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ABC VIERNES 21 7 2006 Nacional 15 CORRUPCIÓN EN MARBELLA OPERACIÓN MALAYA El protagonismo del colorín tras aquel beso rociero le volvió arrogante y se creyó una celebridad El ex alcalde podría haber salido relativamente indemne si se hubiese prestado a colaborar con la justicia prometedoras que hablaban de un horizonte de grandeza... económica. Pero, probablemente, no las pronunció Pantoja. O no todas, al menos. La voz que calentó la oreja del Pantojo sigue en libertad y su dueño cobró minutas millonarias por asesorar sobre el modo de hacerse con el cotarro de Gil. Lo que probablemente sí hizo la supuesta lady Macbeth fue insuflar en su pareja el ánimo suficiente para sacudirse cualquier complejo de inferioridad. Era el alcalde de una ciudad de relieve y había conquistado el corazón de un mito de la España cañí. De algún modo, Muñoz empezó a pensar que no le debía nada a nadie. Pero sus antiguos mentores pensaban de otra manera, y se dispusieron a cobrar la factura. Lo hicieron cuando el entonces alcalde tenía en marcha su plan de rehabilitación. Se trataba de dulcificar el urbanismo brutalista y exactor de Roca, llegar a algún acuerdo con la Junta de Andalucía- -insólita espectadora pasiva de aquel festival de delitos- -y desmontar la maquinaria del gilismo para sustituirla, sin demasiada prisa, por una propia. En el verano de 2002, recién llegado a la Alcaldía como sustituto de Gil y sin pasar aún por las elecciones, Muñoz me dijo que el gilismo le había rodeado de una guardia de perros pretorianos Entonces era todo amabilidad, y mandaba flores a las enviadas especiales de la Prensa nacional a las que su antecesor decoraba con insultos. Tenía el plan, y su relación con Pantoja lo asentó hasta el punto de que la cantante hizo de exploradora en conocidos contactos con los mandamases de la Junta. Ése fue el momento en que le detonó bajo el sillón la moción de censura, cuyos protagonistas duermen sin excepción bajo techo de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Julián Muñoz e Isabel Pantoja, en el camino hacia El Rocío, cuando se hizo pública su relación JOSELE LANZA Sin su romance con la tonadillera, el ex alcalde marbellí no habría pasado de la figura tan tradicional, tan española, del regidor venal. Pero Muñoz se sintió importante cuando, además de ganar la Alcaldía por mayoría absoluta, logró ablandar el corazón de Isabel Pantoja. El mundo se le quedó pequeño y la camisa estrecha El factor Pantoja TEXTO: IGNACIO CAMACHO La Pantoja no es lady Macbeth. La hipótesis puede resultar sugestiva para darle cuerpo a ese culebrón marbellí que apasiona a las masas y proporciona combustible a los programas del corazón, pero se sostiene poco por culpa de un punto débil fundamental: Julián Muñoz tampoco es Macbeth. Su ambición no pasa de la de un camarero desclasado con cierto arrojo para moverse suelto por la jungla de la corrupción y dar la cara en la tele con la soltura de cualquier friki desacomplejado. Un personaje típico del biotopo gilista, de origen humilde, con poco que perder y bastante lanzado a la hora de tomar atajos hacia la fortuna rápida. Pero para resultar shakesperiano le falta grandeza, mundo y, por qué no, maldad. El único tipo con cierta complejidad moral en este elenco de pícaros es Roca, el alfa y el omega del birlibirloque urbanístico. Los demás son, simplemente, un manojo de truanes con las manos largas. Otro asunto es que, sin su romance con la tonadillera, el ex alcalde marbellí no habría pasado de la figura tan tradicional, tan española, del regidor venal, del alcalde trincón, que es casi una institución ibérica. Para eso lo puso Jesús Gil cuando los tribunales lo inhabilitaron, para que dejase afanar a los que saben a cambio de quedarse con alguna derrama del cazo. Pero Muñoz se sintió importante cuando, además de ganar la Alcaldía por mayoría absoluta- -con los votos de Gil, eso sí- -logró ablandar el corazón de Isabel Pantoja. El mundo se le quedó pequeño y la camisa estrecha. El protagonismo del colorín tras aquel beso rociero le volvió arrogante y se consideró una celebridad. En puridad, lo era, un ído- lo en las peluquerías, alguien a quien perseguían los papparazzi, un figurón que acaparaba portadas y al que las marujas pedían autógrafos en la calle. Luego, en su oído sonaron palabras Se pudo sentir a salvo Hasta el miércoles pasado, Muñoz creyó que ésa era la última factura que iba a pagar, lo que le permitiría reír en una cierta comodidad acosada, pero libre al fin. En la escala de Richter del latrocinio marbellí, el ex alcalde no ocupa los puestos más altos. De hecho, quizá podría haber salido relativamente indemne si se hubiese prestado a la colaboración con la justicia. Pero esto implicaba un paso aparencial, disimulador, por la cárcel, y esa perspectiva se le hacía demasiado estragante. Pudo tener que ver en ello su estabilidad sentimental. De algún modo llegó a sentirse a salvo. Y entonces pasó por su puerta de la urbanización La Pera el cartero que siempre llama más de una vez. Venía acompañado de una brigada de policía.