Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
28 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO SÁBADO 22 7 2006 ABC CINCO CARAS DE LA GUERRA BORJA BERGARECHE, abogado y Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Columbia La provocación de Hizbolá. Hizbolá sabía que Israel desencadenaría una ofensiva militar total cuando penetró en territorio israelí el pasado 12 de julio, matando a ocho soldados israelíes y secuestrando a dos, Ehud Goldwasser y Eldad Regev. Con esta acción, Hizbolá buscaba volver al epicentro del conflicto regional y zafarse de la creciente presión para la desmovilización de esta milicia que reina en el sur del Líbano desde la retirada israelí hace seis años y que, con sus 13 diputados y sus dos ministros en el actual gobierno de coalición libanés, es un referente político, social (y militar) ineludible para la mayoría chií de Líbano. Hizbolá ha logrado desafiar a EE. UU. e Israel desplegando una capacidad militar muy superior a la que se le atribuía. Este desafío le proporciona un escudo de simpatía popular no sólo entre una población chií envalentonada en Líbano, Irak e Irán, sino también entre la mayoría suní de la zona, para quien la ocupación de Palestina por Israel es una herida abierta. El mensaje de Hizbolá es claro: ni el gobierno libanés, ni la comunidad internacional, ni Israel lograrán desarmarnos por la fuerza. El solitario de Israel. El objetivo de Sharón y de su heredero Ehud Olmert es evitar la negociación bilateral con los palestinos y puentear el modelo tradicional de proceso de paz Para ello, Israel despliega dos estrategias paralelas: reducir al máximo el riesgo de recibir misilazos y ataques terroristas por parte de aquellos grupos armados en sus fronteras que han jurado su destrucción, mientras prosigue el desalojo unilateral (no negociado) de los territorios que ocupa ilegalmente- -primero Gaza y después, según el programa electoral de Olmert, Cisjordania. Con el secuestro de dos soldados israelíes, Hizbolá intenta recordar a la gran potencia militar de la zona que no puede jugar la partida en solitario. Israel, por su parte, no detendrá sus operaciones hasta debilitar lo suficiente a Hizbolá y a Hamás para proseguir su plan de desconexión unilateral Pero la reacción de Israel, claramente desproporcionada según los principios humanitarios tradicionales, trasciende las escaramuzas fronterizas de Hizbolá. Su actual ofensiva hay que entenderla como una reafirmación de su poder militar ante el régimen iraní tras el desafío nuclear que éste ha lanzado a la comunidad internacional y el renovado lenguaje antisionista del presidente Ahmadineyad. Israel es la única potencia nuclear de la zona, y no está dispuesto a renunciar a la piedra angular de su estrategia de disuasión militar en una región que percibe como inherentemente hostil. La rebelión de los proscritos. Los gobiernos autoritarios de Irán y Siria, menospreciados y estigmatizados como parias regionales, han decidido ha- cer valer sus peones en la zona para mostrar que no están dispuestos a que se prescinda de ellos. Para no dejar duda, Irán y Siria firmaron el pasado junio un acuerdo de cooperación militar. Si bien la influencia exacta que ejercen sobre Hizbolá y Hamás es objeto de debate, su apoyo logístico, político y militar es indiscutible. Irónicamente, estos grupos islamistas armados, reducidos a terroristas y nada más que terroristas por el discurso oficial, han alcanzado el poder legalmente como resultado de la estrategia de democratización de EE. UU. en la zona, han afianzado sus estados- dentro- del- estado y lanzan ahora su propia ofensiva. Unidos por las circunstancias, una dictadura suní y laica (Siria) y un gobierno teocrático chií (Irán) comparten intereses con un grupo armado suní (Hamás) y uno chií (Hizbolá) Juntos, se benefician de la debilidad de EE. UU. empantanado en Irak, y de la irrelevancia de los gobiernos árabes tradicionales. Soldados libaneses con ataudes de refugiados palestinos muertos en el sur statu quo regional- -Egipto, Jordania y Arabia Saudí- a la defensiva en los tres frentes que tienen abiertos. Los tres principales amigos de EE. UU. en la región deben hacer frente, en primer lugar, a la mayor ofensiva que el islamismo radical yihadista haya lan- REUTERS El statu quo árabe fuera de juego. La otra cara del escenario regional la conforman los tradicionales garantes del zado nunca contra los regimenes árabes establecidos. Además, asisten muy preocupados al llamado resurgir chií en la región, alimentado por la ofensiva iraní por el liderazgo regional y el despertar chií en el Irak post- Sadam. Finalmente, se ven obligados a caminar la cuerda floja entre una población que, en general, apoya la resistencia armada contra Israel y la condena a las acciones de grupos como Hizbolá que ponen en riesgo sus intereses. Atrapados entre los tanques israelíes y las incursiones de Hamás e Hizbolá, las dos experiencias democráticas más valiosas en el mundo árabe- -el gobierno de coalición libanés y la presidencia Palestina- -caen inevitablemente del lado de los perdedores de la crisis. Estados Unidos, de actor a espectador. En 1993 y en 1996, EE. UU. fue el artífice directo de sendos altos el fuego entre Israel e Hizbolá. Esta vez, George W. Bush se ha limitado a pedir a Siria que pida a Hizbolá que cesen sus ataques. Bastante poca cosa para la gran superpotencia, que ha concedido carta blanca a Israel para que prosiga sus ataques al carecer de medios reales con los que contener la reacción israelí. El imperio ya no puede apaciguar a las provincias. Al derrocar a Sadam y desmontar el régimen talibán en Afganistán, EE. UU. le hizo el trabajo sucio a Irán con los vecinos que más molestaban a los ayatolás. La doctrina antiterrorista del gobierno Bush ha neutralizado los canales de comunicación con los actores locales (terroristas y no terroristas) que, en el pasado, garantizaban una gran influencia a EE. UU en el conflicto regional. Y la catastrófica decisión de invadir Irak ha inutilizado el poder militar con el que, como complemento a su acción diplomática, se hacía respetar en la región. La crisis actual, y la incapacidad para detenerla, es el precio de la fotito de las Azores. Sus consecuencias quedan para otro artículo.