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ABC JUEVES 13 7 2006 27 Solidaridad en la India entre las comunidades hindú y musulmana tras los sangrientos atentados de Bombay EE. UU. contrastará los datos de los pasajeros con sus ficheros de terrorismo antes de que embarquen Olmert: Lo sucedido no es un acto terrorista, es un acto de guerra entre estados soberanos do no es un acto terrorista, es un acto de guerra de un Estado soberano contra otro La respuesta militar israelí se presume muy, muy dura aunque contenida. Ayer fueron bombardeados en el Líbano, desde tierra, mar y aire, varios puentes- -alguno, a las puertas de Beirut y Sidón- carreteras y una central eléctrica. No serán los únicos objetivos, que podrían incluir campos de entrenamiento en las afueras de Damasco. Las lluvias de verano dejan otros 23 muertos en Gaza, 9 de la misma familia El Tsahal intentó matar al mayor terrorista de Hamás, Mohamed Deif b El movimiento fundamentalista islámico amenaza con una dura respuesta contra el corazón de Israel mientras se intensifica la operación militar hebrea J. CIERCO JERUSALÉN. Es imposible, por desgracia, bucear en la hemeroteca y no encontrar en el tiempo noticias ya contadas en el sempiterno conflicto entre israelíes y palestinos. Los muertos mueren varias veces; los heridos se fotocopian; las ofensivas militares se miran en el espejo del pasado; los atentados suicidas se reproducen; las amenazas se reiteran; las historias humanas, llenas de dramatismo, sufrimiento, dolor, angustia, muy pocas con cierta dosis de esperanza, se repiten. Ayer, también. Viajemos con la máquina del tiempo al año 2002. Entonces, un avión de combate israelí lanzó, de noche, una bomba de una tonelada contra un bloque de viviendas en el centro de la ciudad de Gaza para matar a uno de los principales jefes militares de las Brigadas de Ezedín al- Qassam, brazo armado de Hamás, de nombre Salah Shehadeh. La bomba alcanzó su objetivo. El edificio de varias plantas se vino abajo. Shehadeh y su mujer murieron en el ataque, pero también lo hicieron otras trece personas, entre ellas nueve niños. Las imágenes del rescate de los cadáveres de los pequeños dieron la vuelta al mundo. La condena internacional fue general. Ayer, lo dicho, más de lo mismo, pero cuatro años después. Un avión de combate israelí lanzó una bomba, de noche, contra un edificio de tres plantas en el centro de la ciudad de Gaza, en el barrio de Sheij Radwan. La Inteligencia militar israelí había recibido el chivatazo de que en su interior se encontraban varios jefes militares de Hamás, entre ellos el architerrorista y nú- Destrozar el Líbano La intención de Tel Aviv, según declaraciones de sus máximos responsables, es devolver al Líbano veinte años atrás cuando sus infraestructuras, víctimas de la guerra civil, no habían sido reconstruidas a costa de 10.000 millones de dólares. Para ello se ha movilizado a más de seis mil reservistas, que reforzarán a los soldados desplegados en Gaza y a las puertas, ya abiertas de par en par, del sur del Líbano. Sin embargo, el líder de Hizbolá, el jeque Hasán Nasrallah, advirtió a Olmert de que no logrará rescatar a los soldados secuestrados con acciones militares: Están en un lugar recóndito y seguro y apeló a negociaciones indirectas para canjearlos por prisioneros libaneses- -entre ellos Samir Kuntar- palestinos, árabes y musulmanes. No queremos condenar a la región a una guerra- -dijo sin ironía, aunque parezca mentira, Nasrallah- sino llamar la atención sobre el sufrimiento de los diez mil presos árabes en Israel y de sus familias, y sobre el asesinato impune de palestinos sin que la comunidad internacional lo denuncie Difícil, en cualquier caso, no incendiar la región con Gaza, Cisjordania, Israel, el Líbano, Siria e Irán mezclados y revueltos en un explosivo cóctel militar y terrorista, sin aceitunas diplomáticas ni políticas. Entierro en la ciudad de Gaza de los nueve miembros de la familia Abu SilmiaREUTERS mero uno en la lista de palestinos más buscados por Israel, Mohamed Deif. La bomba alcanzó su objetivo. El bloque de tres plantas se vino abajo. Según el Ejército israelí, Deif resultó herido. Según Hamás, no se encontraba allí. Su leyenda seguirá creciendo. Hamás, al menos su brazo armado de Ezedín al- Qassam, cada vez más tenso, cada vez más amenazador, cada vez más y mejor armado, advirtió a los inquietos oídos hebreos de que su respuesta a este ataque será dolorosa y alcanzará el corazón mismo del país. Más de lo mismo. No fueron los únicos muertos de una jornada pródiga en entierros y funerales. La ofensiva militar israelí llegó hasta el campo de refugiados de Deir al- Balah y se intensificó en otras zonas muy próximas a la ciudad de Gaza. En incidentes varios, ataques, bombardeos, asesinatos selectivos, se contaron a la postre otros 14 muertos, con un total de 23 y una cifra aproximada de 90 desde que comenzaron las Lluvias de verano israelíes hace más de dos semanas. Hoy o mañana, a poco que nos fijemos de nuevo en la hemeroteca, seguro que encontramos otra noticia hermana gemela de la que está ahora mismo a punto de producirse. Una familia que lo pierde todo Quienes sí estaban eran Abil Abu Silmia, profesor de escuela y miembro también de Hamás, su mujer y sus nueve hijos. Estaban porque vivían allí. Vivían. Ya no. Abu Silmia, su esposa y siete de sus hijos, de edades comprendidas entre 6 y 16 años, murieron en el bombardeo. Un avión de combate israelí lanzó de noche una bomba contra un edificio de tres plantas en el centro de la ciudad