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68 LUNES 17 7 2006 ABC FIRMAS EN ABC JOSÉ MARÍA MONCASI DE ALVEAR CONSULTOR DE COMUNICACIÓN EL LOCO CORO DE LA CÁRCEL ...Detrás de cada barrote existe una vida intensa, una persona. Con tu pasado: Tu infancia, tu juventud, tus fracasos y aciertos, tus penas y tus alegrías. Uno de los que participan en esta serie habla de su experiencia de la droga... EBO de confesarles que anoche me emocioné viendo el programa titulado El coro de la cárcel Y el porqué añado la palabra loco se lo contaré después pero ahora déjenme que siga. Todo se inició ahora hace un año y medio aproximadamente cuando tuve la suerte de poder asistir a unos conciertos que la ONG Gestores para la Libertad organizaba en las cárceles de Zuera y de Daroca, en Zaragoza. Estaré siempre agradecido a Carmen Lovelle, Pilaruca, César y Pilar, voluntarios todos ellos de esta ONG, que supieron transmitirme desde el principio su un amor y respeto inmenso a los internos. También me decían que detrás de cada rostro siempre hay una historia muy intensa que conocer, una persona más que amar Cruzar las diferentes dependencias que llevan desde la entrada de la cárcel hasta el salón de actos donde se cele- D bran los sendos conciertos te da mucho que pensar. A mí en particular me ayudó a reflexionar sobre mi vida, mis padres, la educación recibida, mis hermanas que tanto me ayudaron en los duros momentos y que con su apoyo me ayudaron a ser como soy, aunque yo no me diese ni cuenta. ¡Qué incrédulos somos! ¿Verdad que sí? Los creyentes a medida que nos vamos haciendo mayores vemos más los signos de la Providencia, y nos dejamos llevar por Ella. ¡Pero hasta que nos damos cuenta, cómo sufrimos! Los asistentes procedían de los diferentes módulos del penal y en ellos se reflejaban la alegría de poder salir de su módulo y poder pasar un par de horas disfrutando de la música y entre amigos. Ya Concepción Arenal, gallega universal y pionera en España de contribuir a la reinserción de los presos, acuño un lema precioso: La música os hará libres Y qué cierto, sólo hay que ver y escuchar a los protagonistas de nuestra historia. La profesora de canto de este programa El coro de la cárcel organizó un casting para seleccionar a aquellos internos con más aptitudes y experiencia en esto del canto. Alguno, el de las dos campanas se quedo en el camino pero ahí estaban sus compañeros para animarle. El chupete llamado así por sus colegas por ser el más joven del penal, está nervioso. Muy simpático, con la mirada marcada por la vida misma, y espontáneo él, dice a la profesora que el tono de su piano es muy alto y que él no lo alcanza. Prueba de nuevo y siií, lo consigue. El del bigote se arranca por bulerías y él, muy flamenco, se anima por soleares. Cuando sale al encuentro de los colegas cuenta lo que le han preguntado: Qué cuantos años lleva interno, que porqué esta allí y demás. También les dice que la profesora sabe mucho, que canta muy bien y que sabe sacar lo mejor de cada uno. ¡Qué importante es esto! Es decir tiene la virtud de hacer descubrir a cada persona lo mejor que tiene de sí mismo, y hacerle ver que ese don se lo ha dado el Dios de cada uno por algún motivo importante. En definitiva que su vida tiene mucho sentido. La canción elegida para los ensayos es aquella inolvidable Eres tú de Mocedades. El título, ni pintado. Eres tú querido amigo el que estás aquí, en este penal, eres tú el que debes de dar el primer paso para mejorar, eres tú el que debes descubrir por ti mismo que la vida no es nada, tan sólo un soplo de aire. Y qué la vida no vale nada sin ti. Detrás de cada barrote existe una vida intensa, una persona. Con tu pasado: Tu infancia, tu juventud, tus fracasos y aciertos, tus penas y tus alegrías. Uno de los que participan en esta serie habla de su experiencia de la droga, una de las peores lacras de nuestra sociedad. También de su madre. Un compañero lo define como disciplinado, reservado y muy casero. Nos cuenta que lo que más quiere en este mundo es a su madre y que quiere que se sienta orgullosa de él. Aquí se me saltan las lágrimas. El narrador, con esa voz tan de Morgan Freeman que vemos en las películas americanas nos va introduciendo en las vidas de cada uno de nuestros protagonistas. Y esto es lo que dice el empresario José María Ruiz- Mateos que lo más importante de cada historia son las vivencias personales, las experiencias que hay detrás de cada ser humano. Supongo que sabrán que el origen de Gestores para la Libertad es la historia del patriarca de esta saga jerezana a su paso por distintas cárceles de España y de Europa una vez que sufrió el expolio de Rumasa. Es de destacar que esta ONG promovida por esta saga jerezana de empresario subsiste sin ningún tipo de ayudas ni subvenciones. Los funcionarios ya pasan por los módulos para hacer recuento. Los internos de pie esperan a qué cierren sus chabolos Y otro día que finaliza ya. El silencio se hace dueño del penal de Dueso. Y así da comienzo el programa de Jesús Quintero: En silencio, un silencio muy loco. Un coro, el loco coro de la cárcel. ALFONSO ROMERO ESCRITOR VIEJAS HISTORIAS, NUEVOS TIEMPOS E L califato de Córdoba es recordado como uno de los periodos más brillantes de la historia de España. Proclamado por Abderramán III, duró desde el año 928 al de 1031: apenas un siglo durante el cual el esplendor de al- Ándalus deslumbró al occidente europeo de un modo no repetido desde los tiempos de Roma y que no