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40 Madrid CAOS EN EL CENTRO LOS AFECTADOS MARTES 18 7 2006 ABC Tras el incendio del domingo, el corte de suministro eléctrico prosiguió ayer para gran parte de Argüelles Las pérdidas serán muy fuertes TEXTO: MARIO DÍAZ FOTOS: FRANCISCO SECO MARIO DÍAZ MADRID. Todo está para tirar, todo se lamentaban ayer, abatidos, en la cafetería y heladería Jamaica, en la calle Marqués de Urquijo, en Argüelles. Cuando llegaron ayer a trabajar, a las 7.45 horas, respiraron aliviados: el corte de suministro a miles de clientes de Moncloa, Chamartín, Centro y su propio distrito, tras el incendio de la subestación de Iberdrola del domingo, parecía que ya era historia. Falsa impresión: diez minutos después se fue la luz, y ya no volvió en toda la mañana. Entre no poder abrir y lo que hemos tenido que tirar habremos perdido unos 4.000 euros calculaba con semblante serio el responsable del café en la semioscuridad del local. Su desgracia era compartida, ayer por la mañana, por cientos de vecinos y comerciantes de estos cuatro distritos, sobre todo de Argüelles: tras el caos nocturno del domingo, ayer se realizaron cortes selectivos en la zona para reparar las líneas dañadas, provocando pérdidas temporales de electricidad a unos 7.000 clientes, según la compañía. A estos clientes, al enfado de la falta de servicio se le unió la confusión por la falta de información de Iberdrola sobre cuándo volvería el suministro. Ayer, en Argüelles, circulaban versiones de todo tipo sobre la hora a la que se reanudaría, muchas facilitadas por la propia compañía- -según los comerciantes- aunque Iberdrola sólo aseguró oficialmente que lo haría a lo largo del día. Cuidado, que no funciona el semáforo advertía Esperanza a su madre en la calle Princesa. En algunos cruces, agentes de la Policía se afanaba en ordenar el tráfico, pero no en todos, y ayer no era raro ver en Argüelles a algunos peatones pidiendo a los coches, mano en alto, que se detuvieran para dejarles pasar en un paso de cebra. Antonio Castaño, empresario y vecino LA ESTRELLA ERA MORENTE JESÚS GARCÍA CALERO Nunca pasó nada igual Ponte gafas de sol al salir: tras toda la mañana a oscuras puede hacer daño tanto sol recomendaban al recepcionista del hotel Tirol. José Luis Arche, el recepcionista, no estaba para bromas. Ayer por la mañana no sólo faltó en el hotel la luz, también el aire acondicionado, el teléfono, el suministro para los ordenadores y la seguridad, los frigoríficos... Está todo inutilizado, las pérdidas serán fuertes, se han ido clientes por no poder atenderles como es debido; nunca pasó nada igual El hotel, como tantos otros comercios y particulares de la zona, intentaron saber a través de Iberdrola cuánto duraría el apagón. Nos han dicho que igual tardan una hora que todo el día, que hacen lo que pueden se lamentaba Arche. Al menos ellos pudieron con- as estrellas son de fuego. Y Estrella Morente lo demostró la noche del domingo, sobre las tablas del Conde Duque. Llevaba apenas dos canciones cuando, súbitamente, el apagón sopló las velas de los focos y todo fue silencio, oscuridad, que se tragó la fuerza de las guitarras y las palmas, y su voz preciosa. Nos quedamos todos con el alma en un puño, en mitad de unas alegrías. Y volver, lo que es volver, como en el tango, la luz no volvía. El jueves, Estrella ya había tenido que posponer su recital por la lluvia. En un escenario de tinieblas, comenzó a brillar como el azogue una garganta. Bajito, bajito, hasta que se hizo el silencio. Ni corta ni perezosa: era Estrella, luz sutil que seguía, sin amplificación, con su sola voz contra la noche. Sin focos, hasta que una cámara prendió su antorcha. Por soleá, ay, cómo sujeta Estrella la soleá, ahí quedó demostrado. Ponía el vello de punta escucharla, o casi, porque atrás, donde no se la oía, pronto protestaron, para que no siguiera. Uno gritó con torpeza de tratante: ¡Esto no es profesional, no se oye! ¡Pues te callas! ¡vete a dormir! le respondió la grada. Una voce poco fa como decía Rosina en El Barbero de Sevilla. Ante la falta de unanimidad, la Morente decidió irse bailando con sandunga, deshojando la margarita del público. A esa hora sabíamos que andaba medio Madrid sin luz, pero que sí, que la queríamos. Por eso la gente aguantó, casi una hora. Y al cabo, Estrella volvió por sus fueros, como se había ido: Podrá diluviar, podrán quitarme la luz, pero yo estaré siempre aquí para cantar Sus palabras arrancaron la ovación que espantó todas las sombras. La música retornó y después del apagón tuvo su punto de cachondeo la canción de Gardel: Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno... Volver fue la propina, promesa de Estrella para una noche de fuego. L José Luis Arche, recepcionista Rocío López, vecina tactar con Iberdrola, otros muchos vecinos lo intentaron sin descanso y se toparon con la sobrecarga en la línea o con las disculpas del contestador. Como algunos otros establecimientos, este hotel decidió contratar grupos electrógenos particulares para recuperar el servicio. Lo intentaron ya por la mañana, pero hasta horas después no pudieron disponer de ellos. Están saturados explicaban. Bastaba contar el número de camiones que facilitaban electricidad en varios grandes comercios de la zona para constatar que era así: no todos se podían permitir perder un día de trabajo. No le quedó más remedio a Cristina, que en cuanto llegó a su consulta decidió que ayer no era día para atender a nadie. No tengo teléfono, ni aire acondicionado... ¡y con este calor! En cuanto cerró salió disparada a su casa para ver si aún podía salvar algo de la nevera. Estará todo para tirar, supongo que Iberdrola nos indemnizará confiaba. No se equivocó, según comentó ayer un portavoz de la empresa. Sin duda, muchos vecinos de la zona reclamarán: aparte de las molestias de no disponer de luz, teléfono, ascensor o aire acondicionado, kilos y kilos de alimentos han ido directamente a la basura. El pescado, al menos, no lo sal- Un restaurante, cercano a Hileras, en penumbra Balance provisional Tráfico y semáforos. El tráfico del domingo, muy escaso cuando se incendió la subestación, apenas se vio afectado, pese a que no funcionaban los semáforos. Ayer, la Policía se afanó en dirigir el tráfico en las zonas donde continuaron los cortes, aunque no había agentes en todos los semáforos. Vecinos. Unos 50.000 clientes de Iberdrola de los distritos de Moncloa, Centro, Argüelles y Chamberí se quedaron a oscuras tras el incendio de la subestación de la calle del Buen Suceso, lo que afectó a unos 250.000 madrileños. 7.000 usuarios sufrieron sus consecuencias también ayer en Argüelles. Espectáculos. Numerosos teatros, cines y salas de actuaciones y conciertos del centro se vieron afectados por el apagón del domingo. va nadie apuntaba Rocío, vecina de la calle de Benito Gutiérrez. Sin aire acondicionado en multitud de comercios, el abanico se convirtió en un buen remedio para combatir el calor, al menos el de los dependientes, porque muchos clientes huían al constatar la falta de refrigeración. Es un día perdido se lamentaba Isabel Camacho, abanico en mano, en su tienda