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ABC SÁBADO 22 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA SIN HUELGA POR VACACIONES OS trabajadores del Astillero sevillano no pueden propiamente ir a la huelga porque hace tiempo que no trabajan. No porque no quieran; van a trabajar, pero trabajo, lo que se dice trabajo, no tienen. Su actividad más frecuente en los últimos años consiste en organizar disturbios contra el peculiar concepto de las promesas del presidente Zapatero, quien hace año y medio aseguró en Sestao que ninguna factoría naval sería cerrada o privatizada. Durante el mandato de Aznar, el PSOE montaba a los obreros navales en autobuses y los llevaba a manifestarse contra el Gobierno; incluso algún dirigente andaluz les endilgó una arenga subido en un cajón a pie de fábrica. AqueIGNACIO llas movilizaciones queCAMACHO daban la mar de fotogénicas: cortaban puentes y carreteras, prendían fuego a neumáticos y de vez en cuando se enfrentaban a los guardias en batallas muy vistosas, con cascos, escudos y tirachinas de rodamientos. Pero, una vez en el poder, Zapatero hizo aquello a lo que Aznar no se atrevió: vender las últimas factorías públicas a empresas privadas. Ya se sabe lo que decían Tierno y Mitterrand de las promesas electorales, que sólo obligan a los que se las creen. Los trabajadores de Izar se las creyeron. Y al darse cuenta de que nadie se las cumple, han seguido haciendo lo que mejor saben últimamente, a falta de barcos que ensamblar: continuar quemando neumáticos, cortando carreteras y enfrentándose a la Policía. Ya es como una rutina, martes y jueves, aunque de vez en cuando sale algún guardia descalabrado y algún obrero detenido. El resto de los ciudadanos sufre los cortes y los incordios, se cabrea, se aguanta y se pregunta cuándo se acabará este juego en el que ya llevan los contribuyentes mucho dinero pagado para sufragar una paz social que nunca llega. Como los encargos de barcos. Pero he aquí que lo que sí llegan son las vacaciones. Los políticos se van de veraneo, y los ciudadanos destinados a sufrir los trastornos de la protesta también se largan en busca de su merecido asueto. De modo que los sindicatos navales sevillanos han decidido tomar asimismo vacaciones de su propia movilización, cerrada por descanso hasta septiembre. Huelga de huelgas. Los empleados que puedan se irán a la playa, y los demás, a seguir pasando los lunes de agosto al sol, como los demás meses. Si no hay nadie a quien fastidiar, para qué se van a tomar la molestia. Y en septiembre, otra vez a trabajar Más neumáticos quemados, más contenedores volcados, más pedradas, más bronca. Probablemente, también, más promesas incumplidas, o las mismas. Y más ciudadanos trastornados, o los mismos. Pero las vacaciones son sagradas, hasta ahí podíamos llegar, que los trabajadores tienen unos derechos, oiga, y no es cuestión de pedirles a las criaturas que desperdicien agosto sudando en las barricadas de fuego. Definitivamente, las protestas no son para el verano. L QUE SEA LA ÚLTIMA VEZ ARECE desmesurado tildar a Zapatero de antisemita, como acaba de hacer un influyente empresario judío; más atinado resultaría señalar que, con su tosquedad maniquea, nuestro presidente está propiciando ciertas floraciones sociales de antisemitismo irreflexivo y visceral. Este maniqueísmo esquemático se está convirtiendo en una de las características de su acción de gobierno. El otro día me participaba su perplejidad un catedrático que había tenido ocasión de comprobar cómo un alumno recién ingresado en la universidad que lucía en su camiseta una insignia con los colores de la bandera republicana no supo especificarle la graduación militar de Franco en julio del 36; le bastó profundizar un poco más en su interrogatorio para descubrir que el joven ni siquiera sabía que Franco había sido militar. ¿Cómo puede conseguirse que un chaval ignorante de los más elementales ruJUAN MANUEL dimentos sobre historia española DE PRADA contemporánea vindique con tan rencoroso orgullo el legado republicano? Naturalmente, mediante la ingesta indiscriminada de pienso ideológico; alimento que nuestro presidente reparte con un entusiasmo irresponsable. Una actitud semejante se detecta en sus diagnósticos de brocha gorda sobre el conflicto que estos días ensangrienta Oriente Próximo. Zapatero parece aceptar sin cuestionamiento ese reparto de papeles asignado por la izquierda más rancia y complaciente, según el cual a Israel le corresponde el desempeño de villano, mientras palestinos y libaneses encarnan la inocencia masacrada. Quizá estas simplificaciones tan burdas, aderezadas con proclamas de un pacifismo merengoso, den mucho juego en la agitación pancartera; pero son indignas de un mandatario que debe manejarse en el proceloso concierto internacional y enjuiciar con ecuanimidad los acontecimientos. Seguramente Zapatero no sea un antisemita; pe- P ro en la manifestación encabezada por dirigentes de su partido que antes de ayer se paseó por las calles de Madrid se corearon consignas muy burdamente antisemitas, inexplicables si no aceptamos que en ciertos sectores de la sociedad española empachados de pienso ideológico empieza a calar ese reparto esquemático de papeles que identifica a Israel con un estado genocida. Cuando nos referimos al holocausto de la Segunda Guerra Mundial, siempre execramos la ideología nazi; en cambio, solemos pasar de puntillas sobre un hecho acaso más ominoso: dicho holocausto no hubiera sido posible sin la connivencia cetrina y complaciente de los europeos, que colaboraron siquiera por omisión en el aniquilamiento de los judíos, a quienes consideraban un cáncer social que convenía extirpar. Casi tan responsable de aquel holocausto fue, por ejemplo, el odio antisemita arraigado en la sociedad francesa como las cámaras de gas de los campos de exterminio. Acusar de antisemitismo a Zapatero resulta hiperbólico; pero convendría que Zapatero entendiera que con sus declaraciones y gestos irresponsables está propiciando que otros incuben, bajo coartadas pacifistas, el huevo de la serpiente. El ministro Moratinos reprendía el otro día al empresario judío que lanzó ese denuesto contra Zapatero con unos modales más propios de El Algarrobo que de Metternich. Que sea la última vez que llamas antisemita al presidente profirió, con un tuteo desconsiderado y admonitorio que parece rescatado del ambiente gargajoso de una taberna. Mejor haría el ministro Moratinos en reprender a su superior, advirtiéndole: Que sea la última vez que te refieres al conflicto de Oriente Próximo en términos tan maniqueos y esquemáticos; que sea la última vez que haces el pánfilo y el botarate colgándote una kefiya del cuello; que sea la última vez que posas de pacifista a la violeta Que sea la última vez, Zapatero, porque la próxima quizá no podamos tildar de exagerado a quien denuncia tu antisemitismo.