Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 Espectáculos VIERNES 21 7 2006 ABC Domino Estética de la rebeldía EE. UU. 2005, 127 min. Director: Tony Scott Intérpretes: Keira Knightley, Mickey Rourke, Edgar Ramírez JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Gérard Oury AFP Muere Gérard Oury, director de La gran juerga el mayor taquillazo de todo el cine francés b Realizó varias películas con la l asunto de los Scott es como el de Raúl, que nadie puede decir que es malo. Pues aquí parece que nadie puede que decir que Tony sea mejor que Ridley, porque comete sacrilegio. Uno no diría tanto, pero lo cierto es que Tony ha hecho cosas muy apreciables Amor a quemarropa Revenge y, sobre todo, la muy infravalorada Spy games una joyita llena de rapidez y E vivacidad) y está considerado un artesano del cine de acción. Lo cierto es que el hermanísimo ha metido algún que otro petardo últimamente El reino de los cielos mientras que Tony se ha metido a contar la historia real de Domino Harvey, la hija de Laurence Harvey que se tiró por el lado peligroso de la vida (se hizo cazarrecompensas) en vez de vivir la dolce vita que le procuraba su padre. Basado en ella, Scott lanza un trailer a toda velocidad por una montaña rusa para contar la vida de esta caza recompensas que quería vivir rápido y, quizás, morir pronto. La película tiene su gran valor en la estética de Scott, que hace parones, acelerones, flash back claroscuros y demás trucos (la mayoría sacados de Guy Ritchie, que hizo escuela en sus dos primeras películas) para contar un enrevasado crucigrama en el que parece imposible encajar tantas piezas hasta que llega Sco- tt y las acaba colocando con mil triquiñuelas y sorpresas a cada vuelta de la esquina. Es cierto que hay algunos flacos sueltos en la producción; por ejemplo, Keira Knightley es demasiado británica, demasiado dulce y delicada para dar el papel, y el argumento resbala estrepitosamente a la hora de contar su primera misión, pero el resto es una bomba de relojería, incluido Rourke, que parece una momia rediviva desde que salió de sus cenizas en Sin City si bien este papel se le queda algo corto para lo que se prevé que Scott podía haber sacado de él. En suma, cine de acción del que suelen hacer los dos hermanos, potente, rudo, pletórico de fuerza y de bombas envenenadas, con muchos vericuetos y bastante inteligencia en la narración, mucho más de lo que se suele cocer por estos lares y, mucho más, a estas alturas de temporada. pareja de actores cómicos Louis de Funes y Bourvil, consumando otros éxitos de público como Las locas aventuras de Rabbi Jacob ABC PARÍS. El director de cine francés Gérard Oury, conocido por varias de sus comedias que tuvieron gran éxito de público, y en particular por La gran juerga murió ayer en su casa de Saint- Tropez en la Costa Azul francesa, según informa Efe. El cineasta, que en realidad se llamaba Max- Gérard Tannenbaum, tenía 87 años y será enterrado en París el próximo lunes en el cementerio de Montparnasse. La gran juerga estrenada en 1966, estuvo protagonizada por sus dos actores fetiche, los grandes cómicos galos Louis de Funes y Bourvil, y se consagró como autor de comedias de enorme éxito comercial, algo que le fue reconocido en el Festival de Cannes de 2001, cuando su presidente Gilles Jacob le entregó el Trofeo del Festival dedicado a reconocer la trayectoria de los grandes cineastas. Hijo de una periodista y de un violinista, Gérard Oury había nacido el 29 de abril de 1919 en París, donde se formó como actor en el Conservatorio, en el que había coincidido con Bernard Blier y Francois Perrier. Su filmografía se inició con El crimen se paga aunque su primera comedia fue El hombre del Cadillac primer gran éxito de público; su carrera llegó a la cúspide con La gran juerga escrita con su hija, la también directora Daniele Thomson, y que fue vista por 20 millones de espectadores. Entre sus filmes estrenados en España, cabe destacar El cerebro Delirios de grandeza Las locas aventuras de Rabbi Jacob El golpe del paraguas As de ases y Aquí todos roban Keira Knightley y Edgar Ramírez, en una escena de esta película La isla de hierro El arca perdida Irán, 2005, 90 min. Director: Mohammad Rasoulof Intérpretes: Ali Nasirian, Hossein Farzi- Zadeh E. RODRÍGUEZ MARCHANTE a capacidad de sugerencia de la historia que cuenta Mohammad Rasoulof es enorme, y tiene en ella tantas irisaciones y simbolismos incrustados que igual funciona como gran metáfora universal, que como figura social, política o incluso bíblica: todo ocurre en un fabuloso y singular escenario, una gran nave, una herrumbrosa y mugrienta arca anclada al sur de Irán, cuyo capitán (capitán Nemat) vela por la vida de cuantas familias han echado allí raíces. L En esa enorme barcaza reproduce el director y guionista todas las bendiciones y los males del mundo: una comunidad amenazada, unos individuos que luchan por sobrevivir colectivamente, un poder que es al tiempo paternal, déspota, protector y embaucador, unos ligeros vientos contestatarios que son cortados brutalmente por el poder... Muchos personajes, aunque ninguno tan importante como el colectivo, la comunidad. Rasoulof mantiene un difícil equilibrio entre el realismo y el poder simbólico de su narración, que también funciona como un retrato hiperrealista de la actualidad desbocada de ese país. Y también mantiene una cierta simetría entre el drama de unas situaciones desesperadas con un tono de suave comedia en el modo de alumbrar esas mismas situaciones. Por encima de todo está el personaje del capitán Nemat, jefe absoluto, padre y patrón, que lleva toda la comunidad y sus problemas en la cabeza y que reparte atenciones, justicia, salud, premios y castigos con la misma autoridad, al tiempo que trata las posibilidades de futuro de esa comunidad, pues es una certeza que el barco se está hundiendo (el barco siempre se hunde, del mismo modo que la Tierra siempre se calienta, el Estado siempre se desmorona o Venecia desaparece centímetro a centímetro... Y el último trazo interesante de esta película reside en su puesta en escena, aparentemente práctica pero profundamente poética, al usar con mucha sensiblidad la geografía del barco y las insinuaciones del hierro, la idea de aislamiento y de muchedumbre, de agonía y mundo que se acaba a la vez que de promesa de futuro y vida nueva... Con un desenlace impregnado de lirismo y de una ansiosa bocanada de oxígeno.