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ABC MARTES 18 7 2006 Internacional 29 VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO Miles de beirutíes de la zona sur buscan cobijo en escuelas y parques de la zona oeste de la ciudad que se han convertido de la noche a la mañana en improvisados campos de refugiados Refugiados en su propia ciudad M. AYESTARÁN BEIRUT. Puede entrar y hablar con una familia. Nada de fotos. Si los israelíes se enteran de que estamos aquí, vendrán a por nosotros Voluntarios de Hizbolá custodian la entrada al colegio Hawd Alwillaya. Un grupo de bomberos conecta la manguera de su camión a unos tanques de agua. La ropa está tendida en los balcones, algunos ancianos fuman apaciblemente pipas de agua y un grupo de mujeres perfectamente ataviadas con el heyab, preparan la cena bajo una portería de futbito. Niños por todas las esquinas juegan ajenos a los aviones que de vez en cuando se escuchan. Esta escuela, como muchas otras públicas y privadas de Beirut, han abierto sus puertas a los vecinos de los barrios del sur que huyen de la parte más afectada por los ataques en la capital. La mayoría viene de Bir Abed y Haret Huraik- -lugar donde se encontraba la comandancia de Hizbolá- -y han tenido que salir de sus casas con lo puesto, para escapar de los bombardeos diarios a los que ha sometido la aviación de Israel a sus barrios. Hemos vaciado el sur y llevamos dos días trayendo a la gente hasta aquí porque allí no se puede vivir, es como si hubiera ocurrido un gran terremoto informa Ahmed, uno de los responsables que ha enviado Hizbolá al colegio. Ibrahim Sulayman llegó ayer por la mañana con su mujer y sus tres hijos y piensa que esto puede ir para largo. Mi casa no está destruida, pero las bombas caen demasiado cerca, algunas además eran bombas de gas y los Niños libaneses en una escuela tratan de reflejar en una pizarra su visión de los bombardeos de Beirut ojos te picaban todo el día. Eso no era vida para mis hijos. Aquí estamos mejor, pero no seguros, porque Israel no respetará ni los centros para refugiados como éste. Con la excusa de que son lugares organizados y financiados por Hizbolá, cualquier noche nos matará a todos. Y lo peor es que a nadie le importará lamenta Ibrahim, propietario de una tienda de juguetes que sí ha resultado destruida. Hizbolá nos trae en autobuses. Hizbolá nos alimenta. Hizbolá nos trae los colchones donde vamos a dormir hasta no se sabe cuándo. Hizbolá nos da protección, ¿cómo pueden llamarles terroristas? Terroristas son ellos, y terroristas destructores, ¿se puede hundir a todo un país por el secuestro de dos soldados, cuando ellos tienen a tres de los nuestros desde hace veinte años? se pregunta Ibrahim. El círculo de personas que rodea al elegido por Hizbolá para ser entrevistado va creciendo y poco a poco los murmullos se convierten en gritos. Asesinos socorro, que alguien nos ayude que el mundo se entere de esto nos van a matar a todos y un lema por encima de todos, ¡Ala Akbar! ¡Alá es grande! En este colegio han encontrado refugio trescientas personas y en cada aula se reparten de dos a tres familias, se- REUTERS gún el número de integrantes. Cerca del centro, en el parque de Sanayeh, la situación es similar. En este lugar se concentran familias que aún no han encontrado sitio en los colegios y esperan un próximo traslado. En el caso del parque, los encargados de la atención a los refugiados son jóvenes de diferentes organizaciones políticas de Líbano. Saryoun Kantar es uno de los voluntarios y espera que el parque se vacíe cuanto antes porque en cualquier momento nos cae una bomba Escuelas y parques son ahora auténticos campos de refugiados donde miles de civiles escapan de unos barrios que han sido borrados del mapa.