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94 JUEVES 20 7 2006 ABC Deportes Pereiro y Sastre provocan la catarsis El gallego es de nuevo el líder por delante del abulense, que hundió a Landis con su ataque J. GÓMEZ PEÑA LA TOUSSUIRE. La etapa del renacimiento del ciclismo español comenzó de noche. Como en los Tours antiguos. Pero no sobre la bicicleta, sino al teléfono. Pedro Delgado llamó a Pereiro. Come en los últimos 500 metros del penúltimo puerto y luego ataca en el descenso. Arriesga para que así los otros no puedan comer Perico tiene archivados en su memoria mil trucos, mil escenarios. Pereiro, que ahora lleva la piel del segoviano- -la del Reynols, el Banesto y hoy el Caisse d Epargne- grabó el mensaje. Al tacto de ese consejo le puso velocidad a su ambición. Se alimentó antes, entre jadeos, de llegar a la cima del col de Mollard y luego mandó a Zandio llenar de vértigo la bajada. Batiendo pedales, uniendo curvas sin dejar que las manos rivales se soltaran del freno para comer. Fue un descenso a todo volumen, en el mejor escenario: la etapa reina del Tour. Una jornada gigante que creció aún más en la subida a La Toussuire. Landis, líder hueco, buscó refugio es una esquina del grupo. Mirada esquinada. Pereiro le había vaciado. Y otro español, Sastre, descifró la derrota en esa mueca del americano. Le decapitó de inmediato. Armó su figura de escalador viejo y fue por la etapa y el liderato. En las dos metas quedó segundo. No alcanzó la etapa porque no le dio tiempo a coger a Rasmussen. Y no es líder porque detrás Pereiro volvió a reclamar el amarillo. La primera vez lo había recogido por suerte, por una cesión de Landis. Ayer no. Ayer fue por él. Es casi suyo: tiene dos minutos sobre Sastre y dos y medio sobre Kloden. Entre Pereiro y París, sólo quedan la subida hoy al Joux Plaine y la contrarreloj de mañana. Las sensaciones de Echávarri José Miguel Echávarri, padre deportivo de Delgado y director de Pereiro, andaba entrando y saliendo de ese sueño en la meta de La Toussuire. Tengo la misma sensación que en 1983 Ese eco. Fresco. De aquel Reynolds casi anónimo que rescató al ciclismo español de las galeras. Del arrojo de Delgado, que pegó a España al televisor, y de la chepa de Arroyo, segundo en el podio de los Campos Elíseos. Ahora se llaman Pereiro y Sastre. Los autores de la segunda revolución. Entre todos regalaron media hora a Pereiro en la decimotercera etapa: el tiempo para una resurrección. Hace justo medio siglo, un error así le dio a Roger Walkoviak el triunfo más inesperado de la historia del Tour. La Grande Boucle se recrea en sus leyendas. Eso sí, a lo grande. Ciclismo antiguo en una cima de estreno, La Toussuire. Antes, Landis se había disfrazado de camaleón. Su piel era verde, del Phonak, y con ella subió por el desierto del Carlos Sastre entró segundo en la meta y se coloca segundo del Tour, a 1: 50 de Pereiro Galibier. Luego recurrió a la metamorfosis al quedarse huérfano de equipo. Se hizo del CSC, de los colores de Sastre, en el Glandón y la Croix de Fer. A su rueda. Y en el col del Mollard se vistió del Caisse d Epargne, la epidermis de Pereiro. Siempre quieto, como esperando para lanzar la lengua y atrapar el Tour. Todos le temían. Era el depredador del Tour. Pero la selva de esta carrera no merece por rey a un reptil. Sastre vio a Landis buscar refugio en la sombra. Entumecido. El abulense de adopción fue un resorte. Aullido. De repente, el Tour quedó vacante. En- EPA El Tour repescó a 90 corredores, ya que sólo 67 llegaron dentro del cierre de control tre los jadeos, uno chirriaba. Sin aire. Landis era una vela amarilla que se apagaba. Sastre ya no paró. La ambición le había sacado a bailar. Pronto escarbó medio minuto entre él y un trío: Kloden, Pereiro y Evans. Cerca, Menchov reducía pérdidas. Lejos, Landis portaba un maillot postizo. El pú- blico le aplaudía con pésames: en 12 kilómetros perdió casi nueve minutos en relación a Sastre. Y todo el Tour. Tanto tiempo bajo el yugo de Armstrong, al Tour le costaba emocionarse. Ayer lo hizo. Le sacó de la siesta Sastre. Y le levantó de la silla Pereiro, que había sido por un día líder regente y que, desde ayer, es monarca. Y un dato: en la contrarreloj Kloden aventajó en sólo 28 segundos a Sastre y en 58 a Pereiro. La revolución del ciclismo español, cuestionado por la Operación Puerto tiene cita en París. Sólo falta poner nombre: Pereiro o Sastre.