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50 Sociedad EN LA MUERTE DEL CARDENAL SUQUÍA VIERNES 14 7 2006 ABC Suquía será el primer arzobispo enterrado en La Almudena Los fieles podrán dar hoy su último adiós al cardenal b El obispo auxiliar de Madrid, Fidel Herráez, viajó ayer a San Sebastián para hacerse cargo del cadáver, que fue introducido en una caja de cinc, con tapa de cristal, y en otra definitiva de madera J. BASTANTE MADRID. Ángel Suquía Goicoechea será el primer arzobispo de Madrid en ser enterrado en la catedral de La Almudena, templo que fue inaugurado por Juan Pablo II en 1993, siendo Suquía cardenal de la diócesis madrileña. Como corresponde a un príncipe de la Iglesia las exequias por su eterno descanso cuentan con un riguroso protocolo, que dio comienzo ayer a primera hora de la tarde, con el traslado al domicilio familiar del cardenal Suquía en San Sebastián de una comitiva oficial del Arzobispado de Madrid. Dicha comitiva estuvo encabezada por el obispo auxiliar de Madrid, Fidel Herráez, a quien acompañaron el deán de la catedral de La Almudena, Antonio Astillero; el secretario episcopal y dos vicarios episcopales, quienes certificaron el fallecimiento y se hicieron cargo del traslado del cadáver hasta Madrid, donde recibirá cristiana sepultura. El cuerpo de Ángel Suquía, previamente embalsamado, fue vestido con los ornamentos litúrgicos (alba, estola y casulla) así como con la mitra episco- pal. Posteriormente, fue introducido en una caja de cinc, con tapa de cristal, y en otra definitiva de madera. La comitiva fúnebre emprendió regreso a la capital de España a las ocho de la tarde. Poco después de la medianoche, el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, acompañado del Cabildo Catedralicio, recibió los restos de su antecesor en el cargo en la cripta de la catedral de La Almudena. Una vez allí, el féretro fue colocado sobre una tarima frente al altar. A su lado, se colocó el cirio pascual y una cruz, con otros dos cirios en torno al fallecido, y el Evangelio a los pies. Rouco Varela rezó una oración y un responso, tras el cadáver, que quedó depositado en la cripta, que se cerró. Expuesto para los fieles Desde las nueve de esta mañana hasta las nueve de la noche, el cuerpo permanecerá expuesto en la cripta para todos aquellos fieles madrileños que quieran orar ante los restos de Ángel Suquía. A las once de la mañana, los miembros del Cabildo de la catedral rezarán en la cripta los laudes del Oficio de Difuntos. Durante toda la jornada de hoy se sucederán misas de corpore in sepulto en las que se pedirá por el eterno descanso de quien durante once años fuera pastor de la Iglesia madrileña. La jornada del sábado arrancará a las once y media de la mañana, con el traslado del cadáver, en procesión, desde la cripta hasta la Catedral de La Al- Ángel Suquía conversa con Joseph Ratzinger en Roma en 1985 mudena. Para la Misa Exequial, la procesión con el féretro saldrá desde la cripta de la catedral, recorriendo la Cuesta de la Vega, la calle de Bailén y la Plaza de la Almudena, para entrar en la catedral por la Puerta Principal. Desde las nueve de la mañana a las nueve de esta noche sus restos mortales serán expuestos en la cripta Mañana a las 12, Rouco Varela presidirá la misa de exequias. Después, Suquía será enterrado en la catedral En procesión El orden de la procesión también ha sido estrictamente señalado, comenzando por los seminaristas de la Diócesis, que irán revestidos con alba; posteriormente, los sacerdotes, con alba y estola morada; tras ellos, los canónigos y vicarios episcopales, con UN VASCO UNIVERSAL Y LLENO DE ESPÍRITU ECLESIAL MONSEÑOR FRANCISCO PÉREZ GONZÁLEZ Arzobispo Castrense de España ecuerdo como si fuera ayer cuando el cardenal Suquía me llamó un día y me dijo: Quiero que vayas al Seminario Conciliar de Madrid para hacerte eco de las palabras de Cristo que todos sean uno y trates de llevar el espíritu evangélico a los seminaristas Me lo dijo con tal convicción que este lema lo he llevado siempre en mi corazón. En el Seminario Conciliar estuve diez años y posteriormente el Papa Juan Pablo II me nombró Obispo de Osma- Soria. Durante los años que compartí alegrías y también algún que otro dolor con Don Ángel, que así lo llamábamos cariñosamente, siempre me sentía animado, pues su esti- R lo bondadoso y de profunda espiritualidad hacía que quienes se acercaban a él se sintieran reconfortados. Madrid lo acogió con inmensa alegría y siendo vasco veía en él una universalidad que para nada contrastaba con aquellos que no lo eran, al revés: se hacía almeriense con los de Almería, malagueño con los de Málaga, gallego con los de Santiago de Compostela y madrileño con los de Madrid. Me fascinaba su forma de tratar y de escuchar. Sus palabras llegaban al fondo del alma. Me admiraba su gran sentido y espíritu de Iglesia. Más de una vez le escribía para darle las gracias por sus cartas pastorales. Se veía a un hombre de amor a Cristo y a su Iglesia y lo hacía de forma natural, sin escondrijos, a las claras. ¡Cuánto aprendí de Don Ángel y cuánto me enseñó! Tengo muchos recuerdos y muchos momentos al haber compartido, con él, el discernimiento en el Seminario y de cara a los seminaristas. Siempre esperaba que las cosas maduraran, pero nunca se separaba del camino de la Verdad y del Bien. Fue como un maestro que infundía en mi interior un pensamiento sereno y una espiritualidad profundamente pastoral. Recuerdo que un día, por una serie de circunstancias, me vio un poco triste y me dijo: No te preocupes, quien sigue a Cristo ha de saber abrazar su Cruz y además con alegría, pues la tristeza es el fruto del orgullo herido Era un hombre de Dios paciente y con gran sentido de lo que a su alrededor sucedía. Cuando en 1996 (el 6 de enero) el Papa Juan Pablo II me ordenó obispo en la basílica de San Pedro, recuerdo que me escribió una carta muy profunda y me daba unos consejos que han sido siempre como indicaciones en el camino de mi episcopado. En resumen, me dijo que nunca temiera, pues el Señor es más que todos los sufrimientos que pudiera darme el ejercicio ministerial. Muchas noches he pasado junto al Sagrario y siempre he constatado que lo que me decía Don Ángel, era verdad. Y todo esto lo cuento ahora que Don Ángel ha pasado el umbral de la esperanza y estoy seguro que Jesucristo le habrá hecho fiesta. Antes no lo hice pues se hubiera ofendido. Bien merece la pena ser obispo y seguir el ejemplo de personas tan buenas como Don Ángel. Me ayudó en los momentos difíciles y me consoló en los momentos de dolor. Espero que desde el cielo siga ayudando mi ministerio y a todos los obispos españoles.