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22 SÁBADO 22 7 2006 ABC Internacional Soldados israelíes leen los periódicos, uno de ellos con la foto del jeque Nasralah, el líder de Hizbolá, ayer cerca de la ciudad de Avivim, en la frontera con el Líbano REUTERS Miles de soldados israelíes pisan ya el sur del Líbano a la caza de las bases de Hizbolá El presidente libanés advierte de que su Ejército rechazará una invasión hebrea b Los bombardeos aéreos no son suficientes para acabar con el arsenal chií, como se demostró ayer con el constante lanzamiento de cohetes Katiushas JUAN CIERCO. CORRESPONSAL HAIFA. En el sur del Líbano se habla hebreo. Al menos en voz baja. Para dar y recibir órdenes muy determinadas. Para organizar los ataques fulminantes contra las posiciones avanzadas, las bases, las casamatas, los túneles, las trincheras, las lanzaderas y los búnkeres de Hizbolá. Y es que, aunque se descarta una invasión terrestre a gran escala, miles de soldados israelíes pisan ya territorio libanés y combaten cuerpo a cuerpo con los milicianos de Hizbolá, en una guerra mucho menos desequilibrada que la librada estos días pasados, donde el protagonismo recaía en los cazas F- 16 los helicópteros Apa- che los navíos frente a las costas de Beirut y las baterías de la artillería. En distancias largas, desde el mar tan agitado, desde el cielo que se abre en canal con las 3.000 operaciones de la aviación, la superioridad del Ejército de Israel, el más poderoso de Oriente Próximo y uno de los mejor armados y preparados del mundo, es enorme. Cara a cara con el enemigo Pero en distancias cortas, cara a cara, con el aliento de tu enemigo en el cogote, los milicianos de Hizbolá, entrenados para esta guerra de guerrillas, conocedores del terreno que pisan, con una infraestructura para resistir cualquier andanada, preparada en los últimos seis años, con armas de primer nivel facilitadas por Irán y por Siria, con sus minas colocadas, con sus túneles y sus refugios, con sus cohetes escondidos incluso en las mezquitas, con comida y agua almacenadas de sobra, pueden hacer mucho daño a los soldados israelíes. Los altos mandos militares hebreos lo saben mejor que nadie pero no han tenido más remedio que preparar una ofensiva terrestre limitada, según Ehud Olmert, que se intuye dolorosa. Ya han muerto 19 militares israelíes (los últimos, confirmados ayer por el Tsahal 4 soldados en el sur del Líbano y un piloto de uno de los dos helicópteros Apache que chocaron entre sí sobre el norte de Israel en la madrugada de ayer) Pero van a morir más. Lo hicieron 650 soldados en el Líbano en 1982. Esto es una guerra y no hay tiempo de contar los muertos. Los contaremos cuando todo esto acabe, y los llorare- mos, pero ahora estamos en guerra y hay que ganarla y para ganarla morirán más soldados en las próximas semanas Las palabras, duras pero realistas del general Udi Adam, jefe de la Comandancia Norte del Ejército, reflejan bien a las claras la situación. Cinco mil reservistas movilizados Como también lo refleja el hecho de que hayan sido movilizados otros cinco mil reservistas, que deben incorporarse de manera inmediata a filas para reforzar las posiciones en el norte del país y en el sur, en la ofensiva paralela contra Gaza. Otro dato: el Tsahal conminó ayer a los habitantes del sur del Líbano a que abandonaran sus casas y las aldeas y ciudades fronterizas con Israel lo antes posible. La resistencia de Hizbolá es feroz. No se va a rendir. La guerrilla chií no facilita sus bajas (el Ejército israelí habla de más de 100 milicianos libaneses muertos) pero está decidida a que la La guerrilla chií está decidida a que la guerra se convierta en una pesada losa para el Ehud Olmert