Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión MIÉRCOLES 12 7 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil 11- J, AHORA LA INDIA A lista de ciudades atacadas mediante atentados terroristas que causan gran número de víctimas se ha ampliado con el que ayer sacudió a la capital económica de la India, Bombay, donde fueron asesinadas decenas de personas y centenares resultaron heridas. En efecto, esta onda de dimensiones planetarias- -cuyo comienzo se fijó en el ataque al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001- -sigue su siniestro discurrir a través de los continentes, como un tsunami que desgraciadamente un día también pasó por Madrid y por Londres. Es posible que los autores hayan copiado el modus operandi de aquellos atentados contra objetivos de la red de transporte público, aunque esta circunstancia no pruebe que se trate de autores de la misma cuerda. La ausencia de reivindicación no puede ser tampoco un argumento para descartar o confirmar tal o cual teoría. Si en este caso los indicios apuntan hacia ramificaciones del conflicto con los musulmanes de la región de Cachemira, ello tampoco convertiría este ataque criminal en un asunto puramente local: el terrorismo es un crimen que desafía a la sociedad universal, a la civilización en su conjunto, y, como se demuestra en este luctuoso caso de Bombay, es inútil buscar razones políticas, geográficas o religiosas para intentar explicar lo que son crímenes contra la Humanidad. En Bagdad, en Kabul, o más recientemente en las cercanías de la ciudad afgana de Farah, donde murió un soldado español, el terrorismo es siempre una expresión puramente criminal y debe ser condenado sin restricciones. En este caso, el Gobierno hindú ha apuntado, con sus propias informaciones, a grupos de militantes extremistas musulmanes instalados en el vecino Pakistán, y por ello hay que hacer un llamamiento expreso a la moderación en cualquier decisión que pudieran tomar en este momento las autoridades, creyéndose legitimadas por el dolor de la herida recibida. La India y Pakistán son potencias nucleares cuyas relaciones estaban siendo laboriosamente restauradas con ingentes esfuerzos por parte de la comunidad internacional, y no se puede dejar que sean los criminales quienes cambien el rumbo político de una potencia regional como la India, de la que se debe esperar un comportamiento responsable. La India es una sociedad en franco camino de progreso, cuyas transformaciones están empezando a tener efecto en la mejora de las condiciones de su población, ligadas a una evolución económica muy prometedora ¿Cuáles serían las razones con las que los criminales explicarían en este contexto histórico un castigo semejante a sus ciudadanos? El terrorismo no nace de la pobreza, como han dicho algunos de los que intentan justificarlo, sino que se caracteriza precisamente por impedir la creación de riqueza y de bienestar en las sociedades donde actúa. L LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD H AN transcurrido ya varios meses desde que el conductor de un programa de radio de una cadena nacional iniciara una cada vez más insistente campaña de graves insultos y descalificaciones personales y empresariales contra el diario ABC y Vocento. El citado locutor incluso ha pedido que los oyentes de su programa que sean suscriptores o lectores de nuestro periódico dejen de serlo, llegando al extremo de decir en antena los teléfonos del departamento de suscripciones para darse de baja. Un comportamiento así, que en algún ámbito, como el de la publicidad, está absolutamente prohibido, supera con mucho los límites de la libertad de expresión y carece de precedentes en la historia reciente de la comunicación en España, pese a que en ésta no han faltado enfrentamientos entre grupos empresariales de prensa y periodistas atrincherados en sus columnas. Pero nunca se ha llegado a un extremo tal, ni en el grado de los insultos, ni en la duración de la campaña ni en la insistencia. Ésta es la razón de que el Grupo Vocento, al que pertenece el diario ABC, y la propia sociedad editora del periódico presentaran una demanda ante la jurisdicción mercantil en defensa de sus intereses. En ella solicitaban, entre otras cosas, la adopción de medidas cautelares que pusieran fin a lo que los demandantes consideran actos dolosos de competencia desleal y denigración. El pasado 30 de junio, el titular del Juzgado número 5 de lo Mercantil de Madrid dictó un auto en el que acepta en lo sustancial las medidas cautelares solicitadas y en consecuencia ordena a los demandados que se abstengan de manera provisional de