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10 VIERNES 21 7 2006 ABC Nacional El hijo de Múgica identifica a Txapote como el asesino de su padre: Ojalá se muera en prisión Un segundo testigo le reconoce en el juicio, en el que se enfrenta a 72 años b La novia de Gaztelu, testigo y con- denada ya por esta causa, se niega a responder a las acusaciones, por lo que el tribunal ordena que se deduzca testimonio por desobediencia NATI VILLANUEVA MADRID. ¿Tiene usted alguna razón de enemistad con el acusado que le impida decir la verdad? preguntó el presidente de la Sección Tercera. Es el asesino de mi padre se limitó a contestar José María Múgica, hijo del dirigente socialista y abogado Fernando Múgica, abatido por un disparo en la nuca el 6 de febrero de 1996. Más de diez años después de aquellos hechos, que el azar quiso que este joven abogado presenciara desde la acera de enfrente, la Audiencia Nacional sentaba en el banquillo de los acusados a Francisco Javier García Gaztelu Txapote quien afrontaba su tercer juicio en España en medio de una expectación considerablemente menor que la que provocó la vista oral por el asesinato del edil popular Miguel Ángel Blanco. Sereno, aunque con la voz temblorosa por el recuerdo Pasarán mil años y no olvidaré sus rostros dijo José María Múgica relató al tribunal con todo detalle cómo se produjo la huida de Txapote y de Valentín Lasarte (condenado ya por estos hechos y testigo en el juicio, ayer) una vez que el primero disparó por la espalda a su padre mientras el segundo vigilaba la zona. Escuché una detonación que procedía de la acera de enfrente. Giré la cabeza y vi a mi padre tendido en el suelo En décimas de segundo, los dos terroristas se cruzaron con José María, paralizado en la otra acera, y tan cerca estuvieron (a un metro, recordó ayer el testigo) que sabiendo ya que la víctima era su padre, el abogado se lanzó sobre Lasarte, que le amenazó con una pistola mientras Txapote le decía: quita de ahí o te tiro Eran las mismas palabras que curiosamente utilizó el asesino de José Luis Caso cuando, después de dispararle, intentaba librarse de una persona que se interpuso en su camino. Txapote fue juzgado hace varias semanas por estos hechos, pero el tribunal le absolvió por falta de pruebas) El propio José María Múgica subrayó en varias ocasiones que su reconocimiento era inequívoco que no tenía ningún género de dudas de que García Gaztelu (visiblemente más nervioso que en ocasiones anteriores) fue el asesino de su padre. Ojalá se muera en la cárcel sentenció ante el tribunal. La identificación in situ del asesino de Fernando Múgica por parte de José María no fue la única, pues a ésta se sumó la de otro testigo- -propietario de un coche que Txapote le hizo abandonar a punta de pistola- -que renunció a la protección que la ley concede y, mirando a los ojos al acusado, sin temblarle un ápice la voz, dijo: Sí, es él Mientras, García Gaztelu paseaba como un león enjaulado por una sala blindada de apenas ocho metros cuadrados. Antes de la prueba testifical, en la que comparecieron 15 personas, la mayoría ertzainas, Txapote se había negado a declarar, despreciando, una vez más (como ya hizo en los juicios de Caso y Blanco) la competencia y legitimidad de este tribunal para juzgarle. Sin embargo, sí aprovechó la ocasión para acordarse de los luchadores vascos y pronunciar en castellano circo mediático algo en lo que, en su opinión, se han convertido todas sus comparecencias. Fueron las únicas palabras que salieron de sus labios en la primera sesión del juicio oral, que hoy continúa. La mala memoria de lo etarras Txapote en el juicio, ayer pañeros del comando Donosti que comparecieron como testigos: Valentín Lasarte, quien, pese a haber confesado ante Garzón cómo se produjo este asesinato, ayer demostró una repentina falta de memoria Irantzu Gallaste- El fiscal emplazó a Txapote a que aprovechara la vista oral para rechazar públicamente la violencia Txapote rechazó también la oportunidad que le brindó el fiscal- jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, para mostrar públicamente su arrepentimiento y condenar la violencia. Zaragoza también ofreció esta posibilidad a los tres etarras (dos de ellos com- SU DERROTA, UN PUNTO MÁS EN NUESTRO CAMINO RUBÉN MÚGICA L a Audiencia Nacional juzga, entre ayer y hoy, a Francisco Javier García Gaztelu, al que los suyos, sin que a mí me interese por qué, llaman Txapote lo juzgan ahora como autor material del asesinato de mi padre, Fernando Múgica Herzog, ocurrido el 6 febrero de 1996. Escribo estas líneas mientras juzgan al asesino, al que sólo he visto durante unos instantes. Prefería quedarme fuera. No tenía ninguna gana de ver el rostro del criminal. Para qué, me preguntaba. Mi familia conoció en Europa la persecución nazi y los campos de concentración; conocimos después la persecución franquista, y ya luego el régimen nacio- nalista vasco y la crueldad de su instrumento criminal, llamado ETA No tenía ninguna gana de ver el rostro de Txapote pero tampoco ninguna necesidad; es el rostro del criminal, y en mi casa ya sabemos cómo es. Mi familia dijo, hace diez años, que ni olvidaría ni perdonaría. Algunos pensaron que tal reflexión era fruto del acaloramiento del momento, justo cuando despedíamos a mi padre en la Casa del Pueblo de San Sebastián, que él ayudó a levantar para decir a los terroristas que los socialistas vascos reivindicábamos nuestro derecho a ser y estar en Euskadi, y que ellos, los criminales, habían de ser expulsados de la sociedad a la que ofendían. Hoy, diez años después, insistimos en que ni olvidamos ni perdonamos; hoy terminamos de cumplir la promesa que hicimos: contribuiríamos a destruir al criminal que asesinó a mi padre, y a tantos padres. Pero no termina aquí nuestro trabajo. La generación de mi abuela nos transmitió los nombres de los nazis que persiguieron a los judíos. La generación de mi padre y de mi tío Enrique nos transmitió los nombres de los franquistas que persiguieron a los demócratas en España. Y mis hermanos y yo transmitimos a los nuestros los nombres de los criminales que han perseguido en Euskadi a quienes no somos nacionalistas ni nada queremos de ese régimen complacido y grasiento que ha maltratado a las víctimas, obteniendo ventaja tramposa de cada crimen; no hay partes que puedan sentarse a hablar, sino una espesura criminal arrojada sobre ciudadanos indefensos. Txapote derrotado, vuelve a su celda, donde ensayará gestos con los que in- sultar a los familiares de sus víctimas. Pierde el tiempo con mi familia; no hemos venido a ver sus muecas, sino a liquidarlo, anunciando que morirá en la cárcel de la mano de su infinita indignidad. Pero su derrota es sólo un punto más en nuestro camino. Cumplimos con nuestra obligación, y, junto con otros muchos, decimos que no hay nada de qué hablar con los criminales; que han de permanecer en la ilegalidad; que no pueden volver a las instituciones; que han de ser perseguidos y ajusticiados. Que ha de haber vencedores y vencidos, porque sólo de tal forma se hará justicia con los asesinados, y porque será así como la sociedad seguirá proclamando su decencia. No nos basta la paz a secas; sólo la libertad nos hará iguales. En eso estamos la viuda y los hijos de Fernando Múgica, preservando su nombre y preguntando quién y cómo liderará el combate contra ETA al día siguiente de constatar que los terroristas nos están engañando nuevamente.