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50 Sociedad DOMINGO 16 7 2006 ABC Rouco Varela destaca la entrega, cortesía e intensa espiritualidad de monseñor Ángel Suquía Los restos del cardenal descansan ya en la capilla de San Isidro de la catedral de La Almudena b Más de doscientos sacerdotes, cuatro cardenales y treinta y tres obispos acudieron a las exequias del que fue presidente de la Conferencia Episcopal entre 1987 y 1993 JESÚS BASTANTE MADRID. El cardenal Ángel Suquía, quien durante once años fuera arzobispo de Madrid y entre 1987 y 1993 presidente de la Conferencia Episcopal, recibió ayer cristiana sepultura en la catedral de La Almudena, en una emotiva ceremonia que contó con la presencia de la mitad del Episcopado español y buena parte del clero madrileño, así como de toda su familia. Suquía, una de las figuras más relevantes en los primeros años de la democracia en España, se convirtió así en el primer arzobispo de Madrid en ser enterrado en el templo que él mismo inauguró, junto a Juan Pablo II, en 1993. Un impresionante silencio acompañó a la comitiva que trasladó los restos de Ángel Suquía desde la cripta de la catedral de La Almudena hasta el interior del templo, donde el cardenal Rouco Varela presidió una solemne Misa de Exequias antes de depositar el sarcófago en la capilla de San Isidro, justo detrás del altar. Casi un centenar de familiares, entre hermanos, sobrinos y sobrinos nietos, acompañaron al féretro en la solemne procesión, así como alrededor de dos mil fieles, que llenaron de flores el sepulcro de Don Ángel. También se encontraban en el templo los populares Jaime Mayor Oreja y Rodolfo Martín Villa, el ex alcalde José María Álvarez del Manzano, y distintas personalidades de la cultura, la medicina y la sociedad madrileñas. Durante su homilía, el cardenal Rouco declaró su dolor ante la desaparición de quien fuera su mentor en Santiago de Compostela y, posteriormente, su antecesor en el Arzobispado de Madrid. Todos fuimos testigos de su entrega y celo apostólicos, de su trato lleno de exquisita cortesía y, sobre todo de su intensa espiritualidad, nacida del trato directo con Cristo, a quien tanto amó y sirvió como único Señor de su vida apuntó el cardenal de Madrid, quien confió en que reciba el premio a sus buenas obras dado que Don Ángel siempre quiso servir a Cristo Los restos del cardenal Suquía en su traslado ayer a La Almudena ERNESTO AGUDO Rouco recordó que los restos de Suquía reposarán en esta catedral que él concluyó con tantos desvelos y añadió que su servicio a la Iglesia, en las diversas diócesis que ha regido, en la presidencia de la Conferencia Episcopal española y a la Santa Sede, ha estado presidido por la vivencia de la plena comunión eclesial y por su incondicional adhesión al Vicario de Cristo Junto a San Isidro Tras la Eucaristía, se procedió a llevar el cuerpo del cardenal emérito de Madrid hasta su definitiva morada terrena. La procesión fue presidida por un incensario, tras el cual un acólito portaba la cruz arzobispal. Diáconos, el cabildo catedralicio, obispos, arzobispos y cardenales precedieron al cardenal Rouco. Tras él, el sarcófago con los restos de Don Ángel, llevado a hombros por ocho diáconos. Tras el cadáver, los familiares de Suquía. Tras colocar el cadáver junto al sepulcro e incensarlo, familiares y religiosos rezaron un responsorio, después del cual se procedió al sellado del sepulcro y a la colocación de la lápida. Diversas coronas de flores, procedentes de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento, diversas hermandades y cofradías, el Seminario de Madrid y la Real Academia de Historia, fueron colocadas junto al sarcófago, ubicado en la capilla de San Isidro, lugar en el que se conserva la urna funeraria del patrón de Madrid (no así su cuerpo, que se halla en la Colegiata) que data del siglo XIII. Frente al altar Más de doscientos sacerdotes participaron en la Eucaristía de corpore in sepulto, así como una treintena de arzobispos y obispos y cuatro cardenales: Rouco, Amigo (Sevilla) Cañizares (Toledo) y Álvarez Martínez (emérito de Toledo) El féretro con los restos del cardenal Suquía se colocó frente al altar, con la casulla y la mitra junto al féretro, y el Evangelio al lado. Entre las autoridades civiles, acudieron a las exequias la directora general de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico, en representación del Gobierno; los consejeros Alfredo Prada y Luis Peral, por parte de la Comunidad de Madrid; Juan Cotino, en representación de la Comunidad Valenciana; Nuria López Guerreñu, por parte del Gobierno vasco; y Manuel Cobo, Ana Botella y José Manuel Berzal, representando al Ayuntamiento de Madrid.