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ABC VIERNES 21 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL MODELO MARBELLA AS dimensiones descomunales del escándalode Marbella, la escaladesmesurada del latrocinio allí instalado- -ante la pasividad de unas autoridades que ahora se hacen las sorprendidas- -y las aparatosas repercusiones mediáticas de todo esa circense astracanada político- judicial sirven muy adecuadamente para proveer de combustible a la insaciable maquinaria de consumo de opinión pública, pero esconden tras su humareda la existencia de un problema real de calado mucho más hondo que el de este espectáculo delujo y corrupción tangrato a las masas. Y ese problema no es otro que la extensión generalizada de un modelo de crecimiento económico basado en la venalidad de las instituciones públicas al amparo de la preIGNACIO sión inmobiliaria y de la faCAMACHO cilidad con que el uso a medida del urbanismo genera plusvalías irresistibles capaces de socavar el sistema político. Marbella es sin duda el fenómeno estelar, unaverdadera cleptocraciasobre cuya permanencia en el tiempo alguien tendrá que dar explicaciones algún día, pero en materia de corrupción unos llevan la fama y otros cardan la lana. El litoral español y los grandes núcleos de población interiores se encuentran ahora mismo ante el desafío de un poder paralelo con una arrolladora capacidad de penetración. El poder del ladrillo, de la especulación urbanística. Y se trata de un reto que compromete el equilibrio territorial, pero sobre todo afecta a la capacidad de las instituciones para respetar los mecanismos de legalidad, garantías e interés público, que están sufriendo una auténtica demolición ante la permeabilidad que sus gestores muestran a la tentación del dinero fácil. Ningún partido se halla a salvo de este asalto a la integridad del poder; basta ver en los periódicos el rosario de denuncias y condenas que salpican de manera transversal toda la geografía física y política del país. Pero hay un fenómeno particularmente inquietante ante el que nadie parece darse por enterado, que es el de la proliferación de partidos- caja, de agrupaciones al margen de la política convencional- -camufladas bajo la seductora etiqueta de independientes -cuya función exclusiva es la de exprimir su presencia en las instituciones locales para obtener un lucro ilegítimo. Beneficiadas por una ley electoral que los grandes partidos no tienen el coraje de cambiar, estos grupos aventureristas están convirtiendo los ayuntamientos en cuevas de Alí Babá. Pero no están solos en la rapiña. Las necesidadesfinancieras de los municipios han abierto la vía de legitimación para la venta de suelo en un mercado bajo sospecha del que muchos dirigentes sacan lujosos planes de pensiones para su retiro político, y del que los propios partidos obtienen un beneficio subterráneo queescapa al control institucional. En el vertiginoso crecimiento de la construcción se están amasando muchas fortunas ilegítimas. Unas a base de comprar voluntades, y otras a base de venderlas. Lo hemos visto en Marbella con la forma de una apoteosis de la codicia. Pero hay muchas marbellas ocultas bajo el horizonte de grúas en que se ha convertido el paisaje de España. L EL PAÑUELITO DE PETAZETA D EBATÍAMOS un querido y admirado colega y un servidor- -en una mesa de Casa Bigote de Sanlúcar de Barrameda, donde toda excelencia es siempre posible y donde el atún mechado está causando estragos este verano- -acerca del juego de miradas con las que José María Aznar despacha últimamente a Mariano Rajoy. De haber sido uno de los dos el responsable de ilustrar la portada de un periódico, hubiésemos tenido muy fácil escoger una fotografía que resumiese la suficiencia y el enfado con los que el monclovita anterior observa de reojo al candidato actual. Muy fácil. A González le vino a pasar algo parecido con los suyos: a Borrell lo machacó, a Almunia lo difuminó y de Rodíguez Zapatero decía- -y dice- -auténticas pestes así pasaron unas semanas. Me proponía yo escribir un suelto guasón e hiriente CARLOS sobre la frialdad sobreañadida de HERRERA Aznar y el cabreo nada disimulado que tiene con Rajoy- -pensará que se esfuerza poco, que contempla demasiado o que se está volviendo timorato- -y me frotaba las manos pensando que podía despachar el artículo en las próximas dos horas y disponer de la mañana del jueves para perderme por Cádiz y acabar en la exuberante barra de El Gitano Rubio esa en la que conviven meros del tamaño del novio de La Sirenita. Pero hete aquí que va el presidente del Gobierno de la undécima potencia industrial y bla, bla, bla, y se coloca, en plena crisis internacional, en pleno conflicto bélico en Oriente Medio, un pañuelo palestino al cuello para fotografiarse con unos jóvenes defensores de la causa. De la causa palestina, por supuesto. No sé si de la causa de Hamás o la de Hezbolá o la de la gente sin más, sin hogar, sin país, sin gobernantes normales. Se lo coloca, pone esa su sonrisa de póster que le acompaña en sus momentos más inanes y posa para la posteridad de occidente con la kefya al cuello. Adiós primera idea. Vamos con la pañoleta. El ministro de exteriores de España, Moratinos, que sabe lo que vale el paño, ha tardado décimas de segundo en saltar a los medios y desplegar su capote diplomático dándose cuenta de dónde se ha metido su original y simpático señorito, pero ni por esas ha conseguido amortiguar la inoportunidad de un gesto absolutamente innecesario. Que a Rodríguez Zapatero le gusta poco o nada que Israel esté donde está y se defienda de lo que tiene que defenderse resulta tan obvio como buena parte de sus discursos. Que es solidario con la causa de países en los que la democracia brilla por su ausencia se evidencia en las manifestaciones que ha puesto en marcha- -a través de su partido- -contrarias a Israel y a su derecho a pelear con quienes le hacen volar por los aires a una parte de su población. Que no tiene ni puñetera idea de política internacional y que no le importa que se sepa está tan claro como la bobada impulsada desde su gabinete de ideas llamada Alianza de Civilizaciones. Pero que comprometa la posición internacional de la undécima potencia y bla, bla, bla con irresponsabilidades que no se les ocurren más que a Hugo Chávez y a toda esa chusma de gobernantes es comprometer de forma muy delicada a todos aquellos representantes españoles en el exterior que procuran mantener una delicada posición de equilibrio y concierto en un endemoniado conflicto que, evidentemente, no se soluciona con fotografías. Alguien con confianza debería explicárselo. Rodríguez Zapatero debería evitar parecerse a los grumos de PetaZeta, esos que provocan una inmediata efervescencia en la boca pero que al segundo se quedan en nada. En nada de nada. Por el bien de todos. www. carlosherrera. com