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ABC MIÉRCOLES 12 7 2006 Premios Cavia 2006 15 Emilio de Ybarra, en el cóctel Antonio Garrigues Walker, Juan Carlos Guerra- Zunzunegui y Ricardo Díez- Hochleitner, durante la cena de entrega de los Cavia Leopoldo Calvo- Sotelo, ex presidente del Gobierno Los Príncipes de Panagyurishte, en la Casa de ABC Álvaro Ybarra, director de ABC Sevilla, conversa con Covadonga O Shea y Simoneta Gómez- Acebo nea, dejaron en todos nosotros un poso imperecedero. Hay quienes hablan de la muerte del cristianismo; pero el cristianismo ya ha muerto muchas veces y otras tantas ha resucitado, pues cuenta con un Dios que sabe cómo salir del sepulcro. Europa se ha derrumbado una y otra vez, sacrificada en el altar de las conmociones históricas; pero, a la postre, ha sido la fe cristiana la piedra angular sobre la que se ha cimentado su reconstrucción. La fe cristiana ha sobrevivido a las persecuciones más enconadas, desde la furia de Diocleciano a la atrocidad de los regímenes comunistas; ha sobrevivido no sólo a la guerra, sino también a la paz; ha sobrevivido a su propia debilidad y Ignacio Camacho, con el secretario general del PP, Ángel Acebes bre se le destierra de esa patria común, deja de ser criatura sagrada, irrepetible, capaz de acceder a la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo. Pero no pensemos que estos avisos de derrumbe prefiguran la muerte de la fe. Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán afirmó el Galileo. Y Chesterton, mi amado Chesterton, a quien no desespero de invocar algún día como San Gilberto, nos recuerda que la civilización de la antigüedad pasó, pero aquellas palabras permanecieron. El entero orden medieval se fue degradando a su vez y se pensó que las palabras del Galileo perecerían con él; pero éstas se abrieron camino a través del abismo radiante del Renacimiento. Se imaginó a la fe definitivamente marchita ante la seca luz de la Edad de la Razón; se la imaginó desaparecida ante el terremoto de la Revolución francesa. La ciencia pretendió obviarla, pero aún estaba allí. La historia la enterró en el pasado, pero Ella apareció repetida y obstinadamente en el futuro. Es de esperar que tarde o temprano esos renovados enemigos de la fe escarmienten ante las continuas decepciones de estar siempre aguardando infructuosamente su muerte y aprendan a esperar antes el apagón de las estrellas que la extinción de la fe. Y ABC estará ahí, no lo duden, para contarles esa espera, tan ridícula y estéril como la de Godot. hasta a su propio desistimiento. Y cuando parecía que se aproximaba su muerte, ha vuelto siempre a renacer. Triunfan hoy en Europa corrientes políticas y de pensamiento que pretenden negar o ningunear la herencia cristiana. En este intento de borrar la historia- -que no puede interpretarse sino como una expresión de ese frenesí autodestructivo que acomete a las organizaciones sociales en decadencia- la fe queda reducida a la intimidad y la vida pública se configura sobre la exaltación del agnosticismo. Náufraga en los lodazales relativistas, Europa ha olvidado que la patria del hombre- -según nos enseñase Maritain- -es el Absoluto; cuando al hom-