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ABC MARTES 18 7 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR LUIS MARTÍ MINGARRO LOS ABOGADOS DE MADRID, ANTE UNA OPORTUNIDAD DE FUTURO Construir un marco estatutario adecuado que sirva para potenciar nuestra organización en su tarea de defender la independencia de los abogados es no sólo una exigencia de nuestros tiempos, sino una imperiosa necesidad M ADRID es una sociedad realmente avanzada y ejercer aquí la profesión de abogado tiene especiales exigencias y dificultades. Los abogados de Madrid tenemos mañana la oportunidad de ratificar el texto de los nuevos estatutos del Colegio de Abogados, que habrán de regir el futuro de nuestra vida corporativa en el complejo y trepidante mundo de nuestra metrópolis, síntesis de culturas, crisol de ilusiones y pasiones, de desigualdades y de tensiones, y de derechos en conflicto, en los que los abogados desempeñamos nuestra difícil misión. Estos nuevos estatutos responden a un objetivo claro de permanente modernización y de dinamización de nuestra vida colegial. Un Colegio tan complejo y numeroso como el nuestro, con más de 47.000 colegiados inscritos, que se ha dotado en estos años de una organización capaz de desarrollar una gestión profesionalizada y eficiente, que garantiza una alta calidad en los servicios que presta a los abogados para el desempeño libre e independiente de su función, requiere un marco jurídico y orgánico que, al mismo tiempo, debe arbitrar los mecanismos adecuados de dirección política y facilitar el control y la transparencia de esa gestión por parte de los colegiados que lo constituyen. El nuevo texto consolida nuestra acreditada tradición democrática manteniendo la Junta General, es decir, la asamblea de todos los abogados, como el órgano supremo de decisión para todas aquellas cuestiones importantes que orientan nuestra vida corporativa; entre ellas, la aprobación de los presupuestos y la rendición anual de cuentas. Establece la renovación completa de la Junta de Gobierno cada cinco años y crea una Comisión Electoral independiente para supervisar y controlar los procesos electorales. Con el ánimo de facilitar al máximo las posibilidades de intervención de los abogados en los procesos decisorios, se regula de forma inmediatamente efectiva el voto por correo; se incorpora la previsión del voto electrónico (siempre que garantice la condición secreta del sufragio) y se establecen dispositivos de delegación de voto sujetos a la debida garantía. En la misma línea de promover la participación de todos, los nuevos estatutos abren la puerta a las agrupaciones de abogados que quieran organizarse por sectores profesionales o áreas de interés. No es menor la importancia que el Colegio quiere dar a las tendencias y demandas sociales más actuales. Nuestro nuevo texto estatutario recoge este sentir general y establece, por ejemplo, mecanismos para lograr una representación equilibrada entre hombres y mujeres, una cuestión de estricta justicia si se tiene en cuenta que desde hace años las mujeres abogadas son mayoría en los tramos más jóvenes de la ÁNGEL CÓRDOBA profesión. También, y en el mismo sentido, el Grupo de Abogados Jóvenes podrá contar, por primera vez, con su presencia en la Junta de Gobierno del Colegio. Además, para atender a las exigencias de los cambios producidos en la organización de la familia, nuestra propia corporación promoverá servicios y actividades que faciliten la conciliación de la vida personal, familiar y profesional. En un mundo en plena transformación, con cuestiones acuciantes que afectan a nuestra estructura social, a nuestra administración de justicia y a nuestro propio papel como garantes del derecho de defensa, el Colegio de Abogados de Madrid ha querido proporcionar una plataforma desde la que puedan debatirse libremente los problemas de nuestra vida social y jurídica, en la que nuestra profesión está inmersa. Así, hemos previsto la convocatoria periódica de un Congreso de Colegiados, donde todas estas inquietudes puedan manifestarse y analizarse y donde las posibles soluciones puedan encontrar su cauce. Construir un marco estatutario adecuado que sirva para potenciar nuestra organización en su tarea de defender la independencia de los abogados, la