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ABC DOMINGO 16 7 2006 Cultura 57 JAZZ Festival de Vitoria Conciertos de Enrique Morente; Michel Camilo y Tomatito; Kenny Garrett Quartet. Lugar: Polideportivo Mendizorroza y Teatro Principal (Vitoria) Fecha: 14- VII DE JAZZ Y FLAMENCO LUIS MARTÍN ste festival de jazz toca a su fin y en su ambivalente programación, otra velada que comenzó flamenca. Los bienintencionados han creído ver en la visita de Enrique Morente un argumento para contextualizar de algún modo el concierto de Tomatito y Michel Camilo. En la realidad nada de esto ha sido así. Aunque, en el final, todos se reuniesen en el escenario, cada cita ha tenido entidad propia, ha permitido seguir cortando cupón en puerta y, lo que es aún mejor: empujando vida sobre el escenario. Y Morente comparece y la ovación es atronadora. Un cantaor que ofrece un temario que lleva sensibilidad y tripas hasta las orillas del flamenco melódico, con textos que provienen de la tradición popular y de Lorca. Y no se olvida tampoco de hacer en grupo, a capella, un canto de una estructura circular similar a la de la música turco- otomana; es decir, todo cuanto puede dar E -y es mucho- -el maestro en estos momentos. Enrique Morente, una voz personal en un concepto flamenco sin clichés y sin compuertas. La velada seguía con la nueva reunión del pianista Michel Camilo y el guitarrista Tomatito. El concierto recorría un temario predecible. Esas piezas porteñas con las que ahora engancha al personal esta pareja son las perlas que antaño cultivaran Astor Piazzolla y Carlos Gardel. Todo está en el disco Spain again Y también estándares de la canción contemporánea como Amor de conuco y La fiesta de Chick Corea. A todas marca el paso de forma espléndida Michel Camilo desde el piano. Y el acompañamiento de Tomatito se ajusta como un guante a este marcaje que toca los mejores cielos cuando ambos descienden a la terrenalidad de Libertango o Adiós Nonino Curiosa la incorporación en los bises de Enrique Morente para hacer un par de osadas versiones de Stella by starlight y Summertime En la tarde, el altosaxofonista Kenny Garrett había enardecido a las masas en el Teatro Principal. Su grupo tiene forma de cuarteto y lo integran músicos que, como él, no parecen dispuestos a ceder espacio al aburrimiento. Un vendaval sonoro. Música al rojo vivo que solo conoce el remanso cuando Garrett entona junto al pianista una larga suite con escalas orientales probablemente llegadas de canciones populares de Japón a las que Garrett es muy aficionado. CLÁSICA Festival de Perelada Obras de Verdi, Mozart y Dvorák. Intérpretes: Orquesta Juvenil Luigi Cherubini. Dirección: Riccardo Muti. Lugar: Perelada (Gerona) Fecha: 14- VII PERELADA, AÑO VEINTE PABLO MELÉNDEZ- HADDAD iccardo Muti, al mando de la Orquesta Juvenil Luigi Cheribini de Italia, levantó el viernes el telón de la vigésima edición del Festival Castillo de Perelada, ocasión en la que Carmen Mateu, presidenta de la fundación organizadora, recordó al recientemente fallecido subdirector del evento, Luis Polanco, además de congratularse por estas dos décadas de andadura. Salvo un último acorde nervioso y áspero, una versión vibrante y teatral de la obertura de la ópera Giovanna d Arco de Verdi, dejó muy al- R La jornada inaugural tuvo un recuerdo para Luis Polanco, subdirector del certamen y fallecido recientemente to el listón al poner las primeras notas de un programa que a la larga se reveló como de discreta vocación inaugural y en la que primó la corrección más absoluta. Mozart, una de las figuras más celebrada este año a lo ancho y largo del mundo, bajó el nivel de tensión creado por los mimbres verdianos con el intimista Concierto para oboe y orquesta, K. 314 en el cual el conjunto sacó a relucir su ductilidad para acompañar a un solista, en este caso el virtuoso Hansjoerg Schellenberger, quien se aplicó en cadencias y ornamentaciones. Muti jugó con el matiz y con la agógica alcanzando en el último movimiento momentos de auténtico brillo, aunque no los suficientes como en la Quinta Sinfonía de Dvorák que despidió el programa, en la que apareció el Muti genial que el público esperaba, el de las tintas cargadas y del gesto generoso, apostando por la extroversión y por el lirismo ya desde el Allegro del principio, para más tarde ensoñar con la primera parte del Andante rematando en el Finale con pasión y decibelios. El conjunto respondió sin tanta nitidez pero con poderío, entusiasmo y madurez a pesar de la juventud de sus miembros. Gracias al Dvorák más festivo, al del alma checa y romántica, y a la popular obertura de la ópera Guillermo Tell ofrecida como propina, el Festival ampurdanés pudo por fin revivir su habitual fiesta veraniega.