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ABC SÁBADO 15 7 2006 Cultura 61 El puente aéreo no sólo es una metáfora del Summercase, un festival bicéfalo, sino una herramienta para los grupos que tuvieron que mover sus bártulos entre Barcelona y Madrid, donde les esperaban decenas de miles de jóvenes dispuestos a divertirse Rock en puente aéreo TEXTOS: JESÚS LILLO Y DAVID MORÁN FOTO: INÉS BAUCELLES En Madrid, las grandes bandas coincidieron a la misma hora Mucho calor y poca sombra, ayer, en el recinto del Summercase, subsede de un festival bicéfalo que despliega sus escenarios entre Madrid y Barcelona. Las protestas vecinales de los habitantes del tranquilo extrarradio de Boadilla y la reciente huelga de pilotos de Iberia- -cuyo puente aéreo es, además de símbolo, una herramienta imprescindible para mover los bártulos de una muestra programada en dos ciudades- -han sido los penúltimos obstáculos salvados por la organización del certamen, cuya primera edición, bien surtida de estrellas del pop más o menos alternativo, reunió en su jornada inaugural a unos 20.000 asistentes en un inhóspito secarral vallado. Había espacio suficiente para todos, ancha es Castilla, pero no corría el aire. Colas, mochilas, pulseras de identificación, ropa de algodón, calzado deportivo, watios, barras y estribillos, lo de siempre en estos casos, y muchas ganas de ver de cerca a New Order en un festival cuyo cabeza de cartel no fue otro que el calor de un polvoriento lugar de La Mancha caprichosamente transformado en pista de baile y sudores. Los sucesivos bandazos geográficos de un Festimad progresivamente escorado hacia el fundamentalismo metálico y la indefinición programática de un Metrorock que no termina de perfilar una oferta homogénea sobre sus escenarios han llevado a miles de madrileños a hacer suyo, a las primeras de cambio, un certamen temático que concentra en dos jornadas las esencias del FIB de Benicasim, aunque en un entorno diseñado para profesionales de los deportes y los conciertos de acción. El proverbial nomadismo de la gente de Madrid volvió a manifestarse desde primera hora de la tarde de ayer, cuando los primeros abonados entraban al recinto del Summercase. También vino gente de fuera. El público, dispuesto a darse el atracón, se quejaba de la coincidencia de bandas de primera fila a la misma hora. Cuatro escenarios, bautizados como terminales aeroportuarias, y un cartel apretadísimo en un jornada- -como la de hoy, en la que llegan a Boadilla los artistas que anoche estuvieron en Barcelona- -marcada por las prisas para llegar a tiempo y no perderse a los Happy Mondays, ver terminar a Primal Scream, mirar el reloj mientras The Divine Comedy rebobinaba sus nostalgias o quedarse parado, en pleno trasiego, ante Rufus Wainwright y su piano. Demasiadas Cientos de jóvenes van llenando los escenarios donde se celebra el Summercase en Barcelona ofertas en un escaparate saturado de buen pop. Festival contrarreloj: minuto y resultado, etapa llana y manchega, bajo un calor que sólo cedió cuando, ya de madrugada, Razorlight, Keane y los Chemical Brothers se repartían los restos de una excursión de desasosiegos. tuó los matices experimentales de su folk intimista y firmó un pase brioso y repleto de electricidad. Más atractivo resultó el regreso de Dirty Pretty Things, formación liderada por Carl Barat, ex compañero del polémico Pete Dogherty en The Libertins. Atropellados y borrachos de electricidad, los ingleses repasaron de principio a fin su primer álbum y consiguieron entusiasmar al numeroso público extranjero presente en el festival gracias a su rock urgente y sin adornos. Con todos los escenarios bien surtidos de gente y el recinto exhibiendo toda su amplitud para facilitar la comodidad de los espectadores, los catalanes Astrud volvieron a poner a prueba su formato de banda y superaron el envite con nota derrochando grandes éxitos y exhibiendo un sonido más cercano al pop de autor que a la electrónica de sus comienzos. A esas horas, gran parte del público ya estaba esperando la aparición de Belle Sebastian, grandes protagonistas de esta primera jornada del festival junto a Daft Punk y Massive Attack. Los escoceses, adictos a los escenarios desde que le perdieron el miedo al directo, aprovecharon su regreso a la ciudad para mostrarse más alegres y contagiosos y presentar su trabajo más luminoso hasta la fecha. Antes, el neoyorquino Adam Green volvió a hacer de las suyas y sedujo con su voz perezosa y su deslumbrante sencillez melódica. En Barcelona, una programación de marcado acento británico Ni siquiera la inoportuna lluvia que comenzó a caer a media tarde sobre el recinto del Forum consiguió deslucir el arranque de la facción catalana del Summercase. Con unas dimensiones más reducidas y compactas que las del Primavera Sound, el festival echó a rodar con buen pie, a pesar de algunos problemas derivados de su condición de primerizo, como fueron la omnipresencia de las colas y un exceso de contaminación acústica entre los escenarios. Aun así, la música se convirtió en la gran protagonista desde primera hora de la tarde, gracias a una programación de marcado acento británico y ciertos aromas electrónicos. El primero en abrir fuego fue David Kitt, trovador melancólico que a su paso por la capital catalana acen- Primal Scream EFE El festival echó ayer a andar con buen pie, a pesar de algunos problemas derivados de su condición de primerizo