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ABC VIERNES 14 7 2006 27 La Policía india estrecha el cerco de la investigación en torno a activistas islámicos y paquistaníes Scotland Yard podría interrogar a Blair por los préstamos secretos para su campaña electoral Beirut se despertó con la gran nube de humo que se produjo tras el bombardeo de su aeropuerto, y se acostó con un nuevo ataque sobre el mismo aeródromo y con la amenaza de posibles bombardeos en los barrios del sur, feudo de Hizbolá Ya están aquí MIKEL AYESTARÁN. SERVICIO ESPECIAL REUTERS vista de 31 años Ehud Goldwasser, natural de Nahariya; y Eldad Reguev, de 26, vecino de Kiryat Motzki. Dos secuestrados que según informaciones llegadas de Beirut podrían ser trasladados en las próximas horas, en días venideros a Irán, algo que podría llevar esta guerra abierta, declarada, militar y de palabra al patio trasero del régimen de los ayatolás previa parada y fonda en la también amenazada capital siria. Cómo llamar a todo esto sino guerra. BEIRUT. Los lujosos comercios del centro de Beirut abrieron sus puertas como otro día cualquiera. Las boutiques y los restaurantes caros estaban prestos a recibir a la nube de turistas que disfrutan en el Líbano de sus vacaciones. Los combates en la zona sur del país parecían ocurrir muy lejos de los escaparates de las boutiques, los restaurantes de comida italiana y francesa y las playas, pero esta aparente normalidad fue apagándose poco a poco hasta dejar una ciudad desierta. Los primeros avisos llegaron por la mañana, cuando las fuerzas aéreas de Israel bombardearon el aeropuerto internacional dejando inutilizables sus pistas más importantes. Una gran nube de humo proveniente del lugar, que dista apenas diez minutos en coche del centro urbano, presagiaba el inicio de una jornada negra. En unos minutos Israel había conseguido bloquear la entrada y salida al país por aire. Es una auténtica declaración de intenciones. Por mucho que nuestro Gobierno haya pedido en las últimas horas que no se aplique un castigo colectivo sobre la población civil por culpa de la actuación de un grupo determinado, ellos han hecho caso omiso y les han responsabilizado de dar cobertura a los hombres de Hizbolá lamenta el director de la televisión beirutí Al Alam Amer Abdessater. El segundo ataque de la jornada se produjo contra la cadena de televisión que los radicales islamistas tienen en el país, Al Manar Las bombas arrasaron las oficinas, pero los periodistas del medio encontraron rápidamente acomodo en una casa hermana desde la que no dejaron de emitir un sólo minuto a lo largo de toda la jornada con continuas conexiones en directo a los puntos calientes del país. Éxodo por carretera Para entonces las tiendas iban cerrando sus puertas, las gasolineras empezaban a registrar las primeras colas, la salida de la carretera a Damasco registraba los primeros atascos y el silencio se iba apoderando de las calles. Era el momento de las teles y los transistores. La actividad en la capital se paralizó y los beirutíes comenzaron a reunirse en bares y casas para seguir las noticias. Están Israel está responsabilizando a los civiles libaneses de dar cobertura a los hombres de Hizbolá aquí, no pensaba que volveríamos a vivir estos momentos. Todos sabemos que el sur es una zona inestable, pero no pensábamos que llegarían de nuevo a Beirut señala Ahmed, un emigrante que ha regresado al Líbano desde Dinamarca para visitar a su familia. Al atardecer, los rumores sobre un posible ataque nocturno a la zona sur de la ciudad sirvieron para sacar a la calle a miles de militantes de Hizbolá que, enarbolando banderas amarillas y las fotos de su líder, el jeque Hasan Nasrallah, se concentraron en la plaza de Gbiri para mostrar su ira. Nasrallah tiene razón, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. ¿Qué quieren? ¿que les devolvamos a sus soldados y pidamos perdón? No, guerra, y si se atreven a atacarnos tenemos misiles apuntando a Haifa... Que tengan cuidado con lo que hacen vociferaba un militante de Hizbolá entre el griterío. A los pocos extranjeros que circulaban por las calles en esos momentos, los manifestantes les gritaban una y otra vez: We are fucking Israel (Estamos jodiendo a Israel) La zona sur de la ciudad se había convertido a última hora de la tarde en una calle cualquiera de Gaza, y los israelíes, como en Palestina, parecen decididos a aplicar las mismas medidas.