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ABC JUEVES 13 7 2006 Internacional 33 11- J SANGRIENTO EN BOMBAY LA MALDICIÓN DEL 11 E La Policía india ha reforzado la seguridad en estaciones y, sobre todo, mezquitas para evitar nuevos atentados AP Solidaridad entre las comunidades hindú y musulmana tras los atentados Los ataques terroristas han costado la vida a casi doscientas personas India y Pakistán, cuyo ministro de Exteriores aseguró que la causa última de los atentados era el problema de Cachemira ABC BOMBAY. Poco a poco volvía ayer la normalidad a la ciudad de Bombay, la capital industrial y financiera de la India. Una urbe de casi veinte millones de habitantes donde hablar de normalidad, y más referida al caótico transporte público, es prácticamente una utopía. Pero el ferrocarril suburbano por el que transitan diariamente seis millones de personas se puso ayer en marcha nuevamente cargado de pasajeros, miedo y desconfianza. Es terrorífico, tengo miedo. Pero no puedo hacer otra cosa, es la única manera que tengo de ir al trabajo aseguraba Amita Rane, contable de 24 años de edad. En el Hospital Público Rey Eduardo, una mujer lloraba desconsoladamente al ver el rostro quemado de su marido, que está en estado crítico. Ese no puede ser él, no puede ser él repetía. Peter Lehr, del Centro para el Estudio del Terrorismo y la Violencia Política, perteneciente a la universidad británica de St. Andrews, aseguró ayer que, en su opinión, los atentados de Bombay podrían estar inspirados en los ataques terrorisb Crece la tensión entre la tas de Londres y Madrid. Es un intento de instaurar el miedo en las mentes de los ciudadanos- -explica Lehr- -y provocar una ola de violencia entre las comunidades hindú y musulmana A juzgar por testimonios como los de Amita Rane, los terroristas parecen haber conseguido sus objetivos. Conscientes del estado de ánimo de la población, las autoridades indias han lanzado una campaña para tranquilizar y levantar la moral entre la población. Ganaremos esta guerra contra el terror. Lo que acaba de pasar es una prueba viviente de por qué despreciamos el terrorismo manifestó ayer el primer ministro Manmohan Singh. Por su parte, la Policía ha preparado los retratos robot de tres posibles responsables de la matanza, que asciende a casi doscientos muertos y más de setecientos heridos, según el último recuento. También se han intensificado las medidas de seguridad a lo largo y ancho del país: estaciones, supermercados, parques y, sobre todo, edificios religiosos están fuerte- mente custodiados para evitar brotes de violencia entre hindúes y musulmanes. Sin embargo, en lugar de violencia lo que hay es una rara sensación de armonía y solidaridad entre ambas comunidades. Tensas relaciones Sin embargo, el ambiente es mucho más tenso entre los gobiernos de Nueva Delhi e Islamabad. Aunque Pakistán se apresuró a condenar los atentados el mismo día en que se produjeron, el Gobierno indio urgió ayer a Islamabad a que desmantele la infraestructura terrorista que opera Cachemira pero no dirigió ninguna acusación formal contra su vecino. No obstante, el intercambio de declaraciones está enrareciendo las siempre difíciles relaciones entre los dos países. Anteayer el ministro de Exteriores paquistaní había sugerido que los atentados eran resultado de la disputa territorial por la región de Cachemira. Por eso, el ministro de Exteriores indio, Navtej Sarna, insistió en desmantelar la estructura terrorista, a lo que Pakistán responde que sólo ofrece a los insurgentes islamistas apoyo diplomático y moral Por si acaso, Islamabad refuerza las medidas de seguridad en el país, tanto para evitar atentados terroristas, como, según afirma, para evitar el paso de insurgentes hacia la Cachemira india. La Policía ha elaborado los retratos robot de tres posibles responsables de los ataques terroristas s la maldición del 11. En la escuálida mente de los fanáticos, el undécimo día del mes se ha vuelto una obsesión. Primero fue el 11- S y sus Torres Gemelas. Después el 11- M en Madrid. Ahora le ha tocado a Bombay, un trágico 11- J. Y en todos los casos, como el 7- J de Julio londinense o el 12- O de Bali, la motivación, los objetivos, los autores y el odio son similares. Lo que se busca es matar, a mansalva, para paralizar el alma de una sociedad aparentemente inerme frente al horror. En Bombay, los criminales colocaron buena parte de las bombas en vagones de primera, ALFONSO pero les daba igual la ROJO clase de los muertos y prueba de ello es que dos de los artefactos explotaron entre la multitud agolpada en los andenes. Era la hora punta, como en Madrid, aunque allí los inocentes salían del trabajo y retornaban a casa y aquí salían de casa e iban al trabajo. No es la primera vez que la capital comercial de la India sufre una carnicería. Como en ocasiones anteriores, la policía culpa a una facción doméstica del terrorismo islámico, vinculada a Cachemira y busca conexiones con Al Qaida. El rosario de condenas y de declaraciones es interminable, pero no es la hora de las condolencias, sino la de las preguntas. Y la principal, la más acuciante, es muy simple: ¿Qué hacer? Volverán a oírse, como se oyeron en Madrid, en Nueva York y en Londres o se escucha después de cada atentado en Rusia, Irak o Israel, que poco se puede hacer frente a unos alucinados decididos inmolarse. No estoy de acuerdo. Hace unos meses, al enterarme de que Mariam Farhat, madre de tres terroristas suicidas palestinos, había sido elegida diputada por Hamás y que su primera declaración consistió en animar a lo hermanos pequeños a seguir el ejemplo de los mayores, pensé en lo difícil que tiene que ser hacer la paz con alguien cuyo odio por el enemigo es mayor que el amor por sus hijos o que su aprecio por la propia vida. Las cosas no son sencillas, pero sólo hay dos actitudes. Una consiste en apretar los dientes, asumir el sufrimiento e ir a por ellos. Hasta el final. Si quieren irse con Alá, habrá que ayudarles a hacer el viaje. Mayor disposición colectiva al suicidio que tuvieron los japoneses durante la II Guerra Mundial es difícil de encontrar y al final, la férrea persistencia de los norteamericanos acabó por doblegarlos. La otra opción es el apaciguamiento, buscar componendas, dialogar y negociar soluciones sin vencedores ni vencidos. No se que pensarán ustedes, pero a me gusta más la solución que han encontrado los rusos al problema del checheno Basáyev: mandarlo al infierno.