Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
46 Madrid LUNES 10 7 2006 ABC Droga y mendigos en el Centro, pese a la fuerte presencia policial El paso subterráneo de plaza de España, refugio de inmigrantes y toxicómanos b Consolación, una anciana de 73 años, totalmente vestida de negro, es habitual pidiendo limosna en las calles de Carmen y Preciados, desde Sol a Callao MARÍA ISABEL SERRANO MADRID. Hay menos. Pero hay. El despliegue policial- -tanto de agentes de Policía Nacional como de Policía Municipal- -se nota a la legua por todo el centro de la capital. Con todo y con eso, siguen existiendo las esquinas cotizadísimas por los mendigos para su recaudación diaria, los bancos- cama para jóvenes toxicómanos, las puertas de iglesias que son el puesto de trabajo habitual de ciertos indigentes y, también, los pasos peatonales- -como el que se encuentra bajo los jardines de la plaza de España- -donde establecen su domicilio a modo de comuna, drogadictos, inmigrantes y alcohólicos. zas sin parar. No se dejan ningún rincón. Es lógico, por ello, una mayor limpieza de colchones tirados en el suelo, de restos de botellas, de desperdicios y de restos de comida esparcidos por la vía pública. Sin comentarios Sin embargo, en plena Carrera de San Jerónimo nos topamos con la primera mujer que pide limosna. Parece de algún país de Europa del Este. Está sentada en la acera. Viste falda larga y blusa estampadas. Las chanclas dejan al descubierto unos pies sucios. En la cabeza, un pañuelo que, en su día, debió de ser de color blanco. No quiere conversación. Le molesta cualquier pregunta y esconde, como puede, ese vaso de plástico blanco con el que está pidiendo. A media mañana, lo tiene medio lleno de monedas pequeñas; de un euro adivinamos muy pocas. En la calle de Preciados, a pocos metros de la Puerta del Sol, encontramos a Consolación. Así dice llamarse una anciana, vestida de negro de pies a cabeza, que se apoya en un bastón rematado por metros de esparadrapo color miga de pan. Nos da palique porque, previamente, hemos dejado algo de dinero en su cuenco. Lleva una bandeja llenita de cajas de medicamentos: Nolotil, Motilium, Gelocatil... Es que tengo muchos dolores. Son pastillas que me receta el médico pero mi pensión es muy cortita y no me da para casi nada nos cuenta. Tampoco sabe muy bien los años que tiene. Calcula que unos 73. No me dejan tranquila -A su edad, y con este calor, ¿no tiene otro medio de vida? le preguntamos. Cuando me canso, me voy a una esquina, de sombra, y ahí descanso un ratito. Eso me dura mientras no me ven los policías, que me tienen muy controlada y, a veces, no me deian andar tranquila por aquí responde la anciana. Consolación relata que no tiene más remedio que pedir. Estoy enferma y soy viuda. Vivo con una hija, viuda también. He visto cómo se me han muerto tres hijos, de mala manera De su hombro cuelga un cartelón que reza: Por amor de Dios. Tengan caridad con la abuela, que esta henferma del corazón y hepatitis. Gracias. Dios les de salud En ese momento, pasan junto a ella Mayor limpieza Estamos ante otra de las rutas de la exclusión social. Madrid tiene muchas. El centro- -la almendra, que dicen los técnicos- está plagada. La vigilancia policial, insistimos, se ha hecho mucho más visible. Hay coches patrulla cada dos pasos. Están, aparcados y paraditos, en la calle de Preciados, en Callao, en la calle del Carmen, en la plaza de España... Los agentes, cumpliendo su misión, patrullan palmo a palmo calles y pla- No tengo más remedio que pedir. Soy viuda, estoy mala y he visto morirse a tres hijos de mala manera No puedo trabajar. Estoy enfermo se lamenta un portugués que mendiga en la plaza del Callao unos gamberretes que hacen el ademán de echarle unas monedas. La anciana se enfada mucho; tanto, que levanta su bastón con gesto de querer pegar a los jóvenes. Ella no puede, lógicamente, seguirles en la carrera que han emprendido. Ahí dejamos a Consolación, con sus monedas, su bastón, sus cajas de medi-