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ABC MIÉRCOLES 12 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA GUERRA DE HUMPTY DUMPTY A principal habilidad política de Zapatero, en la que hay que reconocerle consumada pericia, consiste en envolver los conceptos incómodos en una superestructura léxica, o semántica, que acolcha los significados entre capas de relatividad y los edulcora a la medida del discurso muelle y tranquilizador del pensamiento débil. La técnica del eufemismo alcanza así gran virtuosismo retórico: la autodeterminación se convierte en derecho a decidir la nación catalana es una realidad nacional el entorno terrorista se trueca en izquierda abertzale la negociación con ETA es un proceso de paz y hasta el rosario del Papa se vuelve, en manos de Sonsoles, un curioso collar de perlas con una cruz El viejo IGNACIO truco autoritario de CAMACHO Humpty Dumpty- las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen -endulzado con la sonrisa beatífica del talante y el buen rollito. Pero con el mismo trasfondo de poder que dejaba a Alicia atónita ante la explicitud diáfana del mensaje: quien manda, manda. Esto es, posee la facultad suprema de decidir lo que significan las cosas, y hasta sus propios nombres. En este contexto de almíbar político, que trata de pintar un mundo feliz sobre la terca realidad de conflictos y pasiones, las Fuerzas Armadas representan todo un desafío conceptual, porque su función propia es muy difícil de encajar en la melosa filosofía del flower power. Para contrarrestar la comprometida evidencia de la necesidad de un Ejército con sus deberes inherentes de disciplina y su fundamental capacidad para ejercer la violencia, la retórica oficial trabaja intensamente sobre la idea benefactora de una organización dedicada al mantenimiento de la paz, lo que aproxima la milicia a la aplaudida noción bienpensante de una suerte de oenegé con metralletas, naturalmente desprovistas de su enojosa carga de mortífera agresividad. Ocurre, sin embargo, que en ocasiones la realidad se niega a aceptar su reblandecido statu quo y se muestra con toda su crudeza desgarrada en el desagradable escenario de la muerte. Es lo que acaba de ocurrir en Afganistán, como hace un año con el helicóptero de Herat, planteándole al Gobierno la tesitura de admitir que mantiene tropas en una guerra imposible de disfrazar con melifluos retruécanos. De paso, el ataque mortal al convoy español recuerda a la ciudadanía que está siendo defendida por mercenarios- -lo siento, así se llaman- -suramericanos ante la falta de vocaciones para sostener un ejército profesional autóctono. Ambas evidencias resultan profundamente engorrosas para un Ejecutivo aficionado a las lecturas de conveniencia, que ha resuelto la papeleta negándole al soldadito peruano los funerales de Estado que su sacrificio merecía. Es decir, tratando de borrar la doble evidencia de que enviamos a militares extranjeros a participar bajo nuestra bandera en una guerra lejana. Demasiado cruel para el ansia infinita de paz de un Humpty Dumpty que podrá dominar el significado de las palabras, pero al que le brinca en las manos la elocuencia de las realidades. L EN AFGANISTÁN NO MURIÓ NADIE H ÁGANSE la siguiente ignaciana composición de lugar: el PP, con Rajoy de presidente, gobierna en España. Hay guerra en Afganistán. Y, con lo lejos que está Afganistán, España tiene allí tropas. Efectivamente. Efectivos se dice en el lenguaje de lo políticamente correcto. Suena menos militar. Así lo del Ejército, la fidelidad a la bandera y la defensa de la Patria se nota menos. Muy poco. Casi nada. Y por malas del demonio, cuando pasaba el vehículo de una patrulla de la Legión, con cinco novios de la muerte a bordo, los talibanes explosionan una mina anticarro. No en una acción bélica, ¿quién ha dicho eso? En una especie de fiesta de moros y cristianos, donde nuestra fiel Infantería emplea su ardor guerrero en hacer vibrar sus voces para pregonar: ¡Los chicles y los caramelos, los reparto! ¿Quién quiere pañales para los niños, al rico pañal? La letal explosión de esa mina, por suANTONIO puesto, no ocurre en combate. Como BURGOS las tropas españolas no llevan más armas que las chocolatinas, y el blindado que ocupan es una carroza simpaticona, como las del desfile del Orgullo Gay, trátase obviamente de un atentado no ataque enemigo. El triste caso es que muere un soldado español de origen peruano: Jorge Arnaldo Hernández. Cuya muerte de héroe fallecido en combate frente al enemigo, con el distintivo rojo que se le niega (como suele ocurrir en estos casos) nos reconcilia con el respetado nombre de Arnaldo. ¡Vamos, lo mismito este heroico Arnaldo Hernández dando la vida por España, que ese otro Arnaldo, Arnaldo Otegui, causando tanta muerte para que desaparezca España! Y sigan con la ignaciana composición de lugar, sin dejar de recordar en la parcial ucronía que todos estos hechos y sus explicaciones oficiales ocurren con el PP en el poder. Y háganse conmigo la siguiente pregunta: ¿dónde llegarían en tal caso las protestas con- tra un Gobierno que lleva a los soldados españoles a morir en una guerra que ni nos va ni nos viene? ¿Hasta dónde, hasta Pamplona o hasta Tenerife, se oirían los gritos de los afiliados al PER de la cultura, de los perceptores de subvenciones del cine y del teatro, encabezados por Pilar Bardem, con el acompañamiento de Almodóvar, Ana Belén, Víctor Manuel et alii consuetudinis, todos ellos con su pecho estampillado con el detente del No a la guerra ¿No están oyendo el coro de los progres tertulianos del pesebre, pidiendo la inmediata retirada de nuestras tropas? ¿Y no el discurso de Rubalcaba, Pepiño Blanco, el otro y el de la moto, diciendo que España no se merece un Gobierno que le mienta, y que presente como atentado una acción bélica con resultado de muerte de uno de nuestros soldados? Pues dejen de hacer la ignaciana composición de lugar y de pensar en las musarañas de la ucronía. porque nada de esto ocurre. Por el supremo principio de que como los que gobiernan son los nuestros, los progresistas, los que han logrado cercar a los fachas y van a traer la paz que quiere la ciudadanía (y el ciudadanío) pues, como siempre, No Nada. Los del No a la Guerra de Belinda. Bueno, sí pasa: que Zapatero va a misa en la BRIPAC. Las misas del arzobispo castrense, por lo visto, son laicas. Como las misas por los muertos del Metro de Valencia. A ellas sí es progre ir. Y no como cuando las dice el Papa, que está hecho un Ratzinger de mucho cuidado. España, como bien saben, ha ganado el premio al Juego Limpio en el Mundial. La selección de fútbol, se entiende. Porque de juego limpio en España hay cero cartón. Ni con la memoria de aquella nación en silencio, hoy hace años, cuando sin renunciar a la ley, sin claudicar, sin rendirnos, esperábamos sobrecogidos que sonara el tiro en la nuca de Miguel Ángel Blanco. El juego limpio del Gobierno aquí es, aproximadamente, como el cabezazo de Zidane contra el pecho de Materazzi. Llamo Materazzi a diez millones de españoles, a la Constitución y al Estado de Derecho.