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ABC DOMINGO 16 7 2006 Economía 77 PEREGRINACIÓN A BRUSELAS H Francisco Luzón, consejero director general del grupo Santander pendiente del desarrollo en algunas zonas de la región, pero no creo que llegue a complicar en países con masa crítica que ahora van a dar nuevos pasos democráticos. ¿Por qué son tan diferentes las estrategias de Santander y BBVA con respecto a EE. UU. -Nosotros hemos ido a una estrategia a través de Sovereign, donde hemos comprado un 20 Desde Sovereign vamos a ver este mercado y tenemos una opción que, si sale, en tres o cuatro años tendremos una gran institución, el banco número 18 de EE. UU. una entidad con potencia de tiro suficiente para desarrollarnos en todo el país. Esa es una estrategia. La otra es la del BBVA, que también me parece muy correcta, que nace del hecho de que tienen un gran banco en México y tratan de prolongar México por la frontera con Estados Unidos, proyectándose hacia Téxas, Nuevo México y California. -Si sale bien EE. UU. después de haber comprado Abbey en Reino Unido, etc, ¿No teme que Iberoamérica pierda peso en el Santander? -Si yo estoy acertado en el diagnóstico y en 10 años este continente va por donde yo creo que irá, con un fuerte proceso de crecimiento de la región y de la bancarización, nosotros tendremos un nivel de crecimiento del entorno de un 20 o 25 nominal al año. De forma que este grupo tendrá un importantísimo vector de desarrollo y crecimiento en la zona. Si yo duplico en tres años el negocio, aumentaré mi cuota en el negocio global del Grupo Santander. El banco tiene todo tipo de inversiones, algunas de estabilidad, como Abbey, otras de futuro como Sovereig, y también un segmento en Iberoamérica, que tendrá tasas de crecimiento muy importantes cada año. ¿Cómo está afectando el fuerte crecimiento de Asia en Iberoamérica? -De hecho, hoy nuestro interés como Santander en el extremo oriente está relacionado con Iberoamérica. Si pensamos en 15 o 20 años, este grupo acabará teniendo una fuerte presencia en Asia y en China y para ello la experiencia que estamos acumulando en el mercado iberoamericano, por cierto, mucho más desarrollado que el asiático, a este grupo le servirá mucho. ¿A qué se refiere con que hacer negocios en Iberoamérica es para gente de pantalón largo? -Tiene que ver con construir una franquicia en un continente. Tú no puedes ir a América Latina pensando en hacer beneficios en medio año y luego retirarte a la primera crisis que haya, exigiéndote rentabilidades por encima del 25 a todas las inversiones en la zona. Así no se puede ir a Iberoamérica, donde hay que ir a medio y largo plazo y en ese tiempo habrá discontinuidades y hay que tener la serenidad suficiente para aguantar cuando las cosas van un poco peor, a eso llamo yo llevar pantalones largos para invertir en Iberoamérica. ¿Donde se ve dentro de diez años? -La actividad que desempeño, junto con la presidencia de Argentaria, han sido las experiencias más ilusionantes de mi vida. Me gustaría llegar al año 2010 con este proyecto acabado. Dejar en el Santander una América Latina que haga la mejor banca comercial del continente. Terminar esta aventura. Después de más de 700.000 kilómetros en viajes a la región, ya ni siquiera tengo jet lang cuando llego un sábado por la mañana a Madrid. ace tiempo que se dice en Bruselas que hay que regular los movimientos de los grupos de presión que zascandilean por los pasillos de la Comisión y el Parlamento en busca de resquicios por donde hacer llegar sus opiniones y las de sus patrocinadores. Por aquí se ven desde productores de miel húngaros que aguantan el frío delante del Consejo cuando se reúnen los ministros de Agricultura, hasta ejecutivos rutilantes que son mercenarios de guante blanco y defienden abiertamente los intereses de quienes les paguen. A Bruselas vienen los opositores iraníes diciendo que hay que acabar con lo de los ayatolás, los ENRIQUE que no quieren patenSERBETO tes de algoritmos informáticos, los que se oponen a la agricultura transgénica, las cortes de meretrices que quieren que se legalice la prostitución, los que quieren que se construyan centrales nucleares y los que no quieren que se hagan. También pasan ministros y por regla general, como son ellos los que toman las decisiones, pues ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Ahora que en España ya se nos ha acabado la época de las ayudas a fondo perdido que era lo único a lo que antes se iba a Bruselas, ya casi no vienen ni los presidentes autonómicos. Cuando un ministro de un país normal va a la Comisión Europea a tratar de influir una decisión concreta es por dos razones: la primera, porque se trata de asuntos extremadamente graves y que afectan a empresas públicas, es decir, gestionadas por su Gobierno. Y la segunda razón es porque tiene la certeza de que la decisión que debe tomar la Comisión no le conviene, porque de otro modo no vendría. Pocos son los que se comprometen con el patético peregrinaje del ¿qué hay de lo mío? cuando se trata de asuntos que se ventilan entre compañías privadas. Venir a Bruselas como ha hecho esta vez el ministro de Industria, José Montilla, en defensa de la opa dichosa equivale a reconocer que no tienen otros argumentos que puedan exhibirse a la luz del día y si acaso servirá para predisponer a los comisarios a hacer una exhibición de independencia. A la Comisión no le gustan estas gestiones poco translúcidas de los gobiernos por que suelen provocar efectos indeseables en otras capitales. Si- -faltaría más- -el ministro de Industria es muy suyo para pedir un avión oficial, decirle al piloto: ¡a Bruselas! y plantarse en el despacho de la comisaria Neelie Kroes para preguntarle ¿que hay de lo mío? Naturalmente, a la comisaria holandesa le trae sin cuidado que Montilla quiera resolver ahora sus cosas de Madrid antes de irse de vuelta a Barcelona, aunque sea de futuro jefe de la oposición. Como es natural, Kroes le escuchó atentamente, pero sabe que si se le ocurriera hacerle caso, entonces le lloverían, y con razón, los recados de la canciller alemana diciéndole: ¡usted no sabe con quien está hablando!