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46 Madrid JUEVES 13 7 2006 ABC Ni siquiera los más de cuarenta grados pudieron con ellas. Las fans de El Canto del Loco esperaron horas, algunas incluso días, junto a Las Ventas para coger buen sitio en el segundo de los tres conciertos del grupo madrileño en la capital Cientos de locas toman Las Ventas TEXTO: CRISTINA ALONSO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Una entrada para ver en concierto a El Canto del Loco, 22 euros. Una camiseta del grupo, 10 euros. Hacer cola para conseguir el mejor sitio, no tiene precio. Y si no, que se lo digan a Silvia, de 18 años, y a Beatriz, de 15. Estas dos adolescentes han dormido seis noches sobre una colchoneta hinchable, a escasos metros de una de las entradas de la plaza de toros de Las Ventas. Sólo han abandonado la zona, en la que ya se sienten como en casa, para ir cada mañana a sus hogares a ducharse. Han desayunado, comido y cenado durante una semana sobre la acera, bajo un calor asfixiante y en compañía de quince amigas, que han querido compartir con ellas su locura. Como alimento, alguna pizza y muchos bocatas. No se van a perder ni uno sólo de los tres conciertos consecutivos que ofrece el grupo. En cuanto salga hoy de este segundo me pongo a hacer cola otra vez para el tercero explicaba Silvia. Pero no están solas. Cientos de fans del grupo madrileño las han acompañado. Entre ellas, Juana y sus amigas, de 18 años. Ayer habían llegado a las ocho de la mañana. En total, casi doce horas de espera hasta las siete y media de la tarde, hora de apertura de la plaza. Estas cinco chicas habían puesto seis euros cada una e ido al supermercado a comprar todo lo necesario: un bote de protección solar, patatas fritas, chocolate, golosinas y pipas. Estamos súper nerviosas, son tan guapos que todo este calor merece la pena Cartones y toallas Casi todos los jóvenes, que levantaban gran expectación entre los transeúntes y conductores que cruzaban la calle de Alcalá, habían elegido una toalla o un trozo de cartón para hacer su espera más cómoda. Los más listos habían optado por un cojín. Éste se lo he robado a mi madre del salón, ya verás cuando se entere... explicaba una joven de 15 años. Y en busca de un poco de alivio, paraguas de todos los colores y alguna sombrilla, bajo los que los adolescentes se protegían de un sol que iba y venía. Un vendedor ambulante había colocado su puesto de venta de abanicos en medio de la multitud, pero sin mucho éxito de venta. Son horribles, además, nosotras ya tenemos los nuestros explicaba Montserrat, de 16 años, que enseñaba orgullosa un abanico blanco con el nombre Dani -nombre del cantante de El Canto del Loco- -pintado a rotulador rojo. Ante las altas temperaturas, muchas adolescentes optaron por quitarse la camiseta, algunas- -las menos- incluso, el pantalón o la falda, y tumbarse en mitad de la acera a tomar el sol en biquini. Es insoportable, es que te sube un calor del suelo que no hay Los abanicos y paraguas fueron los mejores aliados de los jóvenes quien pare, lo mejor: tirarnos agua fría unas a las otras por la cabeza explicaba una joven con el pelo empapado. Para otras, esta medida les resultaba insuficiente. Hemos descubierto el invento del siglo contra el calor: meter unos cuantos cubitos de hielo dentro de la gorra. Refresca la cabeza que no veas Un adolescente de 14 años y de nombre Felipe ha venido a Madrid sólo a ver el concierto. Ayer llevaba dos noches durmiendo en las inmediaciones de la plaza: Me gusta mucho Madrid, aunque no he conocido mucho la ciudad. He estado aquí todo el rato La novia de Antonio, de 20 años, está que lo flipa por El Canto del Loco. En cuanto Antonio salió del trabajo fue a verla a Las Ventas. Aprovechó la ocasión para llevarle unos refrescos fríos y un bocadillo de carne: Esto que hace no es normal, a ver si el filete consigue que entre en razón tá tirada en la toalla, bajo su paraguas, mientras sus amigos desesperan. Si al menos hubiera alguna mujer en el grupo... pero nada añade Sergio. Algunos padres, inquietos ante la ocurrencia de sus hijos de esperar durante horas en la calle, se pasaban por allí como quien no quiere la cosa a ver qué tal iba todo. Es el caso de la madre de Enrique, de 14 años. He traído un poco de ensaladilla rusa y algo de embutido para que se alimenten bien. Pero me voy enseguida porque no me quiere ni ver por aquí, le da vergüenza Entre tanto adolescente, algún puesto de golosinas, frutos secos y bebidas frías. Nada, no estamos vendiendo nada. Lo que quieren es alcohol, y como nosotros no podemos venderlo, se van a los bares de alrededor. Ya nos conocemos a este tipo de público afirma Antonio, que regenta uno de estos puestos. Muchos jóvenes cruzan la calle para ir a uno de esos bares, situado justo enfrente de la plaza de toros. Fuera, un camarero toma un poco el aire: Estamos vendiendo muchísimo, lo que más piden es bebida Lo que más me gusta es su chulería, y tiene un culo también el Dani que vamos, claro que merecerá la pena la espera. Por ellos, haría lo que fuera afirmaba Sara, sevillana de 13 años que tiene toda su habitación empapelada con posters del grupo. No faltaron el parchís y la baraja de cartas para matar el tiempo. Incluso algún romance, como el de David y Elena, de 16 años, que se han conocido mientras esperaban. Ya ves, empezamos a hablar a lo tonto y nos hemos molado explicaba Romeo Hemos descubierto el invento del siglo: meter cubitos de hielo dentro de la gorra. Refresca la cabeza que no veas Lo que más me gusta es su chulería, y el culo del cantante. Merecerá la pena esperar. Por ellos haría lo que fuera Espera interminable Sergio, de 17 años, no puede más. Está harto del calor, de esperar, de todo. Ya puede cantar bien el chaval... Junto a él, Amanda, un año menor, es-