utilizar una serie de expresiones denigratorias que habían sido comunes en sus intervenciones y que el propio juez enumera con detalle. En este punto del contencioso, ha irrumpido en escena el diario El Mundo que el pasado viernes incluía en sus páginas una nota editorial en la que considera que la adopción de las citadas medidas cautelares es una inaceptable censura por lo mercantil Es, sin duda, una actitud sorprendente la de este diario, y ello por varias razones. La primera, que El Mundo ha asistido impávido a los ataques continuos, los insultos desaforados y las condenables prácticas de competencia desleal dirigidos contra ABC. Al parecer, a El Mundo no le parece que ello suponga un quebrantamiento no ya del fair play que debe regir las relaciones entre empresas, sino de los límites que la libertad de expresión debe tener precisamente para evitar que en su nombre se causen daños irreparables. Decía El Mundo en su nota que le resulta difícil comprender por qué Vocento y ABC han elegido la vía mercantil para su demanda. Dejando a un lado que se arroga un papel de asesor jurídico que nadie le ha pedido, no parece que la elección haya sido mala, ni por la naturaleza de la demanda interpuesta ni por la primera decisión judicial obtenida a partir de la misma. Pero es que, además, resulta por lo menos llamativo que, a partir de esa decisión judicial que ha supuesto la aceptación de la mayor parte de las medidas cautelares solicitadas, El Mundo aparezca en escena investido de adalid de la libertad de expresión y criticando al órgano judicial competente por su auto. Por lo visto, para el colega madrileño no asiste a ABC derecho alguno: ni a la salvaguarda de su imagen ni a su prestigio profesional e informativo. Sobre eso no tiene nada que decir El Mundo preocupado tan sólo por el hecho de que un periodista no pueda insultar cada mañana a ABC. Con todo, quizá lo más sorprendente no sea nada de lo anterior. Lo más sorprendente en todo este desagradable episodio es que ahora mantengan esta postura contraria a las medidas cautelares descritas un periódico y un director que, no hace tanto tiempo, las han solicitado cuando se vieron víctimas de ataques injustificados, algunos de ellos de carácter muy personal. Entonces, periódico y director encontraron el apoyo generalizado de sus colegas, incluido ABC, porque éstos consideraban que esos ataques no podían entenderse como amparados por la libertad de expresión. MADRID, SUEÑO OLÍMPICO ADRID vuelve con fuerza a la carrera olímpica. Después de haber competido hasta el último minuto con Londres y con París, la capital de España está en condiciones de disputar con éxito a cualquier otra ciudad del mundo la designación para acoger los Juegos de 2016. Es una apuesta atrevida, pero, a la vez, muy buena decisión, porque la base anterior continúa siendo válida, sigue vigente el apoyo de las instituciones y los ciudadanos y, en definitiva, Madrid mantiene la ilusión indispensable para una tarea larga y compleja. La fundación Madrid 2016 se pondrá en marcha este mismo mes y en septiembre está prevista la constitución de la Oficina Olímpica. Tanto el alcalde Ruiz Gallardón- -de nuevo máximo impulsor de la candidatura- -como la presidenta regional, Esperanza Aguirre, han expresado ya, al igual que la oposición, el apoyo político a Madrid 2016. El entusiasmo de los ciudadanos está garantizado si se trabaja con seriedad y se involucra en el proyecto a la gente de la calle, como ya ocurrió en la experiencia anterior. Madrid es una ciudad moderna, abierta y en pleno M desarrollo social y económico, que cuenta con un transporte público y unas infraestructuras de alto nivel. Por su dinámica empresarial y por la eficacia en la gestión de las administraciones públicas en los últimos años, está situada a la cabeza de España y de buena parte de Europa en índices de crecimiento y en capacidad para integrar a gentes de muy distinto origen y condición. Conviene reforzar los puntos débiles de la candidatura presentada hace hoy un año en Singapur, entre ellos la oferta hotelera y la promoción internacional, en particular entre los miembros del Comité Olímpico Internacional con derecho a voto. La rotación entre continentes (que perjudicaría a la ciudad, por celebrarse en Londres los Juegos de 2012) no debe ser un obstáculo insalvable, porque no es una norma rígida sino una tradición que puede ser alterada si lo aconsejan las circunstancias. Seguro que Madrid va a ofrecer su mejor versión, ahora corregida y aumentada, para organizar en 2016 los segundos Juegos Olímpicos en la historia de España, después del éxito de Barcelona 92.