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ABC JUEVES 13 7 2006 Internacional 35 JOSCHKA FISCHER Ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania La cooperación con Turquía es clave para la lucha antiterrorista Autodidacta, contestatario, heterodoxo, hippy asalariado, taxista, Verde diputado... ahora se va a Princeton. Cuando vuelva a Alemania colgará definitivamente las botas TEXTO: JUAN M. AMORÓS FOTO: FRANCISCO SECO MADRID. Joschka Fischer ha cambiado mucho desde 1982. Por aquel entonces se le veía haciendo campaña por los verdes Die Grünen vestido con vaqueros y jersey de cuello alto y algunos kilos menos que los que exhibe hoy. Aquel año, en que se rompió la coalición gubernamental alemana que sostenía a Helmut en la cancillería, comenzó el ascenso, lento al principio, pero meteórico en los últimos años, del Verde heterodoxo, radical en sus comienzos, hippy quizá, Joschka Fischer. Cuando en 1998 los verdes dieron la mayoría al SPD de Gerhard Schröder, Joschka Fischer pasó de la oposición- -diputado desde 1982- -al lugar más alto del Gobierno de Alemania después de canciller, el Ministerio de Asuntos Exteriores. Había llegado el momento verde, el momento de hacer política verde, el momento de teñir de verde la sociedad alemana y, muchos pensaron, salpicar de verde al resto de los países de la Unión Europea. Si el objetivo se consiguió es algo que deberá decidir el partido en primera instancia y la Historia en definitiva. Joschka Fischer cree que sí. ¿Se puede ser verde desde un Ministerio de Asuntos Exteriores? -Creo que sí. Está cada vez más claro que la cuestión energética crece día a día en importancia. Cada vez más se hay un acoplamiento energía- seguridad. La necesidad de reducir paulatinamente la dependencia del petróleo es muy importante y se enmarca con mayor intensidad dentro de la política de seguridad. Piense usted que el 40 por cien de todas las reservas de petróleo y de gas del mundo están en zonas como Oriente Próximo y el Golfo. Y eso da la medida de que la cuestión ecológica se integra de manera clarísima en el marco de la política de seguridad. Estoy convencido de que la cuestión ecológica va a ser cada vez más importante, pero lo verde no solo se extiende por ese campo. Pensemos también en problemas como la inmigración africana. Lo que ocurra en África, su desarrollo, va a ser decisivo. Pensemos por un momento que África exportase sus conflictos. Los europeos seríamos los más afectados. Hay que analizar la problemática africana, y la de otras zonas similares con el enfoque de cooperación e imaginación que siempre han aportado Los Verdes -El ex ministro de Asuntos Exteriores presentó ayer su libro, El retorno de la Historia que, escrito en 2005 y publicado ahora en España por Espasa Calpe, se plantea desde la perspectiva de sus siete años en el Ministerio, las claves y estructuras necesarias para la renovación de Occidente ¿En quién pensaba mientras escribía este libro? -Sobre todo en mí, aunque realmente Joschka Fischer ayer en Madrid va dirigido a una audiencia política, pues es un intento de trazar las grandes líneas que naciendo en el pasado nos trasladan al futuro. Se trata sobre todo de extraer consecuencias y encontrar respuestas políticas a algo que está ocurriendo y sobre lo que tenemos la posibilidad de dejar que ocurra de manera caótica o somos capaces de ir encauzándolo gracias a esas grandes líneas. -En su libro dice que el terrorismo ha venido a sustituir el enfrentamiento de la Guerra Fría. En este sentido, ¿cree usted que el 11- S cambio la Historia? -No sé si realmente cambió la Historia el 11 de septiembre. Sí lo hizo, radicalmente, el 9 de noviembre de 1989 (caída del muro de Berlín) eso sí marcó un cambio. El 11 de septiembre fue como un fogonazo en una noche oscura y con el que vimos de repente un nuevo paisaje, nuevas amenazas, nuevos retos. Lo que cambió el 11 de septiembre fue quizá la forma de percibirlo. Nos dimos cuenta de que estamos ante una nueva amenaza totalitaria, ante nuevos retos totalitarios. Supimos entonces que que en la globalización no hay ningún conflicto que se olvide. Afganistán, con toda la ayuda humanitaria que se ha vertido allí, es precisamente donde se gestó el 11 de septiembre. -Y ¿cómo hay que enfrentarse a ésa amenaza? -Diálogo y cooperación, pero sobre todo teniendo muy presente a Turquía. La clave es Turquía. Vamos a necesitar cada vez más a ese país, porque tiene una importancia increíble en cuanto a seguridad y como modelo para el islam. Durante la época de la Guerra Fría el centro de atención, el campo de batalla era Alemania. Turquía tan solo estaba en la periferia, como país importante, pero en la periferia. Ahora la principal amenaza viene del Oriente Próximo, y eso sitúa a Turquía en ése centro de atención. La cuestión crucial es si somos capaces de transformar ese país, de convertirlo en un país democrático con una economía de mercado, en un Estado de Derecho. Eso tiene que decidirlo la propia Turquía, y si lo hace al margen de la perspectiva europea, será, sin lugar a dudas, una respuesta en extremo negativa. Turquía tiene que servir de ejemplo a la mayoría de los musulmanes, que como usted y como yo desean la paz, de que el progreso, la democracia y el islam no son incompatibles. -Y ¿cuál es el camino? -Creo que el de aprovechar todas las fuerzas liberales que hay dentro del islam. Si Turquía tiene éxito conseguiremos que del islam surjan fuerzas democráticas y eso es tan importante como lo fue en Europa en el pasado, cuando los democristianos recibieron el apoyo de católicos, de protestantes, de no cristianos. Hay que crear en Turquía un partido islámico democrático. Eso tendría muchísima influencia muchísimo más allá de la propia Turquía y será decisivo para secar sus raíces al terrorismo y derrotar la amenaza que supone. Creo que hay que aprovechar todas las fuerzas liberales que hay dentro del islam No sé si el 11- S cambió realmente la historia. Sí lo hizo, radicalmente, el 9 de noviembre de 1989