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4 Opinión SÁBADO 22 7 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil FINANCIACIÓN: MODIFICAR LO QUE FUNCIONA E EL MUNDO, IMPOTENTE ANTE LA CRISIS E han cumplido ya diez días desde que un ataque injustificado del grupo terrorista Hizbolá provocó una muy contundente respuesta militar israelí, y durante todo este tiempo los esfuerzos de la comunidad internacional para detener la escalada bélica aún no han dado ningún resultado, sobre todo porque tanto Israel como la milicia chií teledirigida desde Teherán y Damasco han sido insensibles a los llamamientos a un cese de hostilidades. La tenaz resistencia de Hizbolá ante el ataque de uno de los ejércitos más poderosos del mundo confirma que no fueron casualidad ni el momento ni la táctica elegidos para desencadenar esta guerra de la que los civiles libaneses se han convertido en rehenes. Lamentablemente, la principal consecuencia de lo que está pasando es que todas las voces moderadas que empezaban a hacerse oír en Oriente Próximo en uno y otro lado han sido eliminadas por el fragor de los hechos. Entre los árabes, ahora solo se escuchan los extremistas partidarios de la violencia contra Israel, mientras que aquellos israelíes que antaño confiaron en la fórmula de paz por territorios pueden ver que, una vez que se han retirado del sur del Líbano y de la franja de Gaza, el resultado ha sido más inseguridad y peores amenazas. Es un hecho que el espacio del que Israel se ha retirado ha sido ocupado sistemáticamente por aquellos que no desean la paz, Hamás en Gaza e Hizbolá en el sur del Líbano, y que todo lo que se había avanzado trabajosamente hacia una solución diplomática ha ardido como paja seca en las explosiones de los bombardeos mutuos de estos días. Urge, por tanto, empezar a prepararse para un nuevo escenario en toda la región en el que solamente seguirán siendo válidas una parte de las premisas en las que se ha basado hasta ahora cualquier intento de solución. El objetivo de dos estados independientes con fronteras seguras es el único posible, pero también es necesario que el Líbano recupere su soberanía y que se impida que los regímenes de Siria e Irán sigan regando el fuego con gasolina. S En estos momentos es cuando se ve con toda claridad por qué la comunidad internacional no puede permitir en ningún caso ni bajo ninguna circunstancia que los radicales islámicos que gobiernan en Teherán se hagan con armamento nuclear. La unidad de los occidentales debe ser esencial ante este problema, que- -no se debe olvidar- -es uno de los ingredientes de la crisis en el Líbano. Frente a la extrema gravedad de la situación, el presidente del Gobierno ha vuelto a hacer gala de sus carencias. Ingenuidad, impericia, candidez, cualquier adjetivo y todos juntos sirven para explicar la posición del presidente cuando encara con esa pretendida solidez argumental un problema complejo. Cree que con proclamar su ansia infinita de paz ya ha cumplido con su deber moral con la Humanidad y deja todo lo demás a los tópicos trasnochados de la izquierda y a la repetición de los lemas- de- toda- la- vida. Como si no supiera que su ministro de Asuntos Exteriores se ha pasado personalmente casi una década dedicado exclusivamente a intentar encontrar la solución del conflicto de Oriente Próximo, sin obtener más que pequeños resultados a pesar de contar con el apoyo de toda la Unión Europea. El ejercicio de la política exterior está lleno de sutilezas y a estas alturas Rodríguez Zapatero ya debería haber aprendido qué significan y qué coste generan determinados símbolos, ya sea ponerse cierto pañuelo o permanecer sentado al paso de una bandera. Tal vez piensa que esos comportamientos son un guiño que complace a un sector de sus electores, pero entonces debe ser consciente de que los mismos gestos que unos le aplauden ahora hasta en Siria le invalidan para promover la confianza de las dos partes. No se puede pedir la paz y al mismo tiempo ponerse abiertamente del lado de uno de los beligerantes, y si en estos momentos quisiera transformar en hechos sus declaraciones de buena voluntad, se daría cuenta de lo contraproducente que ha sido su actitud. Las cosas son demasiado graves para aplaudir los reflejos irreflexivos. TRAGEDIA INCESANTE A buena noticia de que el pesquero español Francisco y Catalina pudo, al fin, atracar en el puerto de La Valetta (Malta) se vio ensombrecida por la muerte de un inmigrante hallado en un cayuco que fue avistado ayer por Salvamento Marítimo frente a las costas de Tenerife y en el que viajaban, además, otras treinta y nueve personas, de las que seis se encontraban muy graves. La llegada de inmigrantes ilegales no cesa y el problema crece a diario, sobre todo en las islas Canarias, donde los centros de internamiento de menores subsaharianos están completamente desbordados. Parece que la realidad no se deja vencer por el discurso triunfalista del Gobierno, que vaticinó