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66 Espectáculos VIERNES 21 7 2006 ABC Un agente secreto tiene que demostrar que no encabeza un complot contra el presidente de EE. UU. No lo tiene fácil. Kim Basinger, Kiefer Sutherland, Eva Longoria, Martin Donovan y el director de La sombra de la sospecha Clark Johnson, se lo ponen difícil Michael Douglas, bajo sospecha TEXTO: JOSEP MARÍA AGUILÓ PALMA DE MALLORCA. A partir de hoy, Michael Douglas intentará convencernos en la gran pantalla, en La sombra de la sospecha de que no se encuentra detrás de una oscura trama para asesinar al presidente de los Estados Unidos. En la película, el actor norteamericano interpreta el papel de un agente del servicio secreto, Pete Garrison, que ha sido guardaespaldas de varios presidentes, y que se ocupa ahora de la seguridad de la Primera Dama, papel desempeñado por Kim Basinger (Sarah Ballentine) Douglas deberá intentar convencerla también a ella de su inocencia, e igualmente al agente encargado de investigar el presunto complot, Kiefer Sutherland (David Breckinridge) y a la joven agente que trabaja con él, Eva Logoria (Jill Marin) Todo ello con permiso de otro agente, William Montrose, papel que intepreta Martin Donovan, que en principio no parece tener muy buenas intenciones hacia Garrison, ni tampoco hacia casi ningún otro personaje de la película, incluido el propio presidente norteamericano. La sombra de la sospecha se inicia con el asesinato del agente Charlie Merriwcather, papel que interpreta el propio director de la película, Clark Johnson. Un crimen que, por sus especiales características, hace sospechar que por primera vez en los 141 años de existencia del servicio secreto de los Estados Unidos hay un topo infiltrado en este cuerpo de élite. Michael Douglas y David Raschem interpretan al agente Peter Garrison y al presidente de Estados Unidos La sombra de la sospecha Amante de la Primera Dama Garrison tiene a su favor el haber salvado la vida a un anterior presidente norteamericano y toda su trayectoria como gualdaespaldas, y tiene en contra un posible motivo para cometer el magnicidio, ser el amante de la primera dama. En la novela en que está basada la película ya aparecen todos estos elementos, y fueron éstos, precisamente, los que convencieron a Michael Douglas de la originalidad de la historia, y le animaron, a su vez, a coproducir el filme, según señaló el propio actor la pasada semana, cuando La sombra de la sospecha fue presentada en Mallorca, isla en donde pasa largos periodos de vacaciones. Gracias a un buen guión de George Nolfi, y a una muy correcta dirección de Clark Johnson, el argumento y el desarrollo del filme se siguen con creciente interés hasta el final, porque La sombra de la sospecha es una trepidante y convincente película, tan convicente como el deseo de Michael Douglas y de todos los grandes falsos culpables de la historia del cine de demostrar su inocencia. De líneas de fuego y otros sitios de interés turístico EE. UU. 108 min. Director: Clark Johnson Intérpretes: Michael Douglas, Kiefer Sutherland, Eva Longoria, Kim Basinger, Martin Donovan FEDERICO MARÍN BELLÓN n 141 años, nunca ha habido un traidor en los servicios secretos que velan por el presidente. Que se sepa. Porque la historia de los Estados Unidos es tan rica en magnicidios como el mejillón en aminoácidos. Con estos antecedentes, La sombra de la sospecha plantea la certeza de que, por primera vez, un topo ha horadado la coraza que rodea al inquilino de la Casa Blanca. Decía F. Scott Fitzgerald que no hay segundas partes en las vidas americanas pero Michael Douglas, que tiene una bala alojada en el currículum por salvar a Ronald Reagan, se encuentra ante el segundo gran reto de su carrera como guardaespal- E das de lujo. En realidad, todo huele a segunda parte en esta entretenida película, que al menos tiene la virtud de unir su vistosa colección de retales sin que se noten demasiado las costuras. El guión toma elementos prestados, y hasta robados, de La sombra del testigo del mayor de los otros Scott, y de En la línea de fuego aquel pequeño clásico de Wolfgang Petersen en el que Clint Eastwood debía evitar que John Malkovich le matara al segundo presidente. Pero como esta vez el protagonista es más conocido por su instinto básico que por su lealtad, le buscan una relación como mínimo tan inconveniente como la que mantuvo con Sharon Stone en el famoso thriller de Verhoeven. Hay más citas, pero a estas alturas todo el mundo sabe que lo que no es tradición es plagio. Otra tara acusada del filme es su inequívoco guiño televisivo, aunque en unos tiempos en los que la pequeña pantalla parece dar cabida a más talento que su hermana mayor, podría admitirse como lícito ardid comercial. Es interesante incluso el ascenso de Eva Longoria, que de desesperada no tiene nada y hace unas migas con la cámara que no las superaba ni mi abuela, pero ver a Kiefer Sutherland emperrado con el cliché que abandera cada año en la serie 24 denota estrechez de miras, cuando menos. Puestos a sacarle los colores al reparto, con un elenco de tantos quilates llama la atención el escaso caché del presidente, interpretado por un anodido David Raschem, hasta el punto de que ni siquiera sorprende el comportamiento de Kim Basinger, que ya irán descubriendo. Apunto como posible alegato en favor del responsable de casting y del propio director el intento de demostrar que la pieza más valiosa, que todos se empeñan en proteger, es en realidad la más débil e indefensa, como en el ajedrez. La metáfora, en todo caso, debía haber ido acompañada de jugadas más brillantes, de giros de guión menos forzados, de algún gambito espectacular, qué caramba, y de menos déjà- vus, con perdón. Y con todo, la película se ve de un tirón. Sin llegar a ser del modelo refrescante, que a estas alturas de la canícula suele llenar la cartelera, es casi perfecta para una noche de verano: su digestión no es pesada y se puede coger el coche en el camino de vuelta, porque no amodorra ni se sube a la cabeza.