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28 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO VIERNES 21 7 2006 ABC Soldados israelíes toman posiciones en la frontera con el Líbano en una de las operaciones de infiltración contra las milicias de Hizbolá REUTERS No son dibujos animados. Ni actores de reparto. Son seres humanos preparados para luchar, para matar y morir en el sur del Líbano. El despliegue impresiona: carros de combate, artillería, helicópteros, blindados... En primera línea con el Tsahal J. CIERCO FRONTERA ENTRE ISRAEL Y EL LÍBANO. Shlomo se protege los oídos. Jeff bebe agua bajo un sol de injusticia. Yonathan corre fusil en mano. Salomón carga una caja de municiones. Alón repara uno de los imponentes carros de combate. Ehud encuentra un minuto de recogimiento para rezar en tan convulso escenario. Ariel da la orden: ¡Fuego! Y la pieza de artillería escupe hacia el sur del Líbano, rodeado de humo blanco, ahogado por una explosión atronadora, un proyectil invisible pero con efectos devastadores. ¡Fuego! repite Ariel. Lo hace cuatro veces en cuarenta segundos. Y el cielo se abre en canal. Y la tierra tiembla. Y el cañón retrocede. Y Shlomo se vuelve a proteger los oídos. Jeff ya no bebe agua sino que carga con más proyectiles el estómago de los dragones acorazados. Y Yonathan regresa a paso ligero con la última orden de su comandante. Y Alón, terminado su trabajo, se quita el casco y se seca el sudor. Y Ehud ya no reza sino que mira por sus prismáticos. Y Ariel a lo suyo: ¡Fuego! Cada vez que disparamos pienso en mis tres compañeros secuestrados. En los soldados que ya han muerto en acción. Mi esfuerzo va por ellos, por mi familia, por mi país al que tengo la obligación de defender explica un oficial de nombre Olivier. Ellos no tienen miedo. Sí lo tienen, dicen. Pues no se les nota. Andan tan enfrascados en su tarea, a tiro de piedra de Avivim, donde se suceden los combates cuerpo a cuerpo contra los milicianos de Hizbolá, que el miedo nunca está en primera fila. Sólo noto el miedo cuando cae algún Katiusha Entonces nos metemos en los blindados para protegernos y esperar a que pase la tempestad explica Alón Pait, ecuatoriano de 23 años, llegado hace sólo 4 a Israel desde Quito. Nunca esperé vivir lo que estoy viviendo. Lo hago con una mezcla de emociones, con un poco de miedo, con deseos de ayudar y, sobre todo, de que todo esto termine cuanto antes dice este mecánico de carros de combate que ha visto por ahora cancelado su curso para convertirse en instructor. Los cazas F- 16 rompen la velocidad del sonido rumbo a Beirut, a Tiro, a Trípoli, en vuelos a veces tan rasantes que despeinan al más coqueto de los testigos. Los blindados y los carros de combate viajan de un punto a otro de la frontera a lomos de camiones, con la ansiedad de llegar cuanto antes a su destino y entrar en acción. Una acción que ya se desarrolla en suelo libanés, donde abundan las emboscadas de los guerrilleros chiíes, entrenados los últimos seis años para lanzar la Segunda Guerra del Líbano, la de 2006, 24 años después de la primera. Saben cuando entran, con las caras pintadas de camuflaje, con los cascos cubiertos con ramas y hojas, con el de- do siempre, siempre, siempre en el gatillo, con los sistemas de comunicación interna en la mochila, donde hay sitio para el miedo, la congoja, los recuerdos para la novia, para la familia, para los amigos. Rescate de los soldados heridos Pero no saben cuándo saldrán. Ni siquiera si lo harán vivos o muertos. Muertos que se contarán pronto con más dedos de las que tienen las dos manos que agarran los M- 16 Y sus compañeros de armas, más al norte, en esa Avivim donde la guerra terrestre es desde hace 48 años una cruda realidad, se lanzan a una operación de rescate tan arriesgada como la de los comandos especiales que penetran tras las líneas enemigas para destruir las lanzaderas de cohetes de Hizbolá. Imposible acabar con todas ellas sólo desde el aire. Una operación para rescatar a varios soldados heridos. Se habla de muertos, pero no se confirma. Y el nerviosismo es tan evidente como las ganas de salvar a los suyos. Ni una mueca, ni un guiño, ni una media sonrisa en sus caras pintadas de guerra. De una guerra, la Segunda del Líbano, que ha estallado en el norte de Israel, en el sur del país del cedro, en esta frontera que arde por los cuatro costados y de la que uno, en visita acelerada y alocada, también sale chamuscado. El Ejercito no escatima en armas La artillería no es sino una pieza más en este rompecabezas bélico que une Israel con la vista puesta en las posiciones militares, los arsenales y los jefes de Hizbolá. Toda la maquinaria hebrea trabaja a destajo. No se ahorra en medios. Se utiliza casi todo el poderío militar. Los helicópteros Apache sobrevuelan nuestras cabezas armados de misiles a la caza y captura de las células enemigas, bajo tierra para evitar ser un objetivo fácil. La maquinaria hebrea trabaja a destajo. No se ahorra en medios. Se utiliza casi todo el poderío militar Los comandos especiales penetran tras las líneas enemigas para destruir las lanzaderas de cohetes de Hizbolá