libertad de defensa y la consideración debida a su trabajo en las sedes judiciales, es no sólo una exigencia de nuestros tiempos, sino una imperiosa necesidad. A través del Colegio de Abogados, Madrid recibe unos servicios jurídicos notables, prestados con altos niveles de calidad y bien apreciados por los ciudadanos, como son los servicios de asistencia jurídica gratuita, que hacen real el principio universal de la igualdad de todos ante la ley, y de cuya magnitud e importancia da idea el dato de que en 2005 se produjeran más de 100.000 designaciones de letrados de Turno de Oficio. Y a través del Colegio de Abogados de Madrid, miles de abogados reciben una esmerada formación inicial y permanente en nuestro Centro de Estudios e Investigación; o pueden realizar las consultas bibliográficas más complejas en nuestra biblioteca, una de las mejor dotadas en materia jurídica; o reciben una atención médica que es el emblema de nuestra solidaridad; o pueden servirse de las múltiples utilidades que prestan las nuevas tecnologías, que nuestro Colegio incorporó y facilitó de forma pionera. En este momento, los abogados somos llamados a votar y, si el texto que ahora se propone es asumido por la mayoría, se hará posible la pacífica continuidad y la ordenada convivencia que los abogados de Madrid iniciamos hace ya más de cuatro siglos. En ese largo recorrido no nos faltaron las adversidades, pero las hemos afrontado desde una común y convencida comprensión de nuestro difícil oficio. El Estatuto que ahora somete a votación la Junta de Gobierno es un paso más en esa permanente y decidida lucha por la Justicia, en la que el abogado está, a veces, muy solo. El Colegio nos ha de dar, precisamente, el amparo solidario que es su razón de ser. Decano del Colegio de Abogados de Madrid REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO GESTICULACIONES RETÓRICAS Ante el conflicto del Líbano, la diplomacia española se percibe gesticulante en el bando europeo menos influyente. En París, La Tribune presenta las posiciones de este modo: en el bando de los estados que desean que la UE vaya más lejos en sus presiones contra Israel se encuentran países como España, Bélgica, Chipre, Malta, Suecia y Finlandia; el bando que bloquea un texto duro contra Israel está liderado por las dos potencias más influyentes de Europa, Alemania e Inglaterra, apoyadas por Estados del Este, como la República checa. Francia, por su parte, hace la guerra por su cuenta: enviando a su primer ministro a Beirut. El International Herald Tribune, que edita en París el New York Times, presenta a Tony Blair (hostil a una declaración dura contra Israel) haciendo frente común con Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, proponiendo una fuerza multilateral de interposición en el Líbano. Ante esa posición de diplomacia armada la posición oficial española se percibe en Washington, en la National Review, como ilusoriamente pacifista El pacifismo gubernamental español, a uso diplomático internacional, se percibe mucho más belicista en la escena nacional. En Hamburgo, Der Spiegel publica una larga crónica sobre las secuelas políticas actuales de la guerra civil. Por su parte, el Washington Post comenta las mismas secuelas preguntándose si España no prefiere guardar silencio sobre la guerra civil. No menos acalorada es la percepción internacional de la meteorología veraniega. La BBC inglesa estima que caminamos hacia otro récord histórico de temperaturas. Por su parte el Telegraph londinense prefiere destacar el doble lenguaje gubernamental en el terreno de las políticas energéticas: muy ecologista en la retórica diplomática oficial, pero muy poco respetuoso en la práctica del control de la polución industrial. En Londres, igualmente, el Guardian establece un doble paralelismo entre las tensas relaciones entre Madrid Barcelona y Londres Edimburgo. El Guardian considera curiosas las históricas tensiones entre ese doble dúo de grandes ciudades, enfrentadas por razones que tienen muchos flecos, nacionalistas y de otra índole. En el terreno económico, Financial Times comenta con irónico laconismo las ilusiones y riesgos que pesan sobre la zona euro y España, un país que pretende tener una economía sana, cuando vive instalado en su burbuja inmobiliaria