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ABC LUNES 17 7 2006 Deportes 95 CAMPEONATO DEL MUNDO DE FÓRMULA 1 GRAN PREMIO DE FRANCIA El catalán alcanza una decorosa séptima posición en su reingreso en la F- 1. Me concedo un siete alto dijo en su evaluación. Webber le adelantó en la salida y ambos mantuvieron una dura pugna hasta la vuelta 53. Nadie se acordó del colombiano Montoya, un ídolo caído después de ser despedido por McLaren De la Rosa no desmerece a Juancho JOSÉ CARLOS CARABIAS MAGNY- COURS. Un siete alto Pedro Martínez de la Rosa saldó su reingreso en la Fórmula 1 con una aceptable autoevaluación y una decorosa séptima posición. Dos puntos, buen nivel competitivo y el resquemor para una mejor nota del adelantamiento de Mark Webber en la salida. El catalán se declaró conforme, aunque, eso sí, evitó un buen mordisco a su bolsillo. Había prometido una cena en El Bulli para la tropa española de periodistas si subía al podio en Magny- Cours. En la órbita de la F- 1 siempre tendente a optimizar cualquier suceso, De la Rosa rescataba de su actuación un dato: He logrado la tercera vuelta más rápida de la carrera, detrás de los Ferrari. Y con eso he de sentirme satisfecho, y también me lo han expresado en el equipo El catalán mantuvo un pulso cerrado con Webber, al que se quitó de encima cuando el australiano se salió de la pista en la vuelta 53 con un neumático bailando. Me adelantó muy bien en la salida, pero no entendí que fuera dando bandazos y cambiando de dirección cuando le quería pasar Los dos primeros puntos descansan en su casillero con algún sobresalto. Traspasada la meta, el McLaren número 4 comenzó a echar humo. ¿Un motor roto? No, fue una toma de aire que tiene un filtro y se rompió. Cuando bajas de revoluciones se acumula gasolina y hay riesgo de fuego. Por eso, me dijeron por radio que parase, para no fundir el motor Felicitación de Dennis A Ron Dennis no le sobran las palabras. Poco habitual de tertulias y presencias públicas, el patrón de McLaren fue lacónico con el español. Terminó la carrera y su único intercambio de pareceres fue un apretón de manos. No me ha dicho nada especial. Me ha felicitado y se ha ido comentó De la Rosa. Despedido por el artículo 33 que rige el modus vivendi de la F- 1, nadie lloró ayer por Juan Pablo Montoya, salvo la reducida colonia de periodistas colombianos que le siguen por el mundo. La Fórmula 1 no da respiro a nadie, y mientras que Pedro Martínez de la Rosa metía codos con su McLaren número 4, Montoya tal vez estuviera en su casa blindada de Miami o en su chalet de La Moraleja en Madrid o en su Bogotá natal siguiendo la carrera de Magny- Cours. Nadie le echó de menos, porque la F- 1 es como es: implacable con sus víctimas. Sin embargo, en el recuerdo de cientos de aficionados, de los hinchas latinos, suramericanos o hispanoparlantes, costará aparcar el carácter volcánico, el estilo pasional o la medida excesiva de los actos de este aspirante Pedro Martínez de la Rosa se mostró muy seguro en la conducción del McLaren a ingeniero que se hizo piloto por el mismo artículo 33 que le ha alejado de las pistas. Esa versión explosiva del pilotaje es la que transportó a Montoya de la cúspide al barrizal. De aquel adelantamiento al todopoderoso Michael Schumacher en Spa cuando era un semirecién llegado y corría para algunos (para muchos la mejor pasada de los últimos años en la F- 1) a la embestida a su propio compañero Raikkonen en Indianápolis, el suceso que destapó la caja de los truenos en McLaren. Ese el fue el signo de su vida como conductor de máximo nivel, la terquedad. Por obstinación llevó la contraria a su padre- -clase pudiente de Bogotá, dinero a espuertas en el corazón de mucha miseria- que quería una profesión liberal para su hijo. Mi papá pertenece a esa generación en la que los hijos estaban obligados a hacer lo que sus padres querían- -ha dicho el suramericano- En cada familia debía haber un cura, un abogado o un médico. Si eran mediocres, no importaba. Sufrí por eso. Deseaba ser arquitecto, pe- AFP ro en ese tiempo, para mis padres, era profesión de afeminados. Así que me gradué como ingeniero. En el fondo anhelaba ser piloto Hipotecar la casa El padre accedió a cambio de que estudiase una ingeniería, aunque la pelota terminó por caer en el tejado de Juan Pablo. La familia tuvo que hipotecar su casa de Bogotá para conseguir financiación en los karts y las fórmulas de promoción. Cuando Montoya llegó a la Fórmula 3.000 europea en 1998, la soga económica dejó de apretar. En 1999 se convirtió en el campeón más joven de la Cart y en 2000 ganó las 500 millas de Indianápolis de la Indy en su primera participación. En la Fórmula 1 generó más expectación por sus dotes voraces de pilotaje, siempre agresivo, siempre al ataque, que por sus resultados, siempre en el límite de la cuneta o una valla. Ganó siete veces en 95 convocatorias y este año, antes de que calentase los cascos a Ron Dennis, su mejor resultado fue un segundo puesto en Mónaco, detrás de Alonso. Que yo sepa, sí voy a correr las próximas carreras Ya estoy deseando que llegue Hockenheim soltó De la Rosa en el ambiente positivo que cualquier piloto trata de levantar a su alrededor. Y una periodista japonesa descargó la pregunta lógica. ¿Le han confirmado que seguirá? El catalán arqueó la ceja, fijó a su interlocutora y respondió: Que yo sepa, sí voy a correr las próximas carreras Importante el apéndice de introducción. Que yo sepa. Su regreso se encuentra, al parecer, entre el paréntesis de los resultados. Si funciona, sigue. Si no, llegará otro (Hamilton, Paffet o incluso Montoya)