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32 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO LUNES 17 7 2006 ABC SIN BROMAS CON EL LÍBANO l Líbano es un país que está para pocas bromas. Israel quiere el desarme de las milicias de Hizbolá. Y lo pide a su manera. Ataca no sólo las bases de Hizbolá en el sur, sino también las infraestructuras del país con el deseo de castigar al Gobierno y el Líbano en su conjunto con la implícita amenaza de arruinar definitivamente sus esperanzas de reconstrucción. Las reflexiones más reiteradas estos días son de orden moral, con mucha carga emotiva y, a menudo, muy poca racionalidad. Pero tal vez habría que hacerse también otra pregunta de orden práctico: ¿Quién va a desarmar a Hizbolá? ¿Puede hacerlo el GoALBERTO bierno libanés? ¿Con SOTILLO qué Ejército? Tras la retirada siria, podríamos decir que Hizbolá está en la oposición. El actual Gobierno llegó arropado en la bandera del cedro, bajo el respaldo de Occidente, con grandes esperanzas de recuperar el viejo esplendor financiero de Beirut y haciendo votos de independencia. Pero ni el más proamericano, ni el más afrancesado libanés se engaña pensando que Hizbolá es un mero grupo armado, ni se le ocurriría enfrentarse a tiros con el mismo. Hizbolá es una milicia armada, pero también es el principal partido y organización social de la población chií, que es mayoritaria en el Líbano. Representa a casi medio país y es una fuerza política insoslayable, guste o no lo que dice. Por más bombas que arroje Israel para intentar convencer al Gobierno libanés, no será el Ejército de ese país el que se enfrente a Hizbolá. Las fuerzas armadas libanesas también están formadas por chiíes, ligados a Hizbolá por encima de cualquier otra lealtad. El menor conato en tal sentido provocaría una desintegración del Ejército, igual a la que ya provocó catorce años de guerra civil. Puede decirse que el Líbano es un Estado inviable, que necesita ser tutelado. Eso es exactamente lo que cree Siria. Pero, ¿quién tutelaría esta vez el Líbano? Cuando Israel lo intentó, sólo consiguió empantanar la guerra civil y empeorar su propia seguridad. Lo intentaron EE. UU. y Francia, pero terminaron huyendo tras exacerbar un conflicto no muy diferente del que hoy existe en Irak. Igual a alguien se le ocurre enviar a la OTAN, y acabar así de una vez por todas con la Alianza. Los únicos que han metido en cintura al Líbano son los sirios, pero habíamos quedado en que no nos gusta la tutela siria. Porque ésa es la segunda parte de la historia: un nuevo error de cálculo en la zona, y esta vez el país no caería sólo en manos de Siria, sino de Irán, que ya ha expandido su influencia a Irak y aspira ahora más que nunca a convertirse en gran potencia. Israel está en su derecho a defenderse. Pero nunca está de más mantener la sangre fría. Primero el enemigo fue la OLP, después Arafat, luego Hamás y, ahora, Siria e Irán. Yo, la verdad, me quedaba con los anticuados nacionalistas de la OLP. E Elizabeth Dentan habla por su teléfono móvil desde Beirut con su marido al que ha sorprendido la guerra en España Elizabeth y Francisco residen en el Líbano, pero la guerra les ha sorprendido a ella en Beirut y a él en España. Contactan a través de internet y teléfono móvil, pero esto no logra disminuir la incertidumbre. En la misma situación están muchas familias españolas Aquí dejo mi casa, mi vida... TEXTO Y FOTO: M. AYESTARÁN BEIRUT. A veces pienso que me voy a despertar por la mañana y todo volverá a ser igual. Pero luego suena la primera explosión y la pesadilla vuelve a empezar. Es horrible. Las calles vacías, comercios cerrados, la mitad de mis amigos ya se han marchado, en dos días me parece estar viviendo en una ciudad totalmente diferente a la que nos ha acogido a Fran y a mí durante los últimos siete años Elizabeth Dentan es ciudadana francesa y está casada con Francisco Díaz Morales, bilbaíno y profesor del Instituto Cervantes de Beirut. Residen en el barrio de Hambra, al oeste de la ciudad, a escasos diez minutos en coche del asolado sur de la capital. Por la noches no puedo pegar ojo y luego, durante el día, el cansancio, el estrés, la ansiedad por tener noticias y, sobre todo, las explosiones me tienen fatigada y con los nervios a flor de piel comenta Elizabeth mientras camina por las calles desiertas de su barrio. No me lo puedo creer, en este bar normalmente no se puede ni entrar y mira ahora, hasta hay asientos libres señala a la entrada de Le Barometre uno de los lugares en los que, en condiciones normales, los jóvenes se acercan a tomar la última copa. Con el teléfono en una mano y un cigarrillo en la otra- -los nervios le han llevado a los dos paquetes diarios- los mensajes y las llamadas han sido sus mejores aliados durante los últimos días. Tengo la suerte, además, de que aún tengo electricidad en casa y funciona el ordenador. Chateo con mi familia, llamo a mi marido. Siempre estoy en contacto porque desde fuera seguro que las cosas se ven aún más terribles afirma Elizabeth. El lugar equivocado Francisco salió el día ocho del país con rumbo a Madrid para un curso de formación del Instituto Cervantes. Justo cuatro días antes de que el aeropuerto internacional Hariri fuera bombardeado. Desde entonces vive entre Madrid y Bilbao, su ciudad natal, pero sus pensamientos están con Elizabeth y todos los amigos que ha dejado en el Líbano. Tengo la sensación de estar en el lugar equivocado, me encantaría poder vivirlo en primera persona. Con mi mujer, con mi gente. Desde aquí la impotencia y la indignación Hizbolá tenía preparada esta ofensiva. Este arsenal no se compra en dos días dice Elizabeth es terrible se lamenta Francisco, que como su mujer, vive colgado del móvil y de las noticias. El tratamiento informativo del tema que se hace en Occidente me parece de mala calidad. Soy profesor de español y pienso que hay que usar los términos con más rigor sentencia Francisco. Elizabeth no puede aguantar más y ha decidido abandonar el país en el convoy que la Embajada española prepara para mañana, a no ser que antes se alcance un alto el fuego. Me da mucha pena irme de esta manera y siento también rabia porque por tener un pasaporte extranjero me ayuden a salir, mientras que todos mis vecinos se tienen que quedar. Aquí dejo mi casa, mi coche, las cuentas del banco, mi vida. Es una pesadilla, pero una pesadilla que a veces pienso que estaba bien preparada porque de lo contrario no me puedo explicar cómo la gente de Hizbolá dispone de todo este arsenal capaz de llegar hasta Haifa, eso no se compra en dos días opina. A su marido le da miedo el viaje de salida del país en autobús, pero entiende la postura de Elizabeth: la situación es peligrosa y hay que actuar antes de que sea demasiado tarde. Pero, aunque lo digo más con el corazón que con la cabeza, los dos coincidimos en el mismo deseo, volveremos