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ABC VIERNES 21 7 2006 71 Toros FERIA DE SAN JAIME LAS VENTAS Curro Díaz y Vilches piden paso ante una pobre entrada Monumental de las Ventas. Jueves, 20 de julio de 2006. Paupérrima entrada. Toros de Gavira, que se dejaron, aunque mansearon. Ruiz Manuel, de celeste y oro. Estocada (saludos) En el cuarto, estocada con derrame (silencio) Curro Díaz, de celeste y oro. Pinchazo, estocada tendida, media y cuatro descabellos. Aviso (saludos) En el quinto, estocada (oreja) Luis Vilches, de celeste y oro. Estocada rinconera (ligera petición y vuelta) En el sexto, estocada (palmas de despedida) Destacó Manolo Montiel en varas en el quinto. El Juli terminó la tarde con la infumable miurada entre gritos y abucheos EDUARDO MANZANA El gesto de El Juli con los miuras acaba en una sorprendente y estridente bronca ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. Ese caminito de tu casa hasta la mía era muy cortito y qué largo se me hacía Como largo se le debió hacer a los toreros el tramo escaso del hotel a la plaza para matar ni más ni menos que la corrida de Miura. El Juli había anunciado el gesto desde hacía meses, y tal vez por ello no se oyó ni una palma al romper el paseíllo, como si fueran habituales detalles de semejante calibre entre las figuras. Tampoco el personal concedió ningún mérito a Dávila Miura con un sobrero de El Serrano, cuando había estado inteligente, firme, templado, técnico y fundamentalmente torero. Hasta la hora de la merienda lo mejor de la corrida de Miura había sido Dávila. Le escondieron los pañuelos injustamente. El presidente no tuvo opción ni de contar. El nieto de don Eduardo supo esperar al toro, no lo atacó, no lo molestó; a su altura lo condujo, muy plantado, muy asentado, crecido en los pases de pecho. Y soberbio en los ayudados por alto de desenlace de la faena. El toreo a dos manos de pitón a rabo y con empaque. Sentó de una estocada en arrancada, al encuentro, la vida del sobrero, por todo lo alto. Inapelable el espadazo. Pero ni puñetero caso que le hicieron. Incomprensible. Julián López manejó con el capote la situación de salida con el miureño en precoz brega. De un tremendo puyazo regresó el toro a los medios como dañado de la mano izquierda. Cojo pero no manco, desarrolló sentido por sus astifinos pitones. A El Juli pareció sor- Plaza de toros de Valencia. Jueves, 20 de julio de 2006. Tercera corrida. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Miura, serios de presentación, muy astifinos, descastados y moruchones, infumables y peligrosos; un sobrero de El Serrano (2 bis) noble sin humillar. Uceda Leal, de grana y oro. Estocada (silencio) En el cuarto, dos pinchazos, estocada y dos descabellos (silencio) Dávila Miura, de verde botella y oro. Estocada al encuentro (leve petición y saludos) En el quinto, estocada (silencio) El Juli, de tabaco y oro. Media y descabello (silencio) En el sexto, pinchazo, estocada y tres descabellos (bronca) prenderle el juego avieso, los secos derrotes al segundo o tercer viaje, como si no contase con eso. No pasó nada. Uceda Leal mató con una limpieza maravillosa al noblón y a la vez deslucido primero, pobre de fuerza y espíritu. Verónicas de seda rajadas por una tarascada y la susodicha estocada computaron en su haber. También la voluntad. Y, lo que son las cosas, a Uceda se le negó el acero con el gigantesco cuarto, tan alto que hacía normal la estatura de Leal. No mejoró el sino de la tarde. Vale que le zurró al mansísimo sexto de la intoreable miurada. De ahí a no permitirle ni ponerse con la muleta dista un abismo Cabezazo para allá, cabezazo para acá; topetazos moruchones. Como una nube gris de torticera tormenta se abalanzó el imponente y cárdeno quinto sobre la chaquetilla azul cielo del picador. A esos metros del suelo ponía la aguda cabeza el miura. O casi. Entró, se rebotó, luchó con el palo con feo estilo. Álvaro Montes, un chaval de Jerez que ya había estado brillante con el capote en el anterior, usó las banderillas con fina habilidad y sin escalera ninguna. Dávila, de entrada, entendió al pariente- -perdóneme con sentido del humor la licencia- que sorprendió con rectitud en el trapo. Fue un espejismo. Enseguida se desentendió. Miura lo mató metiéndole el brazo: cerca del corazón le besaron los pitones. Ovacionaron al toro... No sé de vientos de Levante, pero el personal andaba trastornado, como si de Marruecos hubiese soplado un aire de grifa. Le montaron la traca a El Juli, la mundial, sorprendentemente. Vale que le zurró en los dos caballos al mansísimo y colorao sexto, último de la intoreable miurada, como apostilló el maestro El Choni a la salida. De ahí a que no le permitieran ni intentarlo con la muleta con gritos de fuera, fuera, dista un abismo. Juli, ante la grosera actitud, cortó por lo sano, elevando la estridente bronca a niveles de mascletá. Me parece a mí que Valencia no digiere el rollo torista que exigen cuatro aficionados. Y también intuyo que el próximo gesto de una figura aquí lo va a hacer Rita, que es la alcaldesa con más casta de España entera. JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES MADRID. Muy poca gente en la plaza- -una de las veces que he visto menos público en mi vida- a pesar de un bien concebido cartel y de que la temperatura era agradable. Curro Díaz logró una muy merecida oreja en el tercero por una faena de detalles, de destellos, de torería, de proyección hacia el futuro. Muy galana la manera de andar a la res durante toda la faena. El tercio de varas resultó eterno con el segundo de Gavira, manso y reculón. Con la muleta se vio la clase del matador de Linares al torear con la derecha. Con ritmo y armonía siempre, aunque con un punto de discontinuidad. Hasta la tercera serie no llegaron el perfecto acople y la ligazón. Conseguido un ayudado zurdo tras sólo un conato de naturales. Volvieron los adornos en su punto y alguno bordado. La mala pericia con espada y descabello le privó de mayor reconocimiento. Buenas maneras Luis Vilches justificó los buenos aires que traía de Pamplona y Valencia en un quite al tercero. Empezó su labor andándole y pudiéndole a su enemigo. Se sucedieron las ovaciones en la primera de las rondas diestras. De nuevo patentizó sus buenas maneras, por ambos pitones, a pesar de que el más que potable toro se aplomó algo. Pero hacia la mitad los naturales alcanzaron continuidad, hondura y engranaje. Pases por alto a dos manos, adornos precisos y una estocada rinconera que disipó pañuelos. No faltó algún listo que quiso frenar la muy merecida vuelta al ruedo. Se mostró voluntarioso en el último, quizá el más apagado del sexteto. Combinó Ruiz Manuel los lances a pies juntos y aquéllos en los que echó la pata p alante con el primer toro. Dejó muestras de su buena concepción del toreo, cosa que volvió a suceder en los ayudados por alto iniciales. Se empleó al natural con los pies asentados. Buena fue la estocada final. Pecó de largura en su segunda labor, construida con oficio y técnica. Anduvo por debajo de la res.