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ABC LUNES 17 7 2006 Cultura 63 El Festival Internacional de Benicasim convoca todos los años a miles de jóvenes PAU BELLIDO JOSÉ MORÁN Codirector del FIB Heineken 2006 Hoy, cada alcalde y cada concejal quiere su propio festival Es uno de los cerebros del Festival Internacional de Benicasim (FIB) uno de los acontecimientos más destacados del pop- rock internacional que convoca a multitudes de jóvenes. Este año se celebra entre el 20 y el 23 de julio TEXTO: ISABEL GUTIÉRREZ El FIB nació en 1995 como modesto escaparate de la música independiente; en la actualidad, es un encuentro artístico de dimensiones mayúsculas donde se acelera el pulso de la pura creación y la máxima diversión- -Desde que arrancó, en 1995, ¿qué ha hecho del FIB el grandísimo festival que es hoy? -Trabajo, trabajo y más trabajo, además de la línea artística y la localización. -Es decir, calor y playita... -Benicasim es una ciudad relativamente pequeña y manejable, y lo de la playa le da un carácter muy especial al evento. Aquí se pasan unas minivacaciones. -Nacieron como escaparate de la música independiente pero este concepto hoy resulta tan poderoso y omnipresente que, ¿queda algo de la libertad y la exclusividad que se le presupone? -El concepto de música indie nació a comienzo de los años 90 para designar a esos artistas que se salían de lo convencional y seguían su propia línea. Para mí, significa que la obra del artista llegue al consumidor sin ser al- José Morán JULIÁN DE DOMINGO El concepto indie nació en los 90 para esos artistas que se salían de lo convencional terada. No importa si está en una multinacional o no, si vende cinco discos o cinco millones. Lo que importa es que comunique lo que él quiere, cómo y cuándo quiera. -Y a ustedes, los independientes ¿les afecta la crisis del disco tanto como a otros? -La verdad es que a mí me hacen mucha gracia las quejas de las multinacionales, porque esas mismas compañías comenzaron a crear ciertos hábitos a través del lanzamiento de aparatos para grabar, de la venta de CD vírgenes... Además, la respuesta de la gente es coherente: la música es muy cara y si yo no quiero comprar doce temas de un grupo, sino cuatro, las multinacionales deben encontrar fórmulas para ello. -MetroRock, BilbaoLive, Monegros Desert, Summercase, Faraday, SenglaRock... La nómina de festivales en España aumenta cada año. -Es un boom provocado por el gran crecimiento de los conciertos. Lo dicen los mismos promotores: ahora se venden muchas más entradas que hace cuatro o cinco años. En España hay 300 festivales, aunque los grandes sólo seamos siete u ocho. -Pero algunos de ellos, aunque sean menores, cuentan con carteles buenísimos... -Parece que las administraciones públicas se están implicando, como sucedió a principios de los 80. Hoy, cada alcalde y cada concejal quiere su propio festival. -Y eso, ¿es bueno o malo? -Depende. Un 12 por 100 de nuestro presupuesto es institucional, pero hay festivales que reciben el 100 por 100. Y eso sí que nos hace daño, porque entran en el mercado sin conocerlo y pagando cifras astronómicas por cada artista. ¿Qué hay que hacer para mantenerse en la cresta de la ola? -Cuando la máquina ya está en funcionamiento, no perder el norte. ¿En eso incluye la seguridad? Una bronca del público podría cargarse un buen festival. -La seguridad la marca el cartel artístico. Si la línea musical es más suave, habrá más seguridad que si la onda va más por el heavy o el rock duro. Aunque, como en todo, aquí debe notarse la pericia de cada organizador. -Depeche Mode, Morrisey, Franz Ferdinand, The Strokes, Placebo, Pixies... Este año, el cartel del FIB es impresionante. Pero encajar a semejantes figurones en un mismo espacio no debe ser fácil. -En todos ellos se produce un cambio de mentalidad. Un artista no tiene la misma actitud cuando realiza una gira de presentación de su disco que cuando acude a un festival. En este último caso, todos se ciñen a su propia historia, tocan los temas que la gente quiere escuchar, hacen de sus conciertos algo más festivo. Aunque también es cierto que cuando un artista se pone en plan bizarro, no lo entiende ni su fan más acérrimo... ¿Y dónde se dejan el ego? -Todos son conscientes de dónde están, de que no son los únicos y que, además de ellos, hay un montón de colegas. Así que se relajan y sus peticiones son mucho más fáciles de atender. ¿Hay celos entre unos y otros? -Siempre hay problemas de artistas que no quieren compartir escenario con otros, o que no quieren tocar después de tal o cual, o que no quieren que su nombre aparezca tan pequeño en el cartel... Hay que realizar un tremendo encaje de bolillos, pero la experiencia y el peso del festival te permite tener más fuerza a la hora de negociar. -Como espectador, ¿a qué festival se apunta? -Cada año voy a cuatro o cinco, sobre todo para aprender. Glastonbury, Leeds... Y el Fuji Rock, en Japón. Es impresionante por la tecnología, el entorno, la organización... Pero, ¿sabe? en muchos de ellos les falta ese feeling que hay en España. Puede que los espectadores se lo estén pasando muy bien, pero, es flipante: no bailan nada. Aquí sí existe la comunión entre el artista y el público. ¿Qué recuerdos memorables guarda del FIB? -El primer lleno de nuestra historia con Radiohead. También, los conciertos de The Cure, de Björk... Y, sobre todo, un cierre de los Chemical Brothers: nos pusieron a bailar a los treinta y cinco mil que estábamos allí. Pero, sobre todo, recuerdo nuestro primer día, en 1995, cuando abrimos las puertas del recinto y comenzó nuestra historia.