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11- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE La violación ha sido usada como arma de guerra Ocurre tanto del lado del gobierno y las milicias yanyauid, como del lado de la guerrilla, y a ambos lados de la frontera, tanto en Sudán como en Chad: se maltrata a las mujeres y se recluta a niños. Se trata de un conflicto muy largo y cruel dicen Sophie Perréard y Fred Delva, de Save the Children USA, que cuenta con 17 expatriados y 1.200 empleados en Darfur Occidental y otras dos regiones sudanesas. A la pregunta de si, como en Bosnia, se ha utilizado la violación como arma de guerra, señalan que la violación está en Darfur muy vinculada a la cuestión de la tierra. Desplazadas de sus aldeas y ciudades, muchas mujeres que salen a recoger leña y alimentos son asaltadas: Está claro que los yanyauid emplean la violación como arma El aborto es legal en Sudán, y Save the Children les proporciona tratamiento para interrumpir el embarazo en caso de violación dentro de las primeras 72 horas. En algunas zonas son aceptadas, en otras abandonan a la criatura. Pero incluso dentro de una misma tribu cabe aceptación y rechazo. Algunas mujeres son despreciadas por su propia familia para evitar ser marginada como clan. Esta es una sociedad muy opresiva para las mujeres Raro es ver a un hombre acarreando algo por los caminos de Sudán res o los burros agrega. Niños y adultos se extrañan de que acaricie a los hermosos primos africanos de Platero. En la gran explanada central del campo se reúnen buena parte de sus inquilinos, como si la nuestra fuera una comitiva de dignatarios. Quieren que le digamos a nuestro gobierno y a la ONU cómo viven, encerrados, aislados, en su propio país. Sin esperanza. Abdul Sulamaiya, jeque de jeques, pregunta: ¿Dónde están las tropas humanitarias internacionales? La ONU tiene que venir para que podamos regresar a nuestros pueblos Centenares de mujeres y niños alzan los brazos y gritan. Parece una amenaza, pero alguien traduce lo que corean: ¡Bienvenido, blanco! Escribe Oliver Rolin en su novela Meroe de la tristeza de los páramos sudaneses, como los de Darfur. Dice que sería una exageración afirmar que la tierra de los negros verdadero significado de la palabra Sudán es una de las más gratas del mundo, y sería incluso posible asegurar, sin pecar de excesiva injusticia, que es una de las menos aptas para disfrutar en ella de las dulzuras de la existencia. Una refrán local asegura que Alá, que nunca se distinguió por su sentido del humor, no pudo por menos que reír después de haber creado Sudán La ONG suiza Terre des Hommes se encarga de coordinar el campo de desplazados de Ryad, liquidados por los yanyauid. Se limitan a dejar que sus mujeres lo hagan, aunque como consecuencia, muchas, como Marian y Halima, son violadas. Hasa Ibrahim, una de la que están sentadas en el suelo estudiando el Corán, pide la palabra. Tiene 38 años, es de la tribu masalit, dice que su marido fue asesinado y le dejó siete hijos. Culpa al gobierno de Jartum de que los musulmanes se enfrenten entre sí y dice que los yanyauid y el gobierno son lo mismo Pura desolación La escala de la desgracia tiene una inagotable reserva de nudos. Como los pozos de Darfur en la estación seca: hay que ahondar para dar con una veta de agua. Cuando uno cree haber visto a los más desamparados de la Tierra, africanos de Darfur que han tenido que abandonarlo todo para salvarse, la inhóspita aldehuela de Gelu, fronteriza con Chad, tierra de nadie, es pura desolación. Hace cinco meses que Johra Mohamed, que parece veinte años más vieja que los 50 que confiesa, árabe de la tribu mahadi, se ha instalado con parte de su prole en un secarral donde han levantado cabañas de paja y ramas trenzadas. No quieren a los árabes en Chad dice bajo la parca sombra. Ella y otras 460 personas han huido de su aldea, 35 kilómetros Chad adentro, expulsados por una tribu africana Las mujeres, como siempre, llevan la peor parte. Una familia de la tribu rashaida camino del Nilo Azul también a las afueras de la capital de Darfur Occidental, donde malviven desde hace tres años más de 15.000 desplazados de villas y aldeas cercanas. La responsable, que por seguridad prefiere el anonimato (su sede ha sufrido varios asaltos) cuenta que al principio le costó trabajar en el campo porque los jeques veían con desconfianza que una mujer les diera órdenes. Era un mal ejemplo para sus propias mujeres, y si no fuera por ellas, los campos de desplazados serían un verdadero desastre. Las mujeres aprenden y trabajan En el Centro de Mujeres del campo, patrocinado por Save the Children, aprenden costura, cerámica, cestería, alfabetización, religión... Cuando nos acuclillamos para hablar con ellas, un jeque se desliza subrepticiamente y aguza el oído. El ruido de las máquinas de coser se mezcla con la rítmica memorización de suras del Corán. No hay ningún centro parecido para los hombres. Que tampoco se arriesgan y no salen a buscar leña o comida. Por miedo a ser Los jeques veían con desconfianza que una mujer les diera órdenes. Era un mal ejemplo. Si no fuera por las mujeres, los campos de desplazados serían un verdadero desastre