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24 MIÉRCOLES 19 7 2006 ABC Internacional Policías de frontera israelíes y ambulancias llegan al barrio de Nahariya donde cayó ayer un misil Katiusha lanzado desde el Lïbano y que mató a un civil AFP Israel pisa el acelerador en su ofensiva bélica mientras se intensifica la presión diplomática Un centenar de Katiusha cae sobre las ciudades de Haifa, Safed, Nahariya y mata a un israelí b La aviación hebrea destruye cuatro camiones con armas procedentes de Siria. El Tsahal descarta visitar Damasco por ahora pero no invadir el Líbano JUAN CIERCO. CORRESPONSAL HAIFA. Tarde o temprano, habrá alto el fuego. Esta conclusión, difícil de airear bajo el eco de las bombas israelíes que borran el Líbano del mapa, difícil de asumir bajo el fuego indiscriminado de los cohetes Katiusha que lanza Hizbolá, no tiene discusión. Falta saber cuándo se pasará de los pronósticos a las palabras y de las palabras a los hechos. Para que ese itinerario se cumpla lo antes posible trabajan a cámara lenta los diplomáticos internacionales, a quienes les costó su tiempo ponerse el reloj en hora. Kofi Annan se desplaza a Bruselas; Javier Solana lo volverá a hacer en breve a Oriente Próximo; a Condoleezza Rice se le espera en la región. Todos con ideas, con propuestas, con exigencias bajo el brazo, como las que trajeron ayer a Jerusalén los representantes de la ONU, que se reunieron primero con la ministra de Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni; después con el jefe del Gobierno, y eso que había dicho que no tenía tiempo para verles, Ehud Olmert. Una y otro, por este orden cronológico que no en el escalafón, estrecharon las manos de sus interlocutores, les invitaron a sentarse, les escucharon con atención pero, llegado el momento, les dejaron las cosas cristalinas: Tenemos que acabar con Hizbolá, con sus infraestructuras militares, con su control del sur del Líbano y con su cadena de mando, del primero al último, incluido el jeque Nasralah Conclusión: no debe descartarse el despliegue de una fuerza internacional en el sur del Líbano, aunque Israel no lo mire con buenos ojos; el alto el fuego llegará tarde o temprano, tanto por las presiones de la diplomacia internacional como por las necesidades sobre el terreno, pero antes, en los próximos días, en una o dos semanas, el Tsahal tiene que terminar lo comenzado. Llamada a los reservistas El Ejército israelí pisa pues el acelerador sin tener en cuenta los límites de velocidad (tampoco la vida de los civiles inocentes) en dirección única: destino Hizbolá, del que ya se ha destruido, según las estimaciones de Tel Aviv, entre el 50 y el 60 por ciento de su arsenal. Para ello llama a más de mil reservistas de tres batallones; para ello bombardea hasta 52 objetivos en todo el Líbano, de norte a sur, de este a oeste, en menos de 24 horas, con un resultado de más de cincuenta muertos; para ello acantona tropas junto a la frontera porque nunca se sabe; para ello destruye cuatro camiones con armas procedentes de Siria; para ello cuenta con el apoyo del 81 por ciento de los israelíes, decididos, como sus militares, como sus políticos, a no dejar la tarea a medias. La consigna, no parar hasta poder decir: Hemos ganado Ni siquiera la lluvia, intensificada ayer, de cohetes Katisuha sobre el norte de Israel (once cayeron en Nahariya, donde murió un hombre inocente al ser alcanzada su vivienda; nueve en Haifa, uno impactó contra el mismo taller de trenes en el que el domingo murieron ocho trabajadores; cinco en San Juan de Acre, y varias decenas más, hasta casi cien cohetes, sobre las ciudades de Safed, Maalot, Carmiel, Tiberiades... les hace dudar. Su consigna, idéntica a la de sus soldados, apoyar