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ABC MARTES 11 7 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC VIVIR EN EL LIMBO En ese limbo legal de Guantánamo acaba de suceder que el chófer de Bin Laden, con un equipo de abogados proporcionado por la Administración norteamericana, ha derrotado al propio presidente Bush. Limbos así desearía cualquiera, incluso en la Justicia española... C UENTA el Príncipe Michael de Liechtenstein a sus amigos que en el año 2003 fue llamado por la directora del colegio de su hija menor. Anunció la maestra a este primo del Soberano de Liechtenstein que tenía que tratar con él serios problemas relativos a la educación de la niña. El Príncipe Michael se apresuró a acudir al colegio, temeroso de lo que se iba a encontrar: desde una travesura más o menos sonada hasta algún consumo ilícito, se temía cualquier cosa que se le hubiera escapado en la educación de una hija que hasta entonces no había dado a sus padres más que motivos de orgullo. La directora le dio la noticia: su hija se había negado a participar en una manifestación organizada por profesores y alumnos contra el presidente George Bush. Ése era el serio problema Vivimos en un tiempo en el que fuera de Estados Unidos no se permite defender la política del presidente norteamericano ni a una Princesa de Liechtenstein en Liechtenstein- -que es como decir en el jardín de su casa. El antiamericanismo en Europa ha entrado en derroteros muy extremos y quienes lo fomentan- -incluso proclamando su amor a la gran nación americana- -creen haber encontrado una sólida base argumental con el campo de detención de la bahía de Guantánamo. ¿Cuántas veces hemos oído decir en los últimos años, a políticos de todas las tendencias, que Guantánamo es un limbo legal Pues en ese limbo acaba de suceder que el chófer de Bin Laden, Salim Ahmed Hamdan, con un equipo de abogados proporcionado por la Administración norteamericana, ha derrotado al denostado secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y con él al propio presidente Bush. Limbos así desearía cualquiera, incluso en la Justicia española. Y lo que es más importante, ninguno de los ocho jueces cuestionó el derecho de la Administración a mantener detenidos a Hamdan y a todos los prisioneros de Guantánamo mientras dure la guerra; ni siquiera sugirió que éstos merezcan el trato de prisioneros civiles y un pronto juicio en los tribunales civiles. Y es en este aspecto en el que la sentencia del caso Hamdan vs. Rumsfeld supone una severa derrota de quienes han hecho campaña contra esta política de la Administración Bush. Esta sentencia reafirma que no hay ningún limbo legal y conforma la arquitectura legal sobre la que la Administración Bush proseguirá su lucha contra el terrorismo junto con la sentencia emitida también por el Supremo en 2004 en el caso Hamdi vs. Rumsfeld, en la que se reconocía el derecho del Gobierno a capturar y detener sin cargos o juicio a miembros de Al Qaida y de sus grupos asociados hasta el final de las hostilidades. Porque de lo que aquí se trataba era de dar una salida legal a los detenidos. Y mientras no consiga encajarse plenamente esa vía judicial ante tribunales militares, los casi 490 presos que siguen en Guantánamo correrán la misma suerte que todos los prisioneros de guerra desde hace siglos: permanecerán encerrados hasta el final del conflicto. ya convertido en el símbolo máximo de la violación de los derechos humanos debería ser motivo de reflexión. Ya es casi imposible corregir esa imagen que se ha asociado a Guantánamo. Es inútil que lo visite la presidenta del Senado belga, la socialista Anne- Marie Lizin, y declare que no ve razones para su cierre. O que una delegación de la OSCE regrese de Guantánamo diciendo que en cuanto a las instalaciones, es una prisión modelo, donde los internos son mucho mejor tratados que en las cárceles belgas Esa verdad ya no interesa. Ni que Estados Unidos esté poniendo en libertad a presos que no tienen adónde ir y que acaban en prisiones de condiciones mucho más penosas. Como es el caso de los quince uigures que corrían el peligro de ser fusilados si eran devueltos a China, así que han acabado en una cárcel albanesa porque nadie los quería cuando Washington ordenó su salida de Guantánamo. ¿De verdad cree alguien que las condiciones de salubridad de la prisión albanesa en que se pudren ahora los uigures son mejores que las de Guantánamo? Q P or ahora, y siguiendo con la doctrina de la nueva sentencia, lo que la Administración Bush deberá hacer si quiere canalizar esos presos hacia otros destinos es ajustar estos tribunales a los procedimientos que se siguen las cortes marciales ordinarias. Con esa base, el caso Hamdan da a la Administración Bush un sustento legal sobre el que definir el futuro del campo de detención de Guantánamo. El que ese enclave norteamericano se ha- a decisión anunciada el 29 de junio por el Tribunal Supremo, por la que se invalida por ahora el uso de los tribunales militares para procesar a los prisioneros de Al Qaida y otros adláteres- military comissions como las que emplearon George Washington, Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt- es un revés al presidente Bush, mas está lejos de ser la derrota que se ha presentado en algunos medios de comunicación. En primer lugar, porque los ocho jueces que participaron en la decisión acordaron unánimemente que ese tipo de military comissions es parte legítima de la tradición legal norteamericana y puede, en determinadas circunstancias, ser empleado para juzgar y castigar a individuos capturados en la guerra contra el terrorismo. En segundo lugar, lo decidido por el Supremo afecta a diez de los casi quinientos prisioneros detenidos allí. Y tercero, no hay en la sentencia nada que indique que Guantánamo deba ser cerrado por razones legales. Otra reflexión merecerían las razones de imagen, que pesan tanto o más. L uienes tanto han criticado a Estados Unidos por la existencia de Guantánamo saben bien que el problema no es ni el supuesto limbo jurídico de los allí detenidos, algo que está claro que era una falacia, ni las pobres condiciones de vida en la prisión. El problema es si Estados Unidos seguirá tratando a los hombres de Al Qaida y sus aliados como combatientes enemigos en una guerra que los norteamericanos tienen la intención de ganar para así finiquitar la amenaza que pende sobre Occidente, o si, por el contrario, los europeos acabaremos por convencer a los norteamericanos de que esta amenaza será permanente y por lo tanto es mejor que se acostumbren a vivir con ella y con los terroristas dictándonos nuestra forma de vida. Eso es lo que nos habituamos a hacer durante las décadas de 1970 y 1980. Y como hemos visto en los atentados del 7- J en Londres, no se trata sólo de terroristas venidos de tierras lejanas. Los islamistas están, cada vez más, entre nosotros. Y tienen nuestra nacionalidad. Para esos terroristas, ver cómo grupos terroristas de carácter nacionalista, cual es el caso de ETA, se sientan en igualdad de condiciones con el Gobierno de España a la mesa de la negociación es un gran aliciente. Si los occidentales decidimos no librar una guerra con todos los medios disponibles y optamos por una guerra prolongada con un número de bajas aceptable, y a eso añadimos que estamos dispuestos a sentarnos a negociar con grupos terroristas, como ETA, el mensaje que recibirán los terroristas es que Europa es la tierra de promisión. RAMÓN PÉREZ- MAURA