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26 VIERNES 14 7 2006 ABC Internacional Israel y la guerrilla de Hizbolá se lanzan a una guerra abierta en Oriente Próximo Un centenar de cohetes Katiusha mete a Haifa y al norte de Israel en los refugios b Tel Aviv aísla el Líbano por aire y por mar; bombardea el aeropuerto de Beirut y la televisión de Hizbolá, y provoca medio centenar de muertos en el sur del país JUAN CIERCO. CORRESPONSAL ZARIT (FRONTERA ISRAEL- LÍBANO) Guerra Titulaba en su edición de ayer el diario Yedioth Ajronoth. Declaración de guerra Llevaba a su portada el rotativo Maariv. Guerra abierta entre Hizbolá e Israel, con Hamás y sus cohetes Qassam haciendo de las suyas desde Gaza contra Sderot. Guerra abierta en la frontera, en el sur del Líbano, en Beirut, en el norte de Israel. Guerra abierta que puede desestabilizar todo Oriente Próximo, con Irán y Siria en el ojo del huracán, en el punto de mira. Si esto no es una guerra se le parece mucho. Cómo llamar si no al bombardeo de la aviación israelí contra dos pistas del aeropuerto internacional de Beirut, cerrado al tráfico aéreo de ayer en adelante, con varios vuelos desviados a Chipre por motivos más que obvios, sin huelga de pilotos que valga. Cómo llamar a los ataques continuados contra las posiciones de Hizbolá en el sur del Líbano, por tierra, mar y aire, con barcos de guerra, con aviones de combate, con helicópteros, con baterías de artillería apostadas detrás de unas lomas en las colinas fronterizas. Bombardeos que han provocado, según distintas fuentes, medio centenar de muertos, la mayoría civiles, entre ellos una familia de 12 miembros. Dos frentes abiertos Cómo llamar sino guerra abierta, con dos frentes tan alejados como idénticos, en el sur y en el norte, en Gaza, y en el Líbano, contra Hamás, contra Hizbolá, al aislamiento impuesto por Israel al país del Cedro, al que es imposible llegar, del que es imposible salir por mar o por aire. Cómo llamar sino guerra verbal a la retahíla de amenazas y contra amenazas, de advertencias y contra advertencias, de ataques y contraataques lanzados por Tel Aviv y Beirut, por Hizbolá y el Ejército hebreo: Estamos dispuestos a bombardear Beirut si no cesan los cohetes Katiusha sobre nuestras ciudades Si bombardean Beirut lanzaremos misiles de largo alcance contra Haifa Y los unos y los otros tienen medios para cumplir más que de sobra sus amenazas, sus advertencias, sus ataques y contraataques. Cómo llamar sino guerra abierta, bombardeos indiscriminados, a la lluvia de cohetes Katiusha sobre Haifa, vuelta de tuerca que a buen seguro traerá duras consecuencias, Carmiel, Safed, Nahariya, donde murió una mu- La aviación israelí bombardeó los depósitos de combustible del aeropuerto de Beirut jer pero pudo morir más gente. Cayeron cohetes de madrugada, a mediodía y ya entrada la tarde, junto al tranquilo mar Mediterráneo, tan cerca del hotel donde se alojan algunos corresponsales extranjeros que temblaron las ventanas mientras densas columnas de humo y unas más que ardientes llamaradas se daban la mano rumbo a un cielo sobrevolado sin cesar por helicópteros y F- 16 israelíes. Cómo llamar sino psicosis de guerra a esos atascos kilométricos que se produjeron en las carreteras que llevan del norte al centro de Israel, que te rescatan hacia el interior, con miles de vehículos ocupados por miles de personas con sus maletas, sus enseres, sus pertenencias, sus suegras, sus hijos, todos huyendo a la desesperada. Cómo llamar al bombardeo israelí contra los estudios de Al Manar la televisión de Hizbolá que pudo segir emitiendo; contra la torre de transmisiones a las afueras de la capital. Dianas de sangre y muerte Cómo llamar a las dianas pintadas en los barrios chiíes del Líbano, donde aparecen las caras de Ehud Olmert, de Amir Peretz, de Dan Halutz, con una gran cruz de San Andrés roja como el color de la sangre derramada. Dianas y caras que tienen a la del líder de Hizbolá como protagonista. El jeque Hasán Nasrallah, responsable del ataque contra los militares israelíes que costaron la vida a ocho y el secuestro de otros dos, es el principal, primer, prioritario objetivo de Tel Aviv. Dos soldados secuestrados de los que ya se conoce su identidad: el reser- RAFAEL BARDAJÍ LOS PROBLEMAS DE FONDO U nos terroristas de Hizbolá, la organización creada por Irán en el Líbano para atormentar a Israel, cruzan la frontera y penetran ilegalmente en suelo israelí y secuestran a dos soldados, dejando muertos a tres más. La reacción del Gobierno de Beirut, un comunicado en el que afirma no saber nada y no responsabilizarse de las acciones terroristas perpetradas desde su propio suelo; la reacción del Departamento de Estado norteamericano: los hechos son responsabilidad de quienes los cometen y no del Go- bierno elegido aunque éste se haya mostrado incapaz de combatir el terrorismo en el sur del país, o siquiera de intentar ponerle freno. La respuesta de Israel: Beirut es un Gobierno fallido y la seguridad de Israel sólo puede verse afianzada en este caso con una intervención militar. El resultado, que Israel vuelve al sur del Líbano. La crisis actual debería hacernos pensar sobre los problemas de fondo. En primer lugar, la retirada israelí del Líbano en el año 2000 sin haber podido acabar con Hizbolá fue interpretada por los ra- dicales, en realidad, como una victoria sobre Israel. Se iban del país después de 18 años sin haber logrado sus objetivos pero hastiados de su despliegue. En segundo lugar, el miramiento con que la comunidad internacional, sobre todo los europeos, tratan a Irán, no ha hecho sino provocar un envalentonamiento de los islamistas radicales en toda la zona del mundo árabe. Nos ven presos de una debilidad terminal e impotentes ante sus demandas. Por otra parte, la creencia de Israel de que podría obtener una mayor paz y seguridad a través de su política de salida unilateral de los territorios palestinos se está demostrando ilusoria. La salida de Gaza se leyó por los radicales de nuevo como una victoria más de su parte y explica en cierta medida el auge de Hamás en la zona. ¿Puede la respuesta militar de Israel arreglar los problemas? Puede que esta no sea la pregunta correcta, ya que frente al auge del terrorismo no le queda más opción que defenderse. Si Israel dejara impune el crimen de quienes han matado y secuestrado a sus soldados, la situación para Israel tendería a empeorar dramáticamente. Pero las autoridades israelíes deben tener claro qué quieren hacer en el sur del Líbano. Su presencia allí, inevitable, puede también dañar al inestable Gobierno de Beirut, el primero elegido por las urnas en los últimos 30 años y eso puede obligarles a quedarse más de lo que probablemente desean. Con todo, la comunidad internacional no puede caer en la tentación de primar la estabilidad del Gobierno libanés sobre el merecido castigo a los terroristas de Hizbolá. Es hora de que sepan que no pueden salirse con la suya.