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26 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO SÁBADO 15 7 2006 ABC Todo el mundo se levantó ayer con miedo: en 48 horas han sido lanzados más de 200 cohetes a Israel En Zarit y Safed, en Carmiel y Yesod, en Maalot y Sasa, en Metula y Daburnit, en Nahariya y Horpesh... las dos y media y las cuatro de la tarde, el miedo se multiplica hasta el infinito, se convierte en pánico tras pasar de puntillas sobre el terror. En un abrir y cerrar de ojos, para la desgracia de Ariel, de Uri, de Pnina, de Yuval, de Danny, de Jack, de Naiara, de Xabier, de Juan Miguel, de Óscar, de Jimmy, de Yuri, se abate sobre el norte de Israel una intensa lluvia de cohetes Katiusha que salpica, a veces cala hasta los huesos, a todos por igual y te empuja hacia los refugios oscuros, húmedos, insalubres. Y todos, los que se quedan y los que huyen hacia el interior de Israel, consideran ya que, digan lo que digan los expertos militares, los analistas que todo lo ven, lo miran, lo observan a través de sus empañadas gafas desde Europa o Estados Unidos, la guerra está abierta y descarnada. Los vecinos de Kiryat Shmona durmieron anoche en los refugios, por temor a los Katiusha disparados desde el Líbano EPA Treinta localidades del norte de Israel sufrieron, entre las dos y media y las cuatro de la tarde de ayer, un ataque coordinado de decenas de cohetes lanzados por Hizbolá desde sus posiciones en el sur del Líbano En directo bajo los Katiusha J. CIERCO Todos tenemos miedo Y Ariel se tumba en una litera de hierro cubierta por una delgada colchoneta, y Uri se distrae con la televisión que le dice dentro lo que pasa fuera, y Pnina echa de menos a sus clientes en su cafetería, y Yuval explica con dulzura a una de sus hijas, al menos lo intenta, a lo que se enfrentan, y Danny intenta llamar a su hermana para que no se preocupe pero en el refugio no hay cobertura para el móvil, y Jack, de origen egipcio, jura en hebreo contra los árabes, y Naiara y Xabier y Óscar se plantean si entrar o no en vivo y en directo en los telediarios de mediodía, con la ayuda de Jimmy, de Yuri, de Juan Miguel y con los Katiusha que caen a sólo unas decenas de metros. Y todos tienen, todos tenemos, miedo. ZARIT HAIFA. Ariel, 5 años. Tiene miedo. Uri, 23 años. Tiene miedo. Pnina, 57 años. Tiene miedo. Yuval, 16 años. Tiene miedo. Danny, 41 años. Tiene miedo. Jack, 76 años. Tiene miedo. Ariel vive en Zarit. Uri lo hace en Haifa. Pnina, en Nahariya. Yuval nació en Safed. Danny reside en Sasa. A Jack le gusta pasear por Metula. Todos tienen miedo. Todas las ciudades y localidades del norte de Israel fronterizas con el Líbano o cercanas al país del Cedro, atacadas en las últimas 48 ho- ras por más de 200 cohetes Katiusha lanzados por Hizbolá, tienen miedo. También tienen miedo Naiara, Xabier, Juan Miguel y Óscar, periodistas españoles aquí desplazados para cubrir una guerra que si todavía no es guerra se parece demasiado a la guerra. Tiene miedo Jimmy, responsable de una productora israelí que coordina los directos con las televisiones internacionales. Y lo tiene Yuri, cámara de la televisión rusa NTB, quien realiza su trabajo tocado con un casco y pro- tegido con un chaleco antibalas. El norte de Israel se levantó ayer con miedo, tras haber dormido en los refugios con miedo, para desayunar con miedo y pasar la mañana dominado por el miedo. Pero de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, en Zarit y Safed, en Carmiel y Yesod, en Maalot y Sasa, en Metula y Daburnit, en Nahariya y Horpesh, en Mahanayyim y Tzuriel, en Kiryat Shmona y San Juan de Acre; en Haifa y Rosh Pina, en todas ellas a la vez, entre EL EJE GAZA- BEIRUT IGNACIO ÁLVAREZ- OSSORIO. Profesor de la Universidad de Alicante a actual crisis de los rehenes, el enésimo coletazo del irresoluble conflicto árabe- israelí, está sirviendo para que las Fuerzas de Defensa Israelíes lancen una desproporcionada oleada de ataques contra Gaza y el Líbano y, de paso, midan las fuerzas del frente islamista en Oriente Próximo formado por el Hamás palestino y el Hizbolá libanés. Ambos comparten algunos planteamientos, pero también presentan diferencias notables, sobre todo el hecho de que los primeros son suníes y los segundos chiíes. Este detalle, que puede parecernos ane- L cdótico, no lo es ni mucho menos, ya que las dos principales ramas del islam mantienen profundas e insalvables diferencias teológicas que, llegado el caso, como vemos a diario en Irak, pueden llevar incluso a la lucha fraticida. Sin embargo, Hamás e Hizbolá, incluidas en la lista terrorista del Departamento de Estado norteamericano, comparten un enemigo común: Israel, potencia que desde 1967 ocupa los territorios palestinos de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este y que, entre 1978 y 2000, hiciera lo propio con el sur liba- nés. Merece la pena recordar en estos tiempos de amnesia colectiva que fue precisamente el gobierno de Isaac Rabin quien tendió un puente de plata entre ambas formaciones al expulsar en diciembre de 1992 a 400 dirigentes islamistas palestinos a la tierra de nadie del sur libanés, controlada por Hizbolá. Esta estancia fue aprovechada para radicalizar el discurso de Hamás y para dar a sus militantes entrenamiento militar. Fue a su retorno a los Territorios Ocupados cuando se empezaron a generalizar los atentados terroristas contra objetivos civiles. Desde entonces, Hizbolá ha mantenido estrechos contactos con los líderes islamistas palestinos e, incluso, ha intentado tomar parte en algunas de las más cruciales decisiones adoptadas por Hamás en los últimos meses. Es pú- blico que el jeque Nasrallah, formado en Irak e Irán, donde fue alumno de Muhamad Baqr al- Sadr y del ayatolá Jomeini, no veía con buenos ojos la progresiva deriva del ala moderada de Hamás hacia el posibilismo. Últimamente había criticado en más de una ocasión a quienes dentro del movimiento, incluido el primer ministro Ismail Haniyeh, pretendían hacer concesiones dolorosas -léase la aceptación formal del derecho a la existencia de Israel- -para ganarse el reconocimiento de la comunidad internacional. Con el secuestro de los dos soldados, Hizbolá pretendería, como hicieran antaño otros dirigentes árabes, influir en la delimitación de la estrategia política palestina y decantar la balanza del lado del sector duro de Hamás, asentado en Damasco.