volvería a conocerse hasta la alborada del Renacimiento italiano, quinientos años después. Las artes, las ciencias, las letras, la economía, la ingeniería: el espíritu humano al completo florecía en aquella Hispania romana y árabe, occidental y oriental, musulmana y cristiana- -por entonces todavía seguía la fe de Cristo más de la tercera parte del pueblo andalusí- Transacción tras transacción, el provechoso comercio que se realizaba con el oriente islámico conducía hasta nuestro solar el saber de Grecia y Roma, largo tiempo ha olvidado en el occidente europeo y que ahora, vía Córdoba, vía España, regresaba a aquél merced al intercambio realizado entre el califato y los reinos cristianos peninsulares y ultrapirenaicos, iluminando con su fulgor las oscuras tierras septentrionales, sacándolas poco a poco del profundo abismo de ignorancia y pobreza en que se sumieran allá por el temprano medioevo. Por si esto fuera poco, el califato de Córdo- ba, aparte de rico y culto, era también un estado fuerte, perfectamente capaz de imponerse a cualquier enemigo potencial o efectivo. Su independencia del resto del mundo musulmán era total, tanto desde el punto de vista político como del religioso (algo importantísimo en aquella época) Incluso se permitía el lujo de extender su influencia allende las fronteras peninsulares, alcanzando las tierras del norte de África. En definitiva, se puede afirmar que se trataba del estado occidental más avanzado de su época, comparable al imperio bizantino o al califato de Bagdad. Sin embargo había facciones dentro de él que no estaban de acuerdo con aquella prosperidad. Por todos los rincones de nuestra piel de toro medraba el germen de la rebeldía, el bacilo de la intriga y el virus del secesionismo. Así, tanto entre los componentes foráneos de la sociedad andalusí- -bereberes, sirios, árabes- -como entre los autóctonos- -hispanos musulmanes y cristianos- eran legión los que miraban con odio al vecino, difiriendo en todos los aspectos de la vida salvo en uno: el resentimiento hacia la entidad califal, fuente de innúmeros agravios reales o inventados. Como resultado, las sublevaciones, que por una razón u otra habían sido un fenómeno habitual durante el emirato continuaron su triste historia durante el califato, ora desgajando tal o cual territorio de la obediencia de Córdoba, ora arrasando las comarcas desafectas. Ni que decir tiene que lo mucho que perjudicaba esto al estado, más y más socavado a medida que pasaban las décadas y los califas se sucedían en el trono de la hermosísima Medina Azahara. En el año 1031, al cabo de una sangrienta guerra civil, aquel faro de progreso que representaba el califato de Córdoba se vino abajo estrepitosamente, incapaz de resistir por más tiempo el acoso al que le sometían sus enemigos. Aún humeaban las ruinas incendiadas de Medina Azahara cuando los vencedores, muchos y variados, se repartieron el suculento botín de al- Ándalus en 25 porciones: una para cada cabecilla de turno, en la que podía gobernar a su antojo sin rendir cuentas a nadie. La Historia conoce estos reinezuelos como los Reinos de Taifas. Los nuevos reinos eran altivos y orgullosos, nada pobres, bien organizados e incluso cultos. Un buen premio para muchas décadas de subversión. Pero los descontentos aún no se habían saciado, de manera que los grandes atacaron a los chicos, devorándolos sin piedad hasta no quedar más que siete taifas. Entonces llegó la hora de saldar cuentas con la Historia. Espantados, los flamantes soberanos taifales comprobaron que sus reinos eran un fácil contrincante para los estados cristianos peninsulares, ávidos de nuevas tie- Por todos los rincones de nuestra piel de toro medraba el germen de la rebeldía rras. ¡Qué lejanos parecían ya los tiempos del califato, unido y fuerte, ante el que los infieles del norte se inclinaban! Ahora eran ellos, los desunidos, los irresponsables, los egoístas, quienes debían doblar la rodilla ante el enemigo. El miedo, que ya era una triste realidad entre los reyes de taifas, se convirtió en pánico tras la caída de la taifa toledana en manos de Alfonso VI, emperador de Castilla y León (1085) Quisieron entonces evitar el desastre llamando en su ayuda a los guerreros almorávides, fanáticos e intolerantes, que se habían alzado a la cabeza de un gran imperio norteafricano. Su gozo en un pozo, sólo consiguieron que los fieros magrebíes, tras contener a los cristianos, les expulsaran de sus lujosos palacios, arrebatándoles aquel maravilloso al- Ándalus, el de las ricas huertas y las fuentes multicolores, que no supieron amar ni respetar. Nunca más volvió a ser libre el pueblo de al- Ándalus. Los amos fueron cambiando, primero musulmanes, luego cristianos, sin que los legítimos dueños del país pudieran volver a decir esta tierra es nuestra. Tampoco sobrevivió la tolerancia religiosa, ni las artes, ni las letras, que habían caracterizado el califato, todas ellas ahogadas en las sucesivas mareas norteafricanas, de corte integrista. Demasiado tarde comprendieron sus errores los revoltosos reyes de taifas. Encarcelados en la fortaleza montañosa de Aghmat (Marruecos) los reyes de Granada y Sevilla consumieron sus últimos días añorando la patria perdida. Antes de yacer en este lugar, ignoraba que las montañas podían tambalearse desde sus cimientos reza el epitafio del rey al- Mutamid de Sevilla, escrito por él mismo al ver desfallecer sus fuerzas. Una vieja historia para un tiempo nuevo que esperemos no se repita...