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14 Nacional DOMINGO 16 7 2006 ABC Por ÁLVARO DELGADO- GAL PARLAMENTO INVISIBLE L a política, por estas fechas, sufre una lipotimia cíclica y mortal, al menos desde el punto de vista administrativo. Es el momento de que periodistas, partidos, y ejercitantes varios, hagamos balance del año vencido y nos entreguemos al equivalente de una confesión general. ¿Cómo nos encontramos con relación al verano de 2005? ¿Toca alegrarse, o bien fruncir el ceño? Hace doce meses empezaba a expirar el estatuto de Cataluña, y no por presión foránea sino a manos de los propios partidos catalanes. A principios de septiembre, nadie daba un duro por la criatura nonata. Pero el presidente intervino in extremis y rompió un impasse que amenazaba con sumergir en el caos la vida pública de la región. Su determinación y audacia cortan el aliento. No estoy seguro, no obstante, de que la iniciativa haya sido feliz. Del arreglo improvisado con Mas se derivó la destrucción del tripartito, una crisis en el PSC de consecuencias todavía difíciles de evaluar, y la consagración de un documento que en el peor de los casos viola frontalmente la Constitución y en el mejor obliga a releerla con criterios tan elásticos, tan inventivos, que resulta al cabo problemático entender lo que significa la palabra constitucional Más grave todavía: se ha producido la ruptura con el PP y el alumbramiento de un estatuto clónico, el de Andalucía, que se extenderá en el corto o medio plazo a otras regiones. Se ignora, en rigor, si el Estado de corte confederal hacia el que parece que nos dirigimos será, no ya funcional, sino meramente viable. Y no representa una hipótesis, sino un hecho, que la deriva políticamente portentosa, amén de no consensuada, se inicia con escaso apoyo popular. Sobre el papel, nos aguarda un futuro turbulento, por decirlo suavemente. ¿Habría sido posible ahorrarse el mal trago? Antes de contestar que sí o que no, echemos un vistazo al proceso vasco. Comprendemos lo que sucedió en Argel, y comprendemos lo que pasó en Suiza tras la gran conspiración nacionalista y la tregua trampa de Estella. Lo que ocurrió en esencia, es que el Ejecutivo se reunió con ETA para comprobar si ésta estaba dispuesta a rendirse. No lo estaba, y recuperaron su locuacidad las armas. Ahora, por contra, no O el Gobierno disfraza la verdad o el PP se encuentra al borde de la delincuencia política. La pregunta no es de orden fáctico sino moral nos explicamos de qué va el negocio. La interpretación más sencilla, la que mejor avalan los datos objetivos, es que el Gobierno se apresta a una negociación política en línea con la propuesta que ETA hizo pública en Anoeta. No se le exige a ETA la entrega de las armas; el Ejecutivo hablará con ella mientras se organizan en una mesa paralela los partidos vascos; los socialistas han puesto a Navarra en un plano deslizante que termina donde ya sabemos; el presidente se refiere al derecho de los vascos a decidir su futuro, y así sucesivamente. Se diría que, más claro, verde y con asas. A la vez, oímos decir que no se hará nada que esté fuera de la Constitución, se niega que vaya a haber concesiones políticas, y se declara la vigencia de la Ley de Partidos. Ello coloca a los ciudadanos ante una disyuntiva dolorosa: o no creer al Gobierno, en cuyo caso ya no se sabe qué creer, o creerle. Pero la fe no es una prenda que se pueda dejar en depósito, como se deja en el Monte de Piedad el reloj de oro heredado del abuelo. La fe es un bien que sólo se entrega acudiendo a hipótesis complementarias, hipótesis que justifican, por así decirlo, la enormidad del gesto en que se incurre al permitir que sea el otro el que piense por uno. ¿Qué hipótesis reclama el caso presente? Como mínimo, como mínimo, que el PP está llevando a cabo una labor de obstrucción irresponsable y dolosa. Puesto que si el presidente tiene razones firmes para conocer que los asuntos marchan como pretende que marchan, cae de por sí que se las habrá transmitido a la oposición. Ello sitúa al ciudadano ante una nueva