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ABC MIÉRCOLES 19 7 2006 Cultura 61 Ninguna institución del Estado o de la Junta de Andalucía ha organizado acto alguno en recuerdo del escritor Mi padre ha sido olvidado por motivos políticos y por eso no se le ha favorecido lamenta Cristina Pemán No estuvo nunca adscrito a nada y menos al falangismo señala José Joaquín de Ysasi Isasmendi nez. Recuerda Cristina Pemán que el corazón de su padre sigue siendo tan generoso y grande que desde la cripta de la catedral donde descansa junto a su admirado Manuel de Falla ha cedido dos habitaciones de su Casa Museo al insigne compositor: Nos une una estrecha amistad con la familia Falla, heredada de la que mantuvieron los dos genios añade su hija. Como trabajaba a destajo y apenas se levantaba de su sillón de escritor, su médico le recomendó que saliera, aunque él paseaba habitualmente con su esposa. Y se apasionó por el cine. Cualquier espectáculo que le pasan a uno delante de los ojos sentado es siempre agradable sostenía Pemán. Solía repetir la visión de algunas películas y a Madrid acudía en octubre y febrero a todos los estrenos teatrales: ¡Qué harán las personas que no van al teatro! reflexionaba desde la sabiduría centenaria de su memorable Séneca. Gran viajero y educador sin sermones A Pemán le gustaba viajar y su hija Cristina le acompañó en muchísimas ocasiones. Nos educó maravillosamente, sin sermones, aunque yo en alguna ocasión me atreví a apuntarle, desde mi más profundo cariño: Vanidad de vanidades, no te vuelvas tonto Mi padre era un ser muy afable y adoraba a nuestra madre, María del Carmen Se conocieron en Jerez, ella a lomos de un caballo blanco y él a la grupa de un corcel torcido y maltrecho recuerda Cristina Pemán. José María Pemán hablaba y creaba divinamente en verso y en prosa. Su primer poema colegial lo pergeñó a los siete años: Le hicieron escribir 100 palabras al derecho y 100 al revés y no falló evoca su hija. Poseía una memoria impaciente y prodigiosa por aprender nuevas cosas. No se nos olvidará, ni a mis hermanos ni a mí, cuando nos reunía en casa para leer la obra de teatro que acababa de escribir. Mi madre, tras escucharle, le decía sobre alguna frase o pasaje: José María, eso es una tontería Y él obedecía Cuando Su Majestad el Rey le impuso el Toisón de Oro le preguntó a su hija Cristina: ¿Ha quedado contento con el Toisón o hubiera preferido algún título? Y yo le dije: Señor, un Toisón es una condecoración única. Está muy agradecido El día en que murió José María Pemán había auténtica pena popular. ¡No empuje usted, que llevamos aquí toda la noche y también nosotros queremos llegar! le espetaron a Cristina Pemán cuando trataba de acariciar la tumba de su padre. El divino literario sigue vivo entre nosotros. Y su obra. El escritor Mickey Spillane, en una imagen de 1958 EPA Libre para que nadie me copie En una de sus habituales tertulias familiares, una de sus hijas le preguntó a don José María: Papá, ¿tú eres del Opus Dei? A lo que El señor Pemán -como cariñosamente solían llamarle entre ellos sus hijos- -contestó: No. Soy católico, apostólico y romano y tengo que ser libre para que nadie me copie mi vida Esa libertad le llevó a una popularidad de la que muchas asociaciones o grupos quisieron apoderarse, pero que no lograron: Pemán fue un ser libre toda su vida. Y un hombre metódico, según revela su hija: Se levantaba muy temprano y tras la misa de ocho se retiraba a su biblioteca. Por las mañanas escribía. Prolongábhamos el almuerzo con una tertulia familiar y en cuanto podía regresaba a su despacho. Leía durante toda la tarde. Le apasionaba la lectura El lunes, a los 88 años años de edad, murió en su casa de Carolina del Sur el escritor norteamericano, creador del exitoso detective Mike Hammer Spillane, novela negra para mentes blancas POR FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ José María Pemán ABC llas Terceras de ABC en las que, por suprema modestia, cuando encontraba un hallazgo genial tenía la suprema humildad de adjudicársela al Séneca, a su querido Fernando el de la jerezana Viña del Cerro. El Séneca era el paño de humildad que Pemán le ponía al púlpito de sus artículos, llenos de filosofía. En los que, como en una copla, cabía la vida, cabía la calle, cabía Kant, cabía Aristóteles, cabía Gracián, cabía la Enciclopedia Francesa... y hasta el Juan Sebastián Elcano con todo el trapo largado. Memoria de un tiempo, gracia de una donosura literaria única, tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un maestro del artículo literario como este Hércules fundador del género, el Pemán escritor de periódicos, verdadero Larra del siglo XX con acento gaditano y con la gracia inigualable de la Cuna de la Libertad. Como suele ocurrir en la selva de las letras, el escritor norteamericano Mickey Spillane- -fallecido de cáncer a los 88 años en su casa de Carolina del Sur- -fue querido por millones de lectores y odiado por la crítica. Un dato que a él parecía importarle poco, porque, como solía decir, siempre se comerán más los cacahuetes que el caviar Spillane había nacido en Brooklyn y dejó de estudiar para escribir historietas en revistas baratas y guiones de comics legendarios, como el Capitán Marvel. Instructor de pilotos de combate durante la II Guerra Mundial, se vio catapultado a la fama con una novela negra mítica: Yo, el jurado que escribió en sólo nueve días, a la que siguieron enseguida otras con el mismo protagonista, Mike Hammer, un vengador violento, anticomunista, políticamente incorrectísimo, visceral y machista, que no cree en más justicia que la que puede tomarse por propia mano, y mata sin remordimientos ni pérdida de sueño. Se ha dicho de Hammer que es la contrafigura de Philip Marlowe, algo que es inexacto porque sería comparar a un caballo con una serpiente de cascabel. Especies distintas. Spillane podía escribir una novela en dos semanas sin corregir nada. Un mérito dudoso, pero que da idea del vértigo que imponía a sus tramas. Las ideas y actuación de Hammer encajan con el subconsciente de unos EE. UU. que se sentían amenazados por el eje del mal de turno en la Guerra Fría. Son un reflejo de la reacción ultraconservadora y ciegamente nacionalista de los años 50, no muy diferente en muchos aspectos de la actual. Su literatura populista y maniquea, de blanco o negro, iba dirigida a la América profunda de excombatientes reaccionarios y bebedores de cerveza que se aburría leyendo las historias interminables y enrevesadas de los novelistas profundos En el apogeo de la fama, entre 1953 y 1961, Spillane se hizo Testigo de Jehová y dejó de publicar. Seguramente no le gustaba escribir, porque, aunque retomó la saga de Hammer, volvió a dejarla en 1973, hasta casi el fin de sus días, para dedicarse a hacer publicidad en TV de una marca cervecera. No tengo fans- -decía- sólo lectores. Y los lectores son mis amigos Se jactaba de ser el escritor más leído del mundo después de Lenin, Tolstoi, Gorki y Julio Verne. Y ésos ya están muertos añadía. Ahora él también se ha reunido con ellos. Descanse en paz.