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ABC JUEVES 20 7 2006 11 Acebes acusa a Blanco de organizar bandas de camorristas para silenciar el mensaje del Partido Popular La patronal navarra denuncia la existencia de nuevas cartas de ETA, la tercera remesa desde el alto el fuego Las declaraciones del ex alcalde podrían desembocar en una tercera fase de la operación Malaya sa una orden de detención. Por lo que se refiere a Aifos, con las de ayer son ya cuatro las detenciones de sus directivos por su relación con la trama de Marbella. Tras el arresto a principios de mes en la segunda fase de la Malaya de su director comercial, Francisco García Lebrón, ayer era el turno del presidente, Jesús Ruiz Casado; del director general, Jenaro Briales y del director financiero, José Andrés León. Según la Fiscalía, durante el periodo investigado (de 2002 a febrero de 2006) esta sociedad habría pagado cuatro millones de euros al ex asesor de Urbanismo, Juan Antonio Roca, según consta en la documentación intervenida por la Policía. Precisamente esa misma cantidad es la que supuestamente habría abonado el empresario de la Plaza de Las Ventas, Fidel San Román, por un convenio urbanístico. Momento de la salida de Julián Muñoz, custodiado por la Policía entre la expectación de los medios de comunicación Cambio de declaración Las fuentes consultadas aseguran que estos últimos arrestos de ejecutivos tienen mucho que ver con las declaraciones realizadas ante el juez por el director comercial de la empresa, que ante la perspectiva de una inminente entrada en prisión decidió cambiar su testimonio de forma fulminante e incluso renunciar al abogado que le había puesto la compañía para ponerse en manos, en esa segunda declaración, de un abogado de oficio. Hay que recordar que los únicos registros que se realizaron en la operación de principios de mes fueron en las sedes de Aifos y que se intervino abundante material informático. Ayer, se practicaron en la vivienda de Julián Muñoz- -se prolongó durante más de cuatro horas- -y en la del ex concejal andalucista Pedro Pérez, en donde se intervino un ordenador para su análisis. Las fuentes consultadas por este periódico aseguran que técnicamente las detenciones de ayer no son una tercera fase de la Malaya sino flecos de la segunda. No obstante, la detención de Muñoz sí podría desencadenarla. EFE MOCIÓN CULPABLE IGNACIO CAMACHO L impacto popular del colorín que pinta de rosa y amarillo la figura del Pantojo ha convertido la Operación Malaya en pasto de la tomatera nacional, pero hay un dato que subraya la condición política del escándalo: todos los participantes en la moción de censura contra Julián Muñoz, más el propio ex alcalde y algún otro edil de aquella Corporación, han sido detenidos, y la mayoría permanece en la cárcel. Difícilmente puede expresarse con mayor crudeza el carácter delictivo de una operación diseñada al amparo del marco legal vigente, pero que tenía como objetivo y fondo un auténtico designio de latrocinio organizado. Se trataba de una pugna por el botín de cientos de millones de euros en comisiones ilegales, cohechos, sobornos y E exacciones, en la que se reservaba a una institución, el Ayuntamiento de Marbella, la exclusiva función de máquina registradora. Elevado a la Alcaldía como mal menor tras la inhabilitación de Jesús Gil, Muñoz se creyó capaz de ponerse al mando de la maquinaria exactora, introduciendo retoques cosméticos mediante pactos con el poder de la Junta de Andalucía, en los que está por aclarar el papel mediador de Isabel Pantoja. Su error fue destituir por las bravas al gerente de Urbanismo, esa Roca madre de todas las recalificaciones, en lugar de encontrarle un plácido lugar al sol. Los desplazados no tardaron en reorganizarse, y perpetraron la censura como un auténtico golpe de Estado en la república bananera. Al negarse quizá a asumir un papel de arrepentido y colaborar con la justicia a cambio de una pena pactada, Muñoz ha acabado con las esposas puestas justo al día siguiente de salir absuelto de una minucia urbanística de los tiempos del protogilismo. Por el contrario, la desaparición del concejal andalucista Carlos Fernández, en paradero desconocido y con orden de busca y captura, alimenta las especulaciones sobre su posible rol detonante de la catarsis anticorrupción. Pero que nadie se equivoque: la detención del Pantojo no es la tercera fase de la Operación Malaya. Esa tercera ola, si llega, será un tsunami que devastará las playas del escenario político andaluz, en el que no es verosímil la inexistencia de responsabilidades durante una década y media de cleptocracia marbellí. La verdadera caja de Pandora aún no se ha abierto, y está por ver si el juez alcanza a disponer de los datos, la oportunidad y el coraje para destaparla.