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ABC SÁBADO 22 7 2006 11 Aznar reivindica la foto de las Azores y asegura que los que la critican hubiesen querido salir en ella Julián Muñoz es acusado por el juez de cobrar 150.000 euros de Juan Antonio Roca entre 2002 y 2003 Junto con el reconocimiento de testigos presenciales está la declaración inculpatoria de Lasarte El fiscal pide que Txapote no pueda volver a San Sebastián hasta transcurridos 10 años de su excarcelación persona que tropezó con ella como un hombre alto- más alto que yo dijo- por lo que en el turno de preguntas del fiscal, éste solicitó que el procesado se pusiera de pie para que la testigo pudiera identificar a Txapote Cumplido este trámite, el presidente de la Sala, Alfonso Guevara, se dirigió al etarra para decirle que si lo deseaba podía sentarse. No me da la gana ahora respondió García Gaztelu, que a partir de ese momento empezó a increpar a Guevara diciéndole que no era quien para ordenarle cuándo se tenía que sentar o permanecer de pie. Su actitud calentó los ánimos del presidente, que en el ejercicio de su autoridad, ordenó a los policías que sentaran al etarra en el banco a la fuerza y que le pusieran las esposas. Bajo estas líneas reproducimos un extracto del informe del decano de los abogados de Madrid, Luis Martí Mingarro, en nombre del Colegio de Abogados de Guipúzcoa, acusación popular La pataleta del etarra Txapote empezó a insultar al tribunal, asegurando que aquéllo era un circo y que el monigote de circo era Guevara. Tras llamarle al orden hasta en tres ocasiones, el presidente optó por cerrar el micrófono del habitáculo blindado en el que se encontraba Txapote lo que provocó una nueva reacción en el etarra. Enfurecido como un león enjaulado (en su particular circo) dio una patada al cristal y otra a uno de los bancos. Desde ese momento (poco después de comenzar la segunda sesión del juicio) y hasta el final, el terrorista permaneció esposado y custodiado por dos policías. Concluida la prueba testifical (con las declaraciones de otros dos vecinos Don Fernando Múgica Herzog era un ser humano, titular del derecho a la vida y a la dignidad. Tenía una familia, esposa e hijos; tenía una vida pública y una profesión: abogado. García Gaztelu, Txapote Jon no sé cuántos alías más, es también un ser humano, también titular del derecho a la vida y a la dignidad. También, a su manera, tiene una familia a la que hace guiños y con la que gasta gestos de complicidad. El día 6 de febrero de 1996, poco antes de las 2 de la tarde, bajo un temporal, negó el derecho a la vida al Sr. Múgica. Le asesinó. García Gaztelu quizá se cree dueño de las vidas de los demás. Él, que sí tiene derecho a la vida, les niega ese derecho a aquéllos a los que elige como víctimas. Su derecho a la vida lo ejerce desde la crueldad antihumana. En sus manos, ahora contenidas en su fiereza por unas esposas, sus dedos son los que aprietan los gatillos de las pistolas, que tienen las muescas de su récord de asesino de seres humanos. Al ser juzgado sólo muestra rebeldía y sólo concita desprecio. No responde preguntas. No nos quiere decir ni quién ni por qué le ordena matar, ni quién decide quien debe y quien no debe vivir. García Gaztelu está aquí ante una Sala de Justicia constitucional. Tiene derecho de defensa, que todos le reconocemos y que todos contribuimos a que le sea respetado. Podría haber intentado decir que él no estaba allí el día del crimen, que no quería cometerlo o que obraba por una compulsión invencible, o que no quería causar tan grave mal. Podría haber traído testigos que nos dijeran que tiene algún rincón de humanidad, que en algún lugar de sí mismo tiene alma. Pero no; la prueba aquí practicada, su actitud, nos muestra a un desalmado. Y aunque no ha traído testigos ha estado muy atento ahí, en esa esquina, proyectando su aliento amenazador sobre los otros testigos, preocupándose de que no recuperaran la memoria. El Derecho, la Justicia, cuantos creemos en ello, respetamos y respetaremos lo que le queda de vida. Podrá seguir pensando y hasta podrá seguir amando si alguna vez tuvo corazón. Pero no