que la regularización masiva del pasado dejaría a cero la inmigración ilegal. El Ejecutivo debería asumir que no controla la situación y que las rutas marítimas a Canarias siguen tan francas como hace meses, a pesar de los acuerdos con los países de origen, de la anunciada cooperación europea- -en lo que ésta se haya traducido- -y de las giras de los representantes diplomáticos españoles por la región. Ante todo, hay una tragedia humana, velada simplemente porque no aparecen todos aquellos inmigrantes desaparecidos en aguas del Atlántico. Pero a continuación hay que señalar la incapacidad del Gobierno español para generar una reacción internacional que haga frente a la situación. No L siempre va a haber un Francisco y Catalina cerca para, con la generosidad ejemplar que han demostrado el armador y su tripulación, rescatar a decenas de inmigrantes de un riesgo grave e inminente para sus vidas. Pero incluso este episodio del pesquero español demuestra la lentitud de la respuesta diplomática ante una situación dramática en pleno Mediterráneo. Porahora, el desenlace parece favorable- -falta confirmar que cada país cumple su compromiso de acogida- pero no es admisible que un pesquero español esté una semana inmovilizado en alta mar porque haya un país europeo- -Malta, en este caso- -que se niega a autorizar el atraque y desembarco de los inmigrantes. De España cabía esperar algo más de influencia diplomática. La secuencia de los hechos no puede ser más preocupante, y aunque la vicepresidenta del Gobierno hizo bien ayer en reconocer que la respuesta debía ser europea también debería el Ejecutivo tener en cuenta los intereses europeos antes de tomar decisiones tan poco comunitarias como regularizar masivamente a cientos de miles de inmigrantes. Aunque no sea grato reconocerlo, España está dando la imagen de ser un país fácil para quienes creen- -porque el Gobierno lo ha hecho creer- -que aquí hay papeles para todos y para quienes creen- -también por acción del Ejecutivo- -que hacerle desplantes a este país sale gratis. STA compleja legislatura de minoría socialista y mayoría de izquierdas se conocerá, entre otros apellidos, como la de los estatutos de autonomía reformados. No menos de cinco- -ya van dos- -serán modificados con ampliación de competencias y con definición de un nuevo modelo de financiación que no sabemos bien ni cómo será ni adónde conduce. El PSOE llegó al Gobierno con el proyecto de introducir algunas modificaciones en la Constitución, consensuadas (como no puede ser de otra manera) con la oposición. Pero no puso ser, quizá porque el espíritu del pacto del Tinell y otras miserias políticas lo impidieron. Como atajo, Rodríguez Zapatero optó por un vaciamiento de la Carta Magna para satisfacer estrategias partidistas que dieran contenido al, hoy malogrado, tripartito catalán. Por eso se planteó el nuevo Estatuto y, a la carrera, por efecto imitación, la reforma de los demás. En 2001, con base en los datos de 1999 y con efecto a partirde 2002, se puso en marcha un nuevo modelo de financiación autonómica aprobado por todos. Con él se pretendía aumentar la corresponsabilidad fiscal autonómica y consolidar un sistema de solidaridad a través del Fondo de Suficiencia. Incluso se planteó como cierre definitivo del modelo. Ahora sabemos que funcionó bien en 2004 y que quizás en 2005 aún les haya ido mejor a las autonomías. Pero el Estatuto catalán forzó a un cambio radical, cuyo alcance está aún por determinar, además de a la modificación de un buen número de leyes. A las comunidades más ricas y con más recaudación per cápita el nuevo modeloles resultará ventajoso, especialmente a Madrid, Baleares y Cataluña. Pero otras, como Extremadura, Asturias, Castilla y León y Galicia, pueden pasarlo mal y encontrarse con un sistema de financiación manifiestamente insuficiente. Algún dirigente autonómico debe confiar en que, finalmente, vendrá el Estado central a tapar agujeros y a hacer el papel de filántropo. Pero puede ocurrir que el filántropo esté más pobre y necesitado que los expectantes beneficiarios de su generosidad. La improvisación, la ocurrencia, el oportunismo, en materias como la financiación autonómica pueden traer malas consecuencias a los promotores de los cambios. Sin haber dado tiempo para un buen funcionamiento del sistema aprobado en 2001, sin esperar a su asentamiento, el Gobierno se ha puesto a reformarlo por intuición, quizá con la esperanza de que los problemas se arreglen por su propia dinámica. Favorecido por una etapa de crecimiento que lleva la recaudación a cotas óptimas, el Ejecutivo se ha puesto a reinventar lo que funcionaba medianamente bien, en un viaje que puede conducir a ninguna parte. El vaciado de competencias y de recursos del Estado central, simultáneo al abandono de los gobiernos locales- -para los que nunca llega la prometida reforma- conduce a riesgos inminentes para la estabilidad presupuestaria y para el buen funcionamiento del Estado.