceló, tras disfrutar de la noche. Cuando avanzaron (Pasa a la página siguiente) o es cosa de retroceder, al volante del miedo, a la edad del mito para sostener que cualquier tiempo pasado fue mejor. Mejor y mucho más seguro. Mejor y con menos sangre derramada. En esa seguridad más o menos inventada se refugia nuestra vulnerabilidad para enredarnos en el bucle de la melancolía y afrontar unas calles que ya no nos pertenecen. Algo de reconfortante seguridad nos conmueve cuando oímos la tranquila música callejera de otros tiempos. Tiempos como las estampas tranquilas y relajadas que nos dibujan del Madrid de nuestros abuelos. Calles sosegadas, amables, felices y repletas de gatos achulapados, sin más sobresaltos que el de la Manola engatusada a la luz de la luna. No. No todo fue agua, azucarillos y aguardientes. También los tiempos vencidos tuvieron sus tragos amargos y sus calles oscuras donde brillaban, como estrellas gitanas, aceros de punta fina enloquecidos por encontrar corazón, costado y cuello. Lo que sí es verdad es que ahora, tan después, los tiempos se han vuelto más despiadados, salvajemente productivos, y no hay día que pase sin que sobre la bandeja de asfalto no se nos ofrezca un fiambre envuelto en papel de plata. En Madrid vive con seguridad el navajazo y cada vez menos seguro el ciudadano, ya casi diana barata y al alcance del bandolero nacional o de importación. Esta semana nos han servido tres vidas. Todas pasadas por el pincho. Parece que la libertad suele pagarse con la vida. Quizás lo único que tienen las personas decentes y que en Madrid te la rajan antes que la cartera...