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ABC MIÉRCOLES 19 7 2006 57 Henry Moore desembarca en CaixaForum de Barcelona con una gran retrospectiva que reúne 160 obras Al cumplirse 25 años de la muerte de Pemán, su familia denuncia el silencio institucional en torno al escritor EL AMOR POR LAS COSAS JAVIER PORTÚS Conservador del Museo del Prado SIGEFREDO SIGEFREDO acontecimiento histórico, porque es una de las colecciones especializadas más importantes y porque cubre una laguna histórica del museo, que ahora se completa de forma definitiva. Sólo con algunas de estas obras seríamos plenamente afortunados, pero hemos tenido más suerte. Tenemos 40 obras de todas las variantes del bodegón español, en perfecto estado de conservación, y entran diez nuevos artistas en el Prado. Es un auténtico botín lo mires por donde lo mires Satisfacción que compartió Francisco González, presidente del BBVA. El Prado ha aprovechado esta oportunidad única para saldar una deuda pendiente con este género, denostado durante tanto tiempo. azones históricas y de gusto hicieron que durante mucho tiempo el bodegón español haya estado insuficientemente representado en el Museo del Prado. Una afortunada serie de donaciones y legados, así como varias compras oportunas sirvieron para paliar la situación, y el Museo muestra desde hace varios años una colección que contiene algunas obras maestras de un género que cada vez interesa más a los historiadores y al público. Esa labor se completa ahora con la incorporación de cuarenta obras de la colección Naseiro, el conjunto de bodegones más importante y coherente que existía en manos privadas. Hay que destacar la alta calidad del conjunto, así como su satisfactorio estado de conservación. Pero en esa colección existen varias obras o grupos con un valor especial, que procede de su rareza y belleza. El Bodegón con alcachofas de Van der Hamen, es una obra maestra, y su refinamiento lo convertirá en una pintura muy apreciada por el público del museo, pues no deja a nadie indiferente. Es una obra en la que empleó su autor toda su sabiduría a la hora de componer y de relacionar los objetos entre sí; que es lo mismo que hizo Juan de Espinosa en su Bodegón con uvas, frutas y jarra de barro uno de los bodegones más complejos y mejor resueltos de su época. También tienen un interés notable las cuatro pinturas de Juan Fernández el Labrador, que representan racimos de uvas y constituyen el conjunto más importante de cuadros de este pintor famoso en su tiempo, pero de escasa obra conocida. Otras incorporaciones de gran valor son los cuatro cuadros de Camprobín, del que El Prado no poseía ninguna obra, y que incluyen un Cesto con melocotones y ciruelas que es de lo más delicado que ha llegado hasta nuestros días; o las siete obras de Tomás Hiepes, que demuestran una asombrosa variedad temática. Arellano, Ponce, Meléndez y varios pintores más están representados también con obras de gran calidad, que se complementan muy bien con las ya existentes, de manera que se puede afirmar que tanto por su calidad como por su representatividad la colección de bodegones del Prado está a la altura que se espera de una institución que se indentifica tan estrechamente con la pintura española. R Escultura en madera de Eugenio Santoro SIGEFREDO Exponen la colección de arte de locos, niños y delincuentes de Dubuffet El Círculo de Bellas Artes acoge Art brut: genio y delirio hasta el final del verano b El pintor dio nombre a la corrien- te brut que busca el arte entre las personas desprovistas del uso de razón. Especialmente las encontraba en prisiones y manicomios ELENA D. DAPENA MADRID. Una exposición de arte realizado por delincuentes, enfermos psiquiátricos, presos y niños ha llegado a nuestro país. Quizá suene más grotesco que atractivo, o puede que la idea de recorrerla seduzca únicamente como experimento psico- sociológico, pero basta un paseo por Art Brut: genio y delirio para caer en la cuenta de que no sólo se trata de auténtico arte, sino que esta colección exhibe un tipo distinto- -y de gran intensidad- -de belleza: la hermosura oculta tras la sinrazón. Aunque no era la belleza lo que perseguía su impulsor, Jean Dubuffet, cuando empezó a recopilar las obras de Art Brut a finales de la Segunda Guerra Mundial. El francés quería encontrar el genio en estado puro, más allá de las normas, de los estándares de belleza que asimilamos como miembros de una sociedad civilizada. Convencido de que él ya se hallaba contaminado se dedicó a la búsqueda de personas desprovistas bien de cultura, bien de razón; quería autores- -en el Art Brut no existen los artistas, porque no son conscientes de que realizan arte- -que se expresasen directamente de los humores internos al exterior, sin filtros organizadores, sin prejuicios académicos. Así, tras la filosofía del arte en bruto no se encuentra la belleza- -aunque, al final choca con ella- sino el ingenio, la valentía, el delirio, los valores espontáneos. ¿Dónde hallarlos? Sobre todo, en cárceles y manicomios. Pintura, escultura y collage La muestra expuesta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid- -desde ayer y hasta el final del verano- -es sólo una parte de la colección de Lausanne (Francia) que continuadores de Dubuffet han seguido incrementando. A España han llegado sesenta y cinco obras, entre pinturas, esculturas y collages, de doce autores. La mitad de ellos se han convertido ya en clásicos de este tipo de arte, mientras que los otros seis son autores actuales. El delirio es el único factor común de esta corriente artística, que, conscientemente, ni pretende ser corriente, ni llamarse arte. No piensen, tampoco, que se trata de cuatro manchas y otros tantos garabatos sin sentido. En Genio y delirio pueden encontrar desde cuadros con textos del Quijote como excusa, hasta lienzos de suaves formas azules- -siempre azules, pues su autora sólo pintaba con bolígrafos- pasando por increíbles esculturas elaboradas únicamente a base de conchas marinas y esmalte de uñas. Los autores seleccionados para esta muestra son Alöise Corbaz, Carlo Zinelli, Adolf Wölfli, Madge Gill, Curzio di Giovanni, Eugenio Santoro, Josef Hofer, Kunizo Matsumoto, Laura Pigeon, Nek Chand, Paul Amar y Reinhold Metz.