disyuntiva: o el Gobierno disfraza la verdad, o el PP se encuentra al borde de la delincuencia política. La pregunta, ahora, no es de orden fáctico sino moral. No gira en torno a una gestión cuestionable de la agenda pública sino a cómo es posible que hayamos llegado a plantearnos cuestiones, y formularnos interrogantes, que erizan los cabellos y dividen seriamente a los españoles. No intentaré responder aquí a ninguna pregunta. Pero sí haré una reflexión más sencilla: y es que no estaríamos donde estamos, si en España hubiese funcionado normalmente el régimen parlamentario. Éste no obliga sólo a perseguir mayorías capaces, sino que sirve también para elevar a escala magna las virtudes de la conversación inteligente. La última y furtiva aparición del presidente en un rincón del inmueble en que se aloja el Parlamento, que no ante los diputados de la oposición, confirma, de modo dramático, que existen formas de hacer política incompatibles con los rigores que deben imperar en una democracia de partidos. En una democracia, las formas también son contenido. El que no lo entienda, no ha entendido ni una palabra. Maragall y Montilla, en una imagen poco habitual YOLANDA CARDO Montilla, elegido candidato, da por superada la etapa nacionalista de Maragall En un discurso muy alusivo a su origen andaluz, promete servir a los catalanes de origen y destino b El Consejo Nacional del PSC eli- gió ayer, con el 98,2 de los votos, a José Montilla, como candidato a la presidencia de la Generalitat en sustitución de Maragall MARIA JESÚS CAÑIZARES TARRAGONA. José Montilla fue designado ayer candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat con el aval del 98,2 por ciento de los votos del Consejo Nacional del partido- -sólo recibió un voto en contra y cinco en blanco- en un encuentro celebrado en Tarragona y que se convirtió en el primer gran acto de precampaña de los socialistas catalanes con vistas a las elecciones autonómicas del 1 de noviembre. De esta forma se hizo oficial el relevo de Pasqual Maragall por el primer secretario del PSC y actual ministro de Industria, quien cuenta con el apoyo de todo el aparato del partido y acude a las urnas con el lema Ahora es la hora de los catalanes En su discurso, Montilla dio por superada la etapa de reivindicación nacionalista a la que contribuyó Maragall. Según dijo, ahora toca la construcción nacional. No de los símbolos, sino de las personas. Ya no es hora de decir quiénes somos y de Maragall justificó su retirada en la necesidad de facilitar que una nueva generación desarrolle el Estatuto dónde venimos Según el dirigente socialista, no es necesario llenarse constantemente la boca con la palabra nación. La nación son los ciudadanos por lo que expresó su voluntad de servir a todos los catalanes de origen o de destino En este sentido, hizo algo a lo que no está acostumbrado: hablar de sí mismo. El candidato socialista recordó su origen andaluz, su llegada a Cataluña con 16 años y su primera experiencia política en la clandestinidad, donde era conocido como el guerrillero La emisión de un vídeo en el que el propio presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, le define como una persona que gracias a su seriedad está a las puertas de presidir Cataluña permitió dar a conocer los aspectos más personales del nuevo candidato. Montilla reconoció que no soy la alegría de la huerta, pero no me presento a ningún casting ni a ningún premio al mejor peinado- -en alusión a su rival en las urnas, Artur Mas (CiU) Pese a los diversos desencuentros entre Montilla y Maragall- -el más reciente, en relación a la fecha de las elecciones autonómicas- el cabeza de lista reconoció la obra de gobierno de su predecesor. Éste, por su parte, expresó su apoyo a Montilla. Pepe, tu serás presidente dijo Maragall, quien justificó su retirada en la necesidad de facilitar que una nueva generación desarrolle el Estatuto Tras destacar su contribución a la España federal de Zapatero, el aún presidente autonómico instó a Montilla a ser digno de la herencia dejada. Que lo serás, porque te conozco dijo.