podrá seguir matando, porque la ley, el imperio de la ley, le retirará la libertad, y, con la sentencia que pedimos de condena, perderá la licencia para matar que le dieron unos malvados que andan por ahí sueltos. García Gaztelu no podrá seguir matando. Respetaremos su vida porque las naciones civilizadas hemos suprimido, y estamos muy orgullosos de ello, la pena de muerte. Pero ya no podrá tener libertad para deambular quitando vidas, destrozando familias, rompiendo en pedazos la convivencia. No matarás. Es un mandato que está en la ley de Dios para quienes crean en Él, pero está también en la ley de los hombres para que quienes digan no creer en Dios no piensen que están exentos del imperio de la ley. El derecho es el arte de vivir civilizadamente, el arte de ser ciudadanos. El repertorio básico del derecho y de las leyes empieza por la prohibición de matar. Matar es la antijuridicidad total. Por eso los que prometen no matar no regalan nada a nadie. Don Fernando Múgica ya no está entre nosotros. Txapote sí. El asesino puede asomarse a la ventana, ver la luz del día, sentir la oscuridad de la noche. Fernando Múgica no, porque Txapote y quienes le dieron licencia para matar decidieron que San Sebastián tuviera un vecino menos, un abogado menos, un político menos. Pedimos para García Gaztelu la aplicación rigurosa del mayor castigo que los humanos podemos propugnar: la privación de libertad por el máximo tiempo, sin remisiones ni tibiezas, prohibiéndole además que cuando llegare a salir de prisión pavonee su chulería de asesino envejecido cerca de quienes son la familia, los amigos o los conciudadanos de Fernando Múgica. Por todo eso pedimos una sentencia que, condenando por asesino a García Gaztelu, le prive de libertad. Estando en prisión no dejaremos que se convierta en una leyenda. La sentencia debe marcar a los asesinos, debe decir lo que hicieron y cómo lo hicieron, para que no se las den de gloriosos gudaris para que conste sólo lo que son: asesinos. A la Sala le corresponde dar a la ausencia de los muertos la serenidad que sólo nace del imperio de la ley. de San Sebastián que presenciaron la huida de Txapote tras disparar el gatillo, la pericial y la documental, comenzó el trámite de informes, que inauguró el fiscal- jefe de la Audiencia Nacional. Siguieron, por este orden, la acusación particular y las populares: el PSOE, el Colegio de Abogados de Guipúzcoa, que encargó la labor de defensa al decano de los letrados de Madrid, Luis Martí Mingarro, y la AVT. Todos ellos mantuvieron sus conclusiones provisionales, aunque introdujeron algunas novedades, como la ya citada prohibición de volver a San Sebastián hasta diez años después de su excarcelación (Fiscalía) La agravante de ideología de la víctima en el asesinato (militancia socialista) o el incremento de la indemnización a los herederos de Múgica (estas dos últimas solicitudes fueron formuladas por el letrado de la familia) Pruebas concluyentes y aplastantes En un riguroso informe, el fiscal- jefe, Javier Zaragoza, quien calificó el asesinato de Múgica de cruel, despiadado y brutal (por ello pidió Justicia con mayúsculas dividió las pruebas acumuladas contra Txapote en dos bloques: las periciales y científicas y las personales. Entre las segundas destacó como aplastantes los testimonios de José María Múgica, hijo del asesinado y testigo presencial de los hechos, y el del propietario de un vehículo que Txapote le sustrajo a punta de pistola. Este último testigo, como informó ABC ayer, renunció a las medidas de protección que la ley contempla en estos casos, y, mirando a los ojos al procesado, lo identificó (como había hecho minutos antes el hijo) como asesino de Múgica. Zaragoza quiso hacer una especial mención al espíritu cívico envidiable de este ciudadano. Otras pruebas de cargo que pesan sobre el procesado son los testimonios de los policías que iniciaron la persecución de los miembros del comando Donosti emprendieron la huida, y sobre todo, la declaración incriminatoria (en sede judicial) del ya condenado por estos hechos Valentín Lasarte, que confesó el papel que jugó cada uno en el asesinato